Reducción de la jornada laboral vs mejora de la productividad

Los que fijan las malas reglas de juego son la política y los gremios en forma asociada sin contemplar cambios en las reglas de juego que incentiven a la contratación y generación de empleo formal y de calidad

La letra de proyecto propone reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales. Es decir no más de 8 horas diarias (EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo)
La letra de proyecto propone reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales. Es decir no más de 8 horas diarias (EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo)

En las últimas semanas se aceleró el debate por la reducción de la jornada laboral a partir de un proyecto de ley presentado por el Secretario General de la Central de Trabajadores de Argentina (CTA) y diputado nacional por el Frente de Todos, Hugo Yasky.

La letra de proyecto propone reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales. Es decir no más de 8 horas diarias. Por su parte, el artículo 4 del Proyecto expresa “La aplicación de la presente ley no llevará aparejada disminución o supresión salarial alguna”.

En Argentina, de acuerdo a OIT (Organización Internacional del Trabajo), se trabaja 35,1 horas semanales

El Ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, dijo que las pymes no estarían en condiciones de implementar esta idea y que reducir la jornada laboral implicaría aumentar el salario horario un 33% y ese costo se trasladaría a precios. Sin embargo, esto dejó un debate abierto sobre si Argentina debe reducir la jornada laboral o mejorar la productividad del trabajo para poder reducir la carga horaria.

En Argentina, de acuerdo a OIT (Organización Internacional del Trabajo), se trabaja 35,1 horas semanales. Sin embargo, la sobreocupación se da en el 20% de los ocupados que implica que trabajen 48 horas semanales. Sin embargo, el nivel de informalidad laboral asciende al 47%, de acuerdo a la UCA, por lo cual hay un universo aún más amplio que el trabajo público o privado registrado que trabaja más horas por semana.

Por su parte, el trabajo atípico en Argentina no está ni siquiera considerado como grado de vulnerabilidad. Dentro de estas categorías se consideran el empleo temporal, el trabajo a tiempo parcial y a pedido; las relaciones de trabajo encubiertas y el empleo por cuenta propia económicamente dependiente. Cada vez hay mucho más de esto en Argentina por culpa de la propia política. Tenemos 4.088.000 monotributistas, 420.000 autónomos y más de 5 millones de informales puros.

La informalidad entre los trabajadores atípicos es 2,5 veces mayor que entre los trabajadores típicos

De acuerdo a un trabajo de Roxana Mauricio, docente e investigadora en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Conicet sobre “Formas atípicas de empleo en América Latina: incidencia, características e impacto en la determinación salarial”, la informalidad entre los trabajadores atípicos es 2,5 veces mayor que entre los trabajadores típicos. En 2017, el 55% de los asalariados atípicos no tenía descuento jubilatorio frente a un 22% para los asalariados típicos. Entre las formas atípicas de inserción laboral, aquellos trabajos temporales con menor intensidad horaria evidencian la posición más vulnerable, y un 80% son informales. Si bien es más alta, seguidos con una proporción muy alta también para aquellos con un arreglo laboral temporal. Por su parte, un 48% de aquellos que trabajan a tiempo parcial son informales.

La política se resiste a bajar el costo laboral impositivo en forma gradual y por escala para las micro, pequeñas y medianas empresas que no pueden sostener los mismos costos que las grandes con una economía de escala más reducida y menor nivel de productividad por hora por falta de inversión de capital. Al mismo tiempo los gremios se resisten a cambiar los estatutos cuasi decimonónicos. Lo más rígido en mercado laboral es la falta de voluntad de contratación por parte del empresario y la mayor flexibilidad se encuentra en la informalidad absoluta. Los que fijan las malas reglas de juego son la política y los gremios en forma asociada sin contemplar cambios en las reglas de juego que incentiven a la contratación y generación de empleo formal y de calidad. La economía argentina no ayuda. La burocracia espanta. La comodidad eterniza la mediocridad.

Argentina tiene un sistema de producción muy deficiente para ser competitivo en el mundo por su alta carga burocrática, impositiva, costosa infraestructura de distribución y logística

De acuerdo a un informe del BID-Intal el riesgo de automatización del trabajo en Argentina es medio. Los países de América Latina se ubican entre mínimos de 36% y máximos de 43 por ciento. Argentina tiene un 38,5% de riesgo de automatización respecto del trabajo total. Este valor es mayor a menor PIB per cápita y mayor desigualdad del ingreso. Es fundamental que el gobierno, los gremios y el sector empresario diseñen en forma conjunta políticas para administrar la transición tecnológica de trabajadores desplazados hacia nuevos empleos.

Argentina tiene un sistema de producción muy deficiente para ser competitivo en el mundo por su alta carga burocrática, impositiva, costosa infraestructura de distribución y logística, entre otros. Solo logra competitividad cuando devalúan su moneda frente al resto de países y canasta de monedas con los que intercambia bienes y servicios. La productividad es el equivalente a los bienes y servicios producidos en relación a los recursos laborales consumidos. Como muchas empresas no tienen acceso al crédito a la inversión o recursos propios para acceder a bienes de capital que mejore la productividad por hora de sus trabajadores la mano de obra intensiva es fundamental. En el caso de grandes empresas sus empleados pueden tener una jornada laboral de 8 horas por que su rendimiento está apoyado por máquinas, robotización y automatización de tareas que mejora la producción por hora. En el caso de las pymes incluso en muchos casos es necesario extender la carga horaria para alcanzar ese nivel de producción.

El capital y trabajo son los factores de producción que dinamizan la economía y motorizan su crecimiento. Cuando se incrementa el stock de capital o el de trabajo se produce un crecimiento o cuando se utiliza los factores en forma más productiva. En Argentina, en los últimos 10 años, esos dos factores cayeron tanto el empleo privado como la eficiencia marginal del capital.

Fuente: Accenture
Fuente: Accenture

De acuerdo a un informe de Accenture, en América del Sur la eficiencia en el uso del capital ha venido cayendo durante una década y en Argentina aún más. Por su parte, el crecimiento de la población en edad de trabajar se está desacelerando muy rápido y el trabajo no es más productivo a esa misma velocidad.

Fuente: CEPAL
Fuente: CEPAL

Argentina pone en agenda debates que el mundo ya superó. El mundo mira su calendario de producción, capital y trabajo hacia el futuro. En nuestro país miramos el calendario hacia atrás sin tener en cuenta el gran riesgo que se genera sobre los mismos trabajadores a quienes los políticos y sindicatos se comprometen a proteger y representar.

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