Marcando la cancha

La UCR mostró en La Plata su musculatura política y, a la vez, frente a las internas en el PRO, proyectó una imagen de unidad y cohesión interna

Convención nacional de la UCR (Gustavo Gavotti)
Convención nacional de la UCR (Gustavo Gavotti)

Una semana que se abrió con nuevos y recurrentes escarceos, desavenencias internas y tensiones entre los socios de la principal coalición opositora, se cerró con un gesto de inocultable valor simbólico que tuvo como protagonista al partido más antiguo de los que integran Juntos por el Cambio, y que podría condicionar o acelerar los tiempos de definiciones de cara al proceso electoral del año próximo.

Los principales protagonistas de las inocultables diferencias internas dentro del espacio fueron esta semana el jefe de Gobierno porteño y el ex presidente. No es novedad alguna que la reaparición de Macri, sus actitudes inconsultas y sus coqueteos con posibles planes electorales de cara a 2023, caen muy mal en las filas larretistas. Las tensiones afloraron una vez más el pasado miércoles: mientras en un raid mediático Rodríguez Larreta rompía el silencio y finalmente ratificaba su candidatura, adelantaba algunas posturas sobre temas de agenda, y advertía que su decisión no dependerá de lo que haga el ex primer mandatario, Macri avisaba desde un conocido canal de noticias que “no tenía miedo de ir a internas”. Por las dudas, Patricia Bullrich también avisaba en otra entrevista televisiva que sigue adelante con su proyecto presidencial.

El PRO sigue así cada vez más enroscado en este ménage á trois en torno a la candidatura presidencial y -en definitiva- el liderazgo, que no hace más que debilitar al partido frente a sus socios internos. La aritmética es simple: si no hubiese acuerdo entre los tres aspirantes a la candidatura presidencial, y el PRO presentara más de una oferta electoral en una hipotética PASO, la fragmentación sería funcional al radicalismo.

Tampoco faltaron las habituales diferencias en torno a la ascendente figura de Javier Milei, que mientras siga concitando la atención mediática y consolidando su imagen rupturista, seguirá siendo un factor de inestabilidad y desequilibrio entre los socios de la coalición. Como novedad en este plano, causaron revuelo las declaraciones de la referente de la Coalición Cívica, Paula Oliveto, respecto a un posible acercamiento al sector libertario que lidera José Luis Espert. Por último, las tensiones también afloraron en la Legislatura bonaerense. Después del portazo de Néstor Grindetti, quien abandonó la mesa provincial del PRO, el senador Joaquín De la Torre renunció a la vicepresidencia segunda de la Cámara alta de la provincia, con abiertas críticas al acuerdo del espacio que le permitió al gobernador Kicillof nombrar a un hombre de su riñón como titular del estratégico Tribunal de Cuentas.

Como contracara de este verdadero aquelarre, donde permanentemente se avivan las hogueras de las vanidades y se invocan espíritus que acrecientan las diferencias de la coalición opositora, el radicalismo fue protagonista de una fuerte jugada diferenciadora que lo ubica en una posición de fuerza de cara al proceso de definición de candidaturas.

En una postal que no sólo buscó proyectar una imagen de unidad, sino también de fuerza y vocación de poder, la UCR tuvo finalmente su Convención Nacional, en donde los máximos dirigentes del centenario partido ratificaron su pertenencia a Juntos por el Cambio, marcaron los límites de las potenciales alianzas y anunciaron que trabajarán “para tener un presidente y un jefe de gobierno radical”. En el encuentro, realizado en el Teatro Podestá de La Plata, no faltaron obviamente las críticas al gobierno del Frente de Todos, pero abundaron también los mensajes hacia adentro de la coalición opositora.

Lo que a priori era un trámite institucional para cumplir con la renovación de autoridades según lo establecido en la Carta Orgánica partidaria, se convirtió así en una demostración de unidad y de fuerza, que exorciza los fantasmas de una ruptura promovida por el partido fundado por Leandro N. Alem.

En una Convención Nacional atípica tanto por la ausencia de desacuerdos internos como por los consensos en relación a marcar límites nítidos a sus socios, los radicales eligieron a Gastón Manes como cabeza de un órgano clave en la dinámica del partido, ya que se encarga no sólo de definir la estrategia electoral y las políticas de alianzas, sino también de proclamar la fórmula presidencial.

Tanto en los discursos como en el documento consensuado, titulado “Unidad por la Esperanza”, los radicales insistieron en que “son tiempos de presidencialismo de coalición y la unidad de propósito hoy es mantener unidad y mejorar Juntos por el Cambio”, despejando cualquier duda en relación a actitudes rupturistas. En otro tramo del texto, les pidieron a sus socios “aprender del pasado”, respetar las reglas de funcionamiento interno y “subordinar las pasiones y las ambiciones al logro del objetivo común: sacar al país de la espiral de la decadencia”.

En ese sentido, reclamaron “fortalecer” la coalición, “para hacerla todavía más amplia” con miras a las elecciones presidenciales de 2023. Y, en este plano, si bien se cuidaron de no mencionar a Javier Milei, los radicales aprovecharon para marcarle la cancha a sus socios del PRO al sostener -en el documento aprobado- que sus “adversarios son los populismos de izquierda y de derecha”, y que el partido “no abrazará las políticas neoliberales”. Por si hacía falta ser más explícito, el gobernador y jefe del radicalismo Gerardo Morales, alertó sobre los riesgos de “tomar el atajo de la anti-política” y, en una evidente crítica a Mauricio Macri, cuestionó a quienes comparten los planteos de Milei, ya sea por convicción o mera especulación electoral.

Así las cosas, la UCR mostró en La Plata su musculatura política y, a la vez, frente a las internas en el PRO, proyectó una imagen de unidad y cohesión interna, pese a que las diferencias entre distintas tendencias del partido lógicamente persisten. Sin embargo, los máximos dirigentes del centenario partido lograron que se impusieran la racionalidad y el pragmatismo, dejando de lado por un momento las ambiciones y proyectos personales, en la búsqueda de un objetivo político mucho más rentable de cara al mediano plazo: disputarle al PRO el liderazgo opositor y, ante todo, tallar fuerte en la discusión sobre la identidad del espacio y el programa de gobierno que presentará el espacio para recuperar el poder en 2023.

SEGUIR LEYENDO:

TE PUEDE INTERESAR