Frente Carpincho de Liberación

Los simpáticos roedores llegaron -o regresaron- a Nordelta y cayeron en la grieta

Carpinchos en Nordelta
Carpinchos en Nordelta

No podía fallar: unos cuatrocientos carpinchos a Nordelta y la polarización demencial de este cubo de Rubik constante que insiste en llamarse la Argentina surgió sin tardanza. Una nueva grieta. ¿Qué hacen, sin aviso, en un acto de terrorismo invasor, los mayores roedores de la Tierra en tan lindo lugar con su cara cuadrada, impasible, dispuestos a comer jardines sin parar y sin permiso?

Ante la llegada o el regreso de los carpinchos que suelen tener por hábitat terrenos bajos, humedales donde encontramos ahora tan formidable desarrollo, se vio a la ciudadanía tomar partido y comprometerse como está mandado por el ideologismo que nos alimenta. Claro: no tardaron en emplear argumentos parecidos a los que acuden en reclamos vandálicos los grupos más o menos mapuches en la Patagonia. Como el Ejército Carpincho de Liberación, organizados y en reivindicación. Alguien con mucha gracia difundió el retrato de un carpincho con boina y estrella como en el famoso retrato del fotógrafo Alberto Korda: el Che Guevara con la mirada en el futuro o en el horizonte, quién sabe si consciente de su gran fotogenia.

Un tuit se difundió en la cosmogonía de las redes atribuido al dirigente social y abogado Juan Grabois -Grabuá para señoras gordas elegantemente distraídas-: “Si tocan a uno de ellos es como si nos tocaran a todos”. Es difícil saber si era verdadero o falso. El tuiteador está bastante ocupado con la colmena habitada por la economía de los excluidos, sin contar su distinguido empleo en la Santa Sede. Pero parece alerta siempre a las causas justas. Como los animales tan simpáticos e impávidos -el macho alcanza los 70 kilos- podía interpretarse como recuperación histórica por parte de los capibara o carpinchos del pastizal nutricio que abunda en los barrios de Nordelta.

Sería demasiado juzgar como atentados que algunos se cruzaran en el camino de algunos motociclistas, por suerte sin grandes problemas, o la inevitable y difícil convivencia con los perros. Como sería también interpretarlo -pero ojo, pasa- como una guerra o venganza poética de pobres criaturas que se limitan a vivir, alimentarse, tener cerca agua y reproducirse con alegre frecuencia.

En Nordelta, aquí no hay error, con la posibilidad de cohabitación estarán mejor que entre el paisanaje litoraleño sin ninguna culpa ecologista por hacerlos empanadas y vender el cuero. Un chamamé de mucha popularidad y acordeón enjundioso se titula “Carpincheros”. Con excepción del Iberá y la protección de muchas especies -ya en recuperación los hipnóticos depredadores de gran belleza que llamamos jaguares – están como en un Edén merecido.

La banda Tunas Gratis, algo parecido a las tunas estudiantiles de España, y un poco de humor veloz, ya ha lanzado con éxito La Cumbia del Carpincho que redondea la canción con la música del hit “Bombón asesino”, de Los Palmera. Un matrimonio joven, adoptó como mascota un carpincho cachorro con gran difusión en los medios. Por otro lado, no se apagan las sospechas de que el Frente Carpincho de Liberación es real y trata de infiltrarse en la vivienda humana poco a poco.

En cambio, otros se han preparado para cortar rutas, ataviarse con vinchas y ponchos, armados de lanzas y hondas para defender la tierra ancestral. Lo más razonables parecen entender que los carpinchos no están enterados de la lucha tan zoológica como antropológica. Nunca se sabe, sin embargo. Están en apariencia tranquilos -menos con perros, que llevan las de perder-, pero no dan la patita, no responden al nombre y, cuidado, cómo saber si al abrirles la entrada un día, magníficos guerreros roedores, se comen una parte del piano en que sus habitantes desgranan Para Elisa. Primero negociar, pero dormir con un ojo abierto. ¿Y si el Ejército Carpincho de Liberación existe?

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