CELAC: una convocatoria exitosa

El organismo representa un serio intento para la confluencia de los países latinoamericanos y caribeños más allá de la presencia de países no-democráticos que forman parte del realismo mágico regional

Cumbre de CELAC en Buenos Aires
Cumbre de CELAC en Buenos Aires

La convocatoria de los cancilleres de los 33 países miembros de la CELAC en Buenos Aires constituyó un importante reconocimiento a la labor diplomática de la Cancillería. La reunión permitió concretar el traspaso de la Presidencia Pro-Tempore que había quedado trunca en la Cumbre de México por la oposición de Nicaragua, y lograr el apoyo de la región a las negociaciones con el FMI. La Argentina tuvo en estos meses gestos de acercamiento con el Gobierno de Daniel Ortega para obtener el levantamiento del veto y superar el entredicho suscitado en México entre el Canciller Denis Ronaldo Moncada y el Subsecretario Juan Valle Raleigh.

El Canciller de México, Marcelo Ebrard, destacó los esfuerzos de su país para mantener la vigencia de la CELAC durante los dos últimos años. En ese sentido destacó la producción de vacunas en la región, la coordinación de los organismos regulatorios de medicamentos, la donación de 2 millones de dólares al Fondo del Cambio Climático, el emprendimiento de la Agencia del Espacio y el inventario de 35 patentes de la región. La Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena, ofreció el asesoramiento del organismo para las iniciativas de la CELAC con el fin de justificar su existencia después de largos períodos de dedicarse solo a la actividad editorial.

La Argentina recibió el apoyo de los miembros al Plan de Acción de 15 puntos que incluyen una variedad de temas desde recuperación económica, tecnología e innovación, seguridad alimentaria, situación de las mujeres, integración de infraestructura, cooperación ambiental, cultura y diálogo con socios extrarregionales. La integración económica y comercial no figura en la agenda a pesar del énfasis de muchas delegaciones sobre la importancia de facilitar las inversiones, el comercio y el encadenamiento de cadenas de valor regionales como una forma concreta de aumentar la inversión, el empleo y la vinculación de las pequeñas y medianas empresas.

No resulta fácil de entender después de los reiterados llamados a la integración la resistencia para avanzar en la concreción de un mercado común latinoamericano. Las iniciativas para los diversos temas incluidos en el Plan de Acción convocarán a reuniones periódicas de expertos cuyas propuestas difícilmente sean un aporte para aliviar la declamada pobreza y mejorar la distribución del ingreso. La CELAC todavía no incorporó a los organismos de integración como Alianza del Pacífico, MERCOSUR, CARICOM, ALADI, INTAL y ALBA para diagramar una agenda que contemple la facilitación, el desmantelamiento de las barreras y la homogeneización de las legislaciones comerciales. Esta es una tarea ardua, lenta y de escasos réditos pero inevitable si se quiere dar contenido real al organismo.

El discurso sobre el “continente más desigual” encubre el principal problema de América Latina. La falta de inversión y crecimiento han provocado el deterioro de los índices sociales en la última década después de un continuo proceso de mejoras. La misma afirmación es dudosa cuando se efectúan las comparaciones con Asia y África caracterizadas por su diversidad pero es útil con fines políticos al eludir la discusión sobre las políticas para generar inversión y captar capitales externos ante la falta de ahorro regional. Las 35 patentes detectadas por México son un ejemplo de la falta de perspectiva de la región.

La mención al diálogo con socios extrarregionales pareciera alcanzar solo a China y Unión Europea excluyendo a los Estados Unidos y Canadá sometidos a fuertes críticas por algunos miembros. En ese sentido, la Delegación de Colombia recordó que mientras México recurre a un discurso antagónico forma parte del TMEC a lo cual se podría agregar la política intencional del Presidente López Obrador de promover la emigración de sus ciudadanos a los Estados Unidos como herramienta para mejorar los índices de pobreza.

La CELAC representa un serio intento para la confluencia de los países latinoamericanos y caribeños más allá de la presencia de países no-democráticos que forman parte del realismo mágico latinoamericano. Pero debe mostrar aún capacidad y flexibilidad de constituirse en una alternativa para implementar políticas de integración y crecimiento y desterrar los intentos de convertirla en un foro político como surge de varios de los pronunciamientos escuchados durante la reunión. Todavía tiene que demostrar que si bien no está contra nadie tampoco está para proteger a algunos.

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