La culpa es de las empresas

De cada 100 compañías registradas sólo dos son grandes o corporaciones. De las 98 restantes, 85 tienen menos de 10 empleados

85 de cada 100 son pequeñas empresas
85 de cada 100 son pequeñas empresas

Una vez más la culpa es de las empresas. Esas que solo quieren el beneficio para ellos y que luego se la llevan toda a Miami, esos empresarios que sólo quieren viajar por el mundo y explotar a los obreros, los que no invierten y piden dádivas al Gobierno de turno, los que manejan los hilos del poder.

Señores políticos: esos empresarios de los que hablan no son la mayoría, de hecho, esos malos empresarios existen porque ustedes los dejan existir con su corrupción.

Les quiero contar que en Argentina, el país que ustedes tienen el honor de gobernar, de cada 100 empresas registradas solo dos son grandes empresas o corporaciones, y que de esos 98 restantes 85 tienen menos de 10 empleados. O sea, 85 de cada 100 son pequeñas empresas. Créanme, señores políticos que esas empresas, las 98, lo único que saben hacer es trabajar y dar trabajo. Esos empresarios no se la llevan. ¿Sabe por qué? Porque no les sobra nada.

Resulta que los empresarios, los laburantes, son los culpables del 50% de inflación anual, de una brecha cambiaria de 100% y del 45% de pobreza

Esos empresarios en realidad los sufren a ustedes que con su incompetencia, avaricia y corrupción les generan un ambiente para el desarrollo casi imposible.

Resulta que los empresarios, los laburantes, son los culpables del 50% de inflación anual, de una brecha cambiaria de 100% y del 45% de pobreza. También de una deuda del 105% del PBI, de haber llevado al sueldo mínimo a sólo USD 130 y de generar un Estado cada vez más grande e ineficiente.

Raro que no acusen a los empresarios del vacunatorio VIP, de la fiesta de Olivos, de la apretada de Anibal Fernández a un caricaturista y de las muertes de la pandemia.

Se me hace que muchos de ustedes critican a los empresarios porque en su vida pasaron por la experiencia de pagar un sueldo, de pedir prestado sin tener certeza de que ese negocio iba a salir bien, de tener que pelear con la burocracia estatal, de tener que pagar 165 impuestos, de ser coimeados, de negociar con gremios que solo quieren el bien de sus líderes y no de los trabajadores. Seguro que nunca tuvieron que mirar a los ojos a un empleado y decirle “no te puedo pagar”. Nunca fueron corriendo al banco a cubrir la cuenta a último momento.

Raro que no acusen a los empresarios del vacunatorio VIP, de la fiesta de Olivos, de la apretada de Anibal Fernández a un caricaturista y de las muertes de la pandemia

No pretendo defender a todos los empresarios porque sé que hay malos, pero sí quiero defender el espíritu emprendedor, a los que no tienen tiempo para ir a una marcha porque tiene que trabajar, a los que no tienen cámara o la suerte de escribir en un importante periódico para defenderse, a los que no conocen lo que es ir a un acto del colegio de sus hijos porque tenían que estar en el negocio, a los que se toman vacaciones a contra mano porque es el momento en que ellos venden, a los que tienen un “socio”, el Estado, que los exprime cobrándoles Ganancias adelantadas en un año de pandemia, a todos los que ven a políticos retándolos y al mismo tiempo pedirles un esfuerzo.

Ustedes quieren enfrentar a las empresas con los trabajadores y eso es ignorancia. Si quieren los invito a hacer una gira por cientos de Pymes: hablen con sus empleados, pregunten qué opinan de su empleador y qué significa trabajar en esa empresa. Le aseguro que se sorprendería con las historias, pero sobre todo se darían cuenta que empresa y empleado no están tan lejos en el diccionario.

Ustedes quieren enfrentar a las empresas con los trabajadores y eso es ignorancia

Señores políticos, se les nota que no saben qué hacer, que tienen que encontrar culpables para sus errores, incompetencias y chanchullos. Pero se nota tanto que ya nadie les cree.

Estaba por poner de nuevo la palabra “señores”, pero me doy cuenta de que les queda grande. Por eso solo diré “políticos”: déjense de joder y no le echen la culpa a los que los pueden salvar.

Por si no sabían, hoy hay en Argentina menos empresas que en 2007. ¿Y eso de quién es culpa?

Me despido con una celebre frase de Winston Churchuill: “Muchos miran al empresario como el lobo que hay que abatir; otros lo miran como la vaca que hay que ordeñar; pero muy pocos lo miran como el caballo que tira del carro”.

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