Representados ausentes

Los dos debates de la nueva Cámara de Diputados reflejan un mal comienzo

Sesión especial diputados para modificar el Impuesto a los Bienes Personales (Nicolás Stulberg)
Sesión especial diputados para modificar el Impuesto a los Bienes Personales (Nicolás Stulberg)

Cuando aún no se habían apagado las celebraciones en el ancho campo de la oposición, abierta o silenciosa, por el triunfo legislativo por sobre el oficialismo, cuando lograron rechazar el proyecto de Presupuesto 2022, quiso la suerte y la taba en el aire, que los vicios de la cigarra –común entre “ganadores”– lograran una derrota inesperada.

Derrota por ausencia o falta de trabajo: cigarra.

Un proyecto aprobado por unanimidad en el Senado estaba destinado a recuperar imagen K en sectores de clase media tributariamente castigados por el FdT. Juntos por el Cambio, nuevo Parlamento, apuró el tratamiento de esa media sanción dando por descontado que la moneda caería del mismo lado. Error.

Hacer política no es “un trabajo” o “un empleo”, es un compromiso con los ciudadanos que los votaron para que los representen

Por apenas un voto, el kirchnerismo ganó gran parte de lo que había perdido en el rechazo del Presupuesto. Si dos legisladores de JxC no hubieran viajado el resultado hubiera sido inverso.

Y además la oposición habría consolidado la vigencia de los argumentos que los llevaron a rechazar el retorno del Presupuesto a Comisión.

Reacción demasiado caliente como respuesta a un discurso impropio de alguien demasiado previsible. Alguien que no puede causar sorpresa no debe generar tanta indignación.

El rechazo del Presupuesto –por otra parte, plagado de errores– fue mejor que su aprobación si hubieran sido sólo esas dos las alternativas. No fue tan así.

Pero volvamos al segundo round: bienes personales.

Triunfos o derrotas, lo fueron sin conversación, sin debate, sin números y consecuencias, puestos sobre la mesa. A las apuradas

Una novel diputada opositora juró y viajó a Miami. Un destino difícil de justificar por algo trascendente. Y, aunque así fuera, nadie que se ofrece para un trabajo pide vacaciones a la semana de ingresar y con ningún argumento posible salvo la incapacidad de estar presente por cuestiones físicas o mentales.

La otra ausencia fue la de un experimentado legislador que viajó a Alemania por motivos de reencuentro familiar que, como es obvio, tenía los meses de verano para lograrlo. La conciencia de cada uno manda en este y en todos los casos.

Pero con esas licencias, en una paridad como la que se tiene, es muy difícil hacer política.

Hacer política no es “un trabajo” o “un empleo”, es un compromiso con los ciudadanos que los votaron para que los representen. Y en ausencia del representante, los representados están ausentes. Y es lo que pasó. La semana de estreno.

El Presupuesto es la ley que organiza un año de la vida económica de la sociedad. No es sólo el cálculo de ingresos y recursos o las asignaciones de gasto.

Una gran lección ética de la oposición sería la renuncia, salvo que ambos legisladores, de haber estado presentes, hubieran votado con el oficialismo. En ese caso, si dan las explicaciones, estaríamos ante el extraño caso de “me voy porque si me quedo voto en contra” ¿Y entonces? Todo mal.

Es obvio que no es la primera vez. Rara vez el cuerpo está con presencia unánime. Viajar se viaja.

Pero, como en todos los órdenes de la vida, cuando se nota demasiado por las consecuencias, se pone en evidencia que algo está mal: o los elegidos o los que organizan. En cualquier caso hay que asumir y corregir.

Convengamos que suena horrible pronunciar discursos en los que se plantea que las decisiones a tomar son fundamentales para el futuro del país y llamados a votar, los que convocan, constatan que justamente faltan dos para ganar o lo que es lo mismo, se fueron dos para perder.

No abro juicio sobre la ley en sí. Pero los bloques opositores, como en su caso los oficialistas, deberían reclamar a sus miembros ejemplaridad, reconocer el costo social del error. Porque si la ley votada es mala, los que así lo entienden, deberían hacerse cargo ¿o no?

Nadie que se ofrece para un trabajo pide vacaciones a la semana de ingresar y con ningún argumento posible salvo la incapacidad de estar presente por cuestiones físicas o mentales

¿O soldado vivo sirve para otra guerra?

De todas maneras los dos debates de la nueva Cámara de Diputados reflejan un mal comienzo. Más allá de triunfos y derrotas o viceversa. Porque triunfos o derrotas, en ambos casos, lo fueron sin conversación, sin debate, sin números y consecuencias, puestos sobre la mesa. A las apuradas.

El Presupuesto es la ley que organiza un año de la vida económica de la sociedad. No es sólo el cálculo de ingresos y recursos o las asignaciones de gasto. Es una manifestación del orden de la vida material en el año que viene. Así debería ser.

Los números básicos, cuánto y cómo vamos a crecer, qué valor vamos a agregar; nuestras relaciones con el resto del mundo, el comercio, las inversiones y las deudas; la inflación; el programa de inversiones y de tareas públicas. ¿Qué vamos a hacer?

Nada de esto se ha discutido. El proyecto de Presupuesto está parado en el Congreso, otro Congreso, desde septiembre. El argumento que trascendió es que fue demorado a causa de las elecciones. Insostenible.

Importa que en septiembre el PE presentó un proyecto con números a mano alzada.

Todos sabemos que detrás está un acuerdo básico que consiste en cómo se va a programar el calendario de pagos al FMI.

Eso no estaba y no está porque no hemos cerrado un acuerdo con el FMI.

Todo lo votado está en borrador y a la disparada. ¿Eso es legislar? Los representados, ausentes.

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