Gestión de política bianual por elecciones y caída de 2,4% en los últimos 10 años

Argentina que piensa políticamente y tácticamente el país para gobernar y ganar las elecciones cada 2 años

Martín Guzmán y Alberto Fernández
Martín Guzmán y Alberto Fernández

La economía norteamericana comienza a estar en problemas con una desaceleración en su nivel de crecimiento luego de haber logrado casi pleno empleo en la gestión de Donald Trump. La temperatura de la inflación se coloca en el 5% interanual. Comienza a ser una realidad inevitable: la sombra de la economía china sigue avanzando sobre la disputa de superar a la economía norteamericana.

Sigo frecuentemente el blog Marginal revolution, de los economistas Tyler Cowen y Alex Tabarrok. Respecto del ritmo de crecimiento de la economía de EEUU, Tabarrok expresó: “Si la productividad total de los factores hubiera seguido creciendo a su ritmo de 1957 a 1973, entonces hoy estaríamos viviendo en el mundo de 2076 en lugar de en el mundo de 2014. Lamentablemente, el futuro sigue retrocediendo. Si el crecimiento hubiera continuado al ritmo esperado por la Oficina de Presupuesto del Congreso Norteamericano en 2005, hoy estaríamos viviendo en el mundo de 2037 en lugar de en el mundo de 2021″.

Cierra Tabarok su columna con la siguiente reflexión: “Por cierto, no culpes a los pronosticadores. El pronóstico era razonable, la realidad está por debajo de las expectativas”.

La política extorsiona los presupuestos, los números, las previsiones y la propia gestión queda atada a las campañas bianuales de nuestra bendita Argentina

Usted estará pensando inmediatamente que habrá sucedido en Argentina con los presupuestos aprobados en nuestro Congreso Nacional. Si fuese por la promesa de nuestros políticos en campaña estaríamos en el año 2100 con una base en la Luna todos viviendo con el PBI per cápita de Noruega pero ajustado por inflación proyectada 80 años hacia adelante. La realidad es muy diferente y delicada.

La política extorsiona los presupuestos, los números, las previsiones y la propia gestión queda atada a las campañas bianuales de nuestra bendita Argentina. En los años impares de campaña tendemos a contener los precios y la inflación, incrementar los niveles de subsidios en tarifas de servicios públicos y sociales, retrasar la evolución del tipo de cambio oficial frente a la inflación, postergar los acuerdos con los organismos internacionales, expandir el gasto público, incrementar el déficit fiscal y aprobar un presupuesto económico que no solo no se cumplirá al año siguiente sino que además estará cayendo y por debajo de las expectativas prometidas.

Vayamos recorriendo lo que paso presidencia por presidencia y elección por elección.

- Año 2011. Cristina Fernández de Kirchner inauguró el cepo cambiario y ganó las elecciones por una diferencia abrumadora con un 54% de los votos. El PBI creció a tasa cuasichina del 6,1%.

- Año 2012. Una vez controladas todas las variables macroeconómicas y retrasadas el año anterior en 2012 el PBI cayó 1 por ciento.

- Año 2013. En las elecciones legislativas de ese año el PBI volvió a crecer un 2,3 por ciento.

- Año 2014. Al año siguiente de estas elecciones el PBI cayó 2,5 por ciento.

- Año 2015. El PBI crece 2,3 % en el año de las elecciones presidenciales.

- Año 2016. La gestión de Mauricio Macri arrancó con caída de 2,2 por ciento.

- Año 2017. En las elecciones legislativas el PBI creció 2,9% único año de crecimiento de la economía en la Gestión de Cambiemos.

- Año 2018. El PBI retrocedió 2,5 por ciento.

- Año 2019. Nuevamente en las elecciones presidenciales esta vez las variables económicas se intentaron controlar pero ni eso alcanzó el PBI cae 2,1 por ciento.

- Año 2020. Ya con Alberto Fernández y en pandemia el PBI tuvo un retroceso fenomenal del 9,9% con una pobreza del 42 por ciento.

Fuente: Focus Market a través de BCRA
Fuente: Focus Market a través de BCRA

Tenemos una Argentina que piensa políticamente y tácticamente el país para gobernar y ganar las elecciones cada 2 años. La sociedad vive de la ilusión del congelamiento y retraso de las variables macroeconómicas para despertar cada vez en el año posterior a las elecciones en un agujero negro cada vez de mayor profundidad.

El resultado de estas políticas electoralistas que somos el único país de América Latina junto a Venezuela que en estos últimos 10 años la economía en términos reales ha decrecido. El PBI de Argentino en el acumulado de 2011 a 2021 cae 2,48%. Una piña de shock a las millones de horas, campañas, promesas, discursos y viajes de los políticos del oficialismo y la oposición donde nada de lo prometido se ha cumplido. El dato es lamentable.

La sociedad vive de la ilusión del congelamiento y retraso de las variables macroeconómicas para despertar cada vez en el año posterior a las elecciones en un agujero negro cada vez de mayor profundidad

Los datos que nos deja esta triste realidad son elocuentes. Del año 1980 a 2021 el PBI per cápita de Chile creció 161,1%; Paraguay, 45,8 %; y Uruguay, 91,8%, mientras que en Argentina creció solo 7,5% en el mismo período. Si cruzamos con los datos de pobreza a la fecha son lamentables. Según los institutos de estadísticas nacionales y la Cepal, para los respectivos países la pobreza en Chile es del 10,8%, en Uruguay es del 11,6%, en Paraguay de 26,9% y en Argentina 40,6%.

Llegamos nuevamente al año 2021 con la novela de los últimos 10 años, pero con un desgaste terminal de nuestra macroeconomía. Se contienen los precios y la inflación, se incrementan los niveles de subsidios en tarifas de servicios públicos y sociales, se retrasa la evolución del tipo de cambio oficial frente a la inflación, se postergan los acuerdos con los organismos internacionales, se expande el gasto público, se incrementa el déficit fiscal. Todo lo que nos llevó a los números del fracaso de esta nota.

Giulio Andreotti, presidente del Consejo de Ministros en Italia entre 1972 y 1973, lo expresó oportunamente: “No desgasta el poder, lo que desgasta es no tenerlo”. Tanto al presidente Alberto Fernández, como al ministro de Economía, Martín Guzmán, no sólo los han dejado sin poder, sino más degastados que nunca para lo que viene.

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