El papa Francisco y la deuda externa, o el virus de la dependencia

La deuda externa argentina no nace de un repollo. Nace del espíritu codicioso de nuestros gobernantes asociado al afán de dominación y avaricia de los poderes financieros

El papa Francisco
El papa Francisco

Este mes, el Santo Padre papa Francisco refiriéndose a la grave “deuda ecológica” que vive la humanidad afirmó que la deuda ecológica remite en cierto modo a la cuestión de la deuda externa “cuya presión suele obstaculizar el desarrollo de los pueblos”, y ahora más todavía ante la crisis causada por la pandemia. Y agregó: “La post-pandemia puede y debe ser un nuevo inicio teniendo en cuenta todos estos aspectos, relacionados también con la puesta en marcha de escrupulosas operaciones negociadas para la condonación de la deuda externa inscritas en una estructura económica más sostenible y justa, orientada a apoyar la emergencia climática.”

Crónica de un mal que nunca se acaba

La deuda externa argentina no nace de un repollo. Nace del espíritu codicioso de nuestros gobernantes asociado al afán de dominación y avaricia de los poderes financieros.

Juan Bautista Alberdi (1810-1884) figura central de nuestras luchas civiles, autor de las “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina” (1852), fue el intelectual liberal que más influyó en el contenido de la Constitución Nacional de 1853, donde plasmó el modelo de una república federal con un sistema compuesto que sintetizara los intereses de las provincias y de la unidad nacional.

En esta breve crónica de la deuda lo tomamos como faro porque fue un liberal que tenía sentido de patria. Sabía donde se encontraba el centro de los intereses nacionales. Y por eso mismo se oponía firmemente a los planes de la oligarquía porteña que convirtieron a la Argentina en una semicolonia del imperio británico.

La historia de la deuda externa argentina comenzó con Bernardino Rivadavia en 1824, cuando este contrajo los primeros empréstitos con la Baring Brothers por un millón de libras esterlinas de las cuales llegaron quinientas mil.

Crónica del mal de los argentinos

Más adelante explicaba Juan Bautista Alberdi: “En países nuevos en que la habilidad abunda más que el juicio, se da frecuentemente el nombre de empréstito para obras públicas a lo que en realidad son obras públicas para empréstitos. Así tan pronto como el empréstito es conseguido, la obra pública queda sin objeto. Cuanto más irrealizable mejor sirve la obra a su objeto, que es el empréstito en sí”.

De aquel primer millón de libras esterlinas fueron responsables Martín García y su ministro Bernardino Rivadavia y los integrantes de la Comisión de negociación de la deuda que fueron Felix Castro, Braulio Costa, Miguel Riglos y Juan Pablo Saenz Valiente, todos liberales anglo-argentinos.

Desde aquel entonces la deuda aumentó a 14 millones de libras al finalizar la presidencia de Domingo F. Sarmiento en 1874, a 38 millones en 1886, 78 millones en 1904 y 121 millones en 1916. Quien estuvo a cargo de las negociaciones de la deuda con Gran Bretaña durante los gobiernos de Julio A. Roca y Miguel Juárez Celman fue el abogado liberal Wenceslao Pacheco también autor de la nefasta ley de “bancos garantidos”.

Tras la vuelta a la convertibilidad y con el “apoyo” de la banca Morgan el presidente Alvear y su ministro Víctor M. Molina un rígido partidario del “librecambio” incrementaron la deuda externa superando los 140 millones de libras esterlinas en 1928.

En 1933 con el Pacto Roca-Ruciman se estableció un acuerdo de deuda pública que recién terminará de pagarse durante el segundo gobierno de Perón en el año 1952.

Cuando la Argentina dejó de ser un deudor externo

El golpe militar del 4 de junio de 1943 encuentra a la Argentina con una deuda externa cercana a los 80 millones de libras esterlinas, alrededor de 325 millones de dólares. Entre 1944 y 1945 no se tomaron nuevos préstamos y, tras las amortizaciones del período, se redujo la deuda a 264 millones de dólares hasta saldarse, por única vez totalmente, en el año 1952, pasando nuestro Estado Nacional a ser acreedor tras ciento veinte años de deuda. Perón a lo largo de su gestión (1946-1955) se rehusó a formar parte de los flamantes FMI y Banco Mundial organismos creados por los acuerdos de Bretton Woods en 1944.

Adhesión de la Argentina al FMI

En septiembre de 1955 el golpe militar de la R.L. derroca a Perón. Los militares que provocaron el golpe de estado de inmediato firmaron el ingreso argentino a ambos organismos. Así la Argentina que adhirió al FMI y al Banco Mundial (Prebish, 1956) se hizo deudora por más de US$1.000 millones durante las gestiones de los ministros de neto corte liberal Verrier, Blanco y Adalbert Krieger Vasena. Pero las cosas empeorarían aún más con el regreso de los militares en los años ‘60 y ‘70.

En efecto, la deuda externa se expandió durante el gobierno democrático de Arturo Frondizi, gestiones de del Carril y Alvaro Alzogaray y en marzo de 1962 se la estimaba en 1.800 millones de dólares y al producirse el golpe militar que derroca a Illia, el 28 de junio de 1966 el endeudamiento público externo alcanzaba la cifra de 1.768 millones.

De 1966 al final de las dictaduras de Onganía, Levingston, Lanusse la deuda externa llega a los 4.800 millones de dólares. Ministros Kireger Vasena y Aldo Ferrer. Desde Cámpora y hasta la muerte de Perón (gestiones de José B. Gelbard y C.Rodrigo), la deuda sólo aumenta 90 millones de dólares, pero durante el gobierno de su viuda siendo Alfredo Gómez Morales y Celestino Rodrigo ministros de economía llega a la cifra record de 7.800.

Durante el gobierno de la dictadura denominada Proceso de Reconstrucción Nacional, la deuda creció a un ritmo frenético: a 27.200 millones con el general Videla, a 35.700 con el general Viola, a 43.600 con el general Galtieri y a 45.100 millones de dólares con el general Bignone. Fueron sus ministros José Alfredo Martínez de Hoz y Lorenzo Sigaut.

Con el regreso de la democracia en 1983 las cosas no cambiaron mucho en este tema, ya que en 1989 cuando renuncia Alfonsín, la deuda trepaba a los 58.700 millones de dólares. Y mucho peor fue el decenio menemista, con los sucesivos ministros de economía, Miguel A. Roig, Erman González y Felipe Domingo Cavallo. La deuda externa aumentó en forma exponencial no obstante haberse fagocitado los fondos provenientes de las privatizaciones de las empresas del Estado (Cavallo-Dromi). Al terminar la experiencia liberal bajo la denominación de peronismo en 1999, la deuda alcanzó los 186.880 millones de dólares. Al gobierno de De la Rúa (José Luis Machinea) le alcanzaron dos años para llevarla a 214.143 millones de dólares.

Ya en el siglo XXI y tras el “default”, la reestructuración y el canje instrumentado por el gobierno de Néstor Kirchner, con la gestión del ministro Roberto Lavagna la deuda se redujo en marzo de 2005 a 157.615 millones de dólares y se supone que a fines de 2007 había descendido a 123.197 millones de dólares, aunque para marzo de 2008 había vuelto a crecer hasta los 142.500 millones de dólares.

Cuando el pueblo se está reponiendo, un nuevo golpe

Durante el gobierno de Mauricio Macri gestión de Nicolás Dujovne, la deuda se incrementó en 44.000 millones de dólares que como muchos otros flujos de deuda se esfumaron pero el pueblo la debe pagar.

El gobierno justicialista de Alberto Fernández-Ministro Martín Guzman recibió una deuda externa de 320.000 millones de dólares.

La ilicitud de la deuda externa lícita

Y aquí estamos los argentinos, hundiéndonos otra vez en el lodo, víctimas del manejo criminal del poder de nuestros gobernantes y de los poderosos del mundo. Unos y otros no hicieron a lo largo de la historia ni hacen ahora otra cosa sino encubrir su ilicitud en la licitud de los préstamos internacionales que como lo advertía Juan Bautista Alberdi no tienen como destino la obra, el desarrollo ni el crecimiento para salir de la pobreza. El único propósito que tienen son las ganancias que les dejan a los que gestionan los empréstitos de uno y otro lado. Después, ¡que se las arreglen los de abajo!

Francisco, en presencia de la titular del FMI, del economista Joseph Stiglitz y del ministro Guzman, destacó que “las personas empobrecidas en países muy endeudados soportan cargas impositivas abrumadoras y recortes de los servicios sociales, mientras sus gobiernos pagan deudas contraídas que son insostenibles”.

“No es lícito exigir el pago de deudas insostenibles”

El Papa Francisco recordando palabras del papa polaco San Juan Pablo II dijo que “las deudas deben ser pagadas” pero que “no es lícito exigir o pretender su pago cuando este vendría a imponer de hecho opciones políticas tales que llevaran el hambre y la desesperación a poblaciones enteras”. (Vaticano, febrero 2020).

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