Elecciones de medio término que parten al medio la perspectiva de equilibrio económico en el corto plazo

Las últimas elecciones en Argentina muestran que las apreciaciones del tipo de cambio son en contexto eleccionario y las correcciones luego de la contienda electoral

Un billete de un dólar estadounidense (REUTERS/Dado Ruvic/Ilustración)
Un billete de un dólar estadounidense (REUTERS/Dado Ruvic/Ilustración)

En el primer semestre del 2021 la inflación corrió a un promedio mensual del 3,8 % y el tipo de cambio oficial se movió 2,4 % como promedio mensual en el mismo período. Es decir, se apreció el tipo de cambio. A pesar de esto de acuerdo al Currency Watchlist, que es el observatorio de Divisas de la Universidad Johns Hopkins, hasta fines de agosto de 2021 Argentina ocupó el sexto lugar a nivel mundial en términos de depreciación interanual de su moneda. El primer puesto es del bolivar venezolano 98,76 por ciento. Siguen la libra libanesa, con 86,76%; el dólar de Zimbabue, con 84,47%: la libra de Sudán, con 80,45%; la libra de Siria. con 73,10%: y luego peso local. Completan el top 10 mundial el rial iraní, el manat de Turkmenistán, la birr de Etiopía y la naira nigeriana.

Mientras el peso se derrite entre las manos de los argentinos, para el segundo semestre el piso de la inflación sería 2,6% y el tipo de cambio evolucionaría a no más del 1,6% mensual con brechas cambiarias en tensión permanente en dos pasos. Primer paso de acá hasta noviembre y segundo paso post elecciones hasta enero 2022. El Gobierno dice que no va a devaluar. Las últimas elecciones en Argentina muestran que las apreciaciones del tipo de cambio son en contexto eleccionario y las correcciones luego de la contienda electoral. Se sacrifica la moneda, las exportaciones, las tarifas, los subsidios, la emisión monetaria, los pasivos remunerados del Banco Central, la tasa de interés, las reservas internacionales, la inversión y el gasto público. Se pone todo en la cancha por más que cada vez tenemos menos cancha y con terreno más deteriorado luego de correrla durante las elecciones.

Mientras el peso se derrite entre las manos de los argentinos, para el segundo semestre el piso de la inflación sería 2,6% y el tipo de cambio evolucionaría a no más del 1,6 % mensual con brechas cambiarias en tensión permanente

De acuerdo a un informe de Abeceb, el PBI reflejó una suba anual de 9,7% en el primer semestre de 2021. En el segundo semestre registraría una expansión cercana al 5,5% al compás de la creciente reducción de restricciones sociales y la aceleración de la recuperación de los servicios que venían más rezagados. El 2021 cerraría con una suba interanual de 7,2% (cifra ligeramente revisada al alza), escenario que supone que el “riesgo Delta” se mantiene contenido. Para 2022, con una macro que seguirá trabada, con cepos y controles e importantes desafíos en términos de reordenamiento de desbalances y precios relativos y sin cambios estructurales, se espera una recuperación modesta del PBI en torno al 3% anual.

El efecto residual de las cuarentenas estrictas sobre el sector empresario ha dejado expectativas negativas sobre las Pymes. De acuerdo un relevamiento del Centro de Investigación Pyme de Fecoba (Federación de Comercio de la Ciudad de Buenos Aires) el 51% del sector Pyme prevé que sus actividades podrían suspenderse por circulación de la variante Delta del coronavirus lo cual afectarían no solo las proyecciones de crecimiento del PBI sino nuevamente a la producción, la comercialización y el empleo.

A su vez, el costo eleccionario también tendrá su costado fiscal. De acuerdo a un informe del Ieral el resultado del Déficit Fiscal Primario se ubicaría en 3,6% del PBI 0,6 puntos por debajo del déficit expresado en el Presupuesto 2021 (4,2%), pero 3,2 puntos porcentuales superior al observado en 2019 (sin pandemia).

La deuda contenida por la emisión monetaria efectuada y los pasivos pendientes serán los costos que te hará pagar con más inflación futura

Para financiar el déficit fiscal se depende de la asistencia del BCRA y rolear la deuda. Desde el propio Ieral se plantean 3 escenarios alternativos: con rollover de deuda del 120%, 100% y 80% de aquí a fin de año. De esta forma, el BCRA terminaría asistiendo al Tesoro en 2,3% del PIB con un rollover del 80% en lo que resta del año (caso pesimista), con una consecuente variación interanual de la base monetaria del orden del 59,9% (diciembre contra diciembre). En cambio, en el escenario optimista (rollover del 120% de aquí a fin de año), la asistencia sería del 1,0% del PIB, con una variación interanual de la Base Monetaria más acotada, del 38,2 por ciento. En el escenario más complicado se tendrían a fin de año pasivos monetarios del BCRA del 11,3% del PBI. Los intereses por Leliq y pases agregan pasivos por 1,25 del PBI. En las elecciones legislativas de 2017 en la previa a la crisis y salida de los fondos institucionales de Argentina los pasivos del BCRA habían alcanzado a 11,4% del PBI.

Las elecciones más que la fiesta de la democracia son la fiesta del gasto, el déficit, las incorrecciones, los desequilibrios y la siembra del costo social y económico que luego trae en la cosecha el pago por parte de la misma sociedad a la que dicen representar y esperan que los voten. Independientemente del resultado, los costos se pagarán igual y seguirán acumulándose. El déficit fiscal será la diferencia entre la cantidad de dinero que el gobierno gastará y la cantidad de dinero que te deberá cobrar en impuestos. La deuda contenida por la emisión monetaria efectuada y los pasivos pendientes serán los costos que te hará pagar con más inflación futura, pérdida de poder adquisitivo de la moneda y deterioro de los ingresos de los argentinos.

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