Último grito de la moda: locos por los talibanes

La progresía argentina, chocha. Ahora, en la tortilla del revés, ya es resueltamente fundamentalista, antisemita, admiradora en éxtasis de las ejecuciones públicas, y mientras proclama feminismo, no oculta que se muere de amor por los talibanes

Un miembro de los talibanes está fuera del Aeropuerto Internacional Hamid Karzai en Kabul, Afganistán (REUTERS/Stringer)
Un miembro de los talibanes está fuera del Aeropuerto Internacional Hamid Karzai en Kabul, Afganistán (REUTERS/Stringer)

Sí, piensa desde el sillón el observador curtido. Hay un entusiasmo entreverado de entusiasmo revolucionario poco alfabetizado – un par de frases de poca monta- y el viejo aborrecimiento de los norteamericanos. Y ya está. Es una moda que podría llamar de izquierda, progre, candoroso truco para admirar chicas al envolverse en el cogote la kufiya palestina que luce de lo más heroico.

Ya se sabe en general cómo fue la secuencia histórica en lo que toca a Afganistán: invasión ruso soviética a este país milenario de 30 millones de personas que nadie consiguió penetrar y someter: montañas muy altas, cuevas, tribus, señores con ejército propio, valles donde prospera la amapola que guarda desde el opio, la morfina y la heroína. Los rusos se empantanaron y la Unión Soviética se desmoronó.

Después de los cuatro ataques contra las Torre Gemelas con aviones comerciales, Estados Unidos lo invadió como cabeza de una coalición militar con la OTAN, y se mantuvo 20 años a un costo inimaginable, psicodélico, muchos ataúdes, los negocios que acompañan las guerras, y perdió: los acuerdos de Doha, en Qatar el año pasado, fueron una rendición mal disimulada. No esperaban una llegada del Talibán en muy poco tiempo: habían triunfado como una pesadilla con la versión decapitadora de la sharia – ley islámica excluyente: al que roba se le cortan las manos o los pies. Están de vuelta con sandalias, ojos delineados con kohl, AK Koleshnikov permanente. La progresía argentina, chocha. Ahora, en la tortilla del revés, ya es resueltamente fundamentalista, antisemita, admiradora en éxtasis de las ejecuciones públicas, y mientras proclama feminismo, lucha contra la violencia de género, ¡tiempo para el ocio y el gozo de vivir!, no oculta que se muere de amor por los talibanes. No por la idea de que los Estados Unidos no funcionan ya con un método propio en el diseño del mundo entero, una pista . Eso no: implica entender un poquitín, tratar de entender. Mucho pedir.

(EFE/EPA/STRINGER)
(EFE/EPA/STRINGER)

De tal manera que, se dice el observador curtido, la izquierda se muestra como mínimo ambivalente, incoherente. Pero no puede reconocerlo porque, entre otras cosas, la división entre izquierda y derecha es un río revuelto. Los altos valores de los derechos humanos no son caretas para ponerse a conveniencia. Hasta se ha creado un empleo estatal con sueldo de “pensadores” a trabajar , pongan atención, en determinar la estrategia para el pensamiento nacional. El único. Cualquier otro se resuelve con el argumento de que es la derecha. Un pensamiento único cae de medida para los años de Mussolini, por ejemplo. Justo para el fascismo de presunta izquierda. Como el de hoy. Echemos una mirada a ese guiso malévolo, a los amigos de Venezuela y Nicaragua- Ortega encarceló a sus competidores en elecciones dignos del teatro del absurdo- para que ganaran él y su mujer, Rosario Murillo, por apodo popular Maléfica. La izquierda es derecha y la derecha izquierda, según las dioptrías del lector en condiciones y mientras subsisten las denominaciones en metamorfosis. ¿Tener relaciones pragmáticas y de realpolitik, al margen de las ideologías, es de derecha o de izquierda? ¿Cerrar los colegios en la pandemia que nos aflige , es de izquierda o de derecha? ¿Por qué el feminismo es una causa por cierto no solo visible sino también un reclamo justo, -aquí no se puede ocultar que es selectivo y arbitrario- se silencia y aún aplaude a regímenes que practica la ablación femenina, la reducción a las mujeres y niñas a una condición subhumana? ¿Por qué se “milita” el matrimonio igualitario y se babea de contento a quienes se condena a muerte a los homosexuales- Afganistán- y se expulsa y castiga con diversas proscripciones en la Federación Rusa y en China?

¿Es argumento admisible y soportable el de la diversidad cultural frente a delitos planetarios?¿ No se dirigieron acaso Marx y Engels a toda la humanidad en el Manifiesto Comunista , haya sido pato o gallereta en los hechos históricos luego?

¿Mentir a repetición es de izquierda o verifica lo atribuido a Goebbels, ministro de propaganda de Hitler: “algo queda?

El observador curtido trata de encontrar el hilo que pueda conducir a desentrañar esta confusión tal vez premeditada. Lo hace sin prisa ni dogma. Al menos, se esfuerza en hallar dónde puede desembocar el tobogán argentino y nosotros al deslizarnos cada vez más rápido. No es improbable que lo encuentre entre suspiros y retrocesos del pestífero imperio. Por lo pronto, ya hay un club de fans, y parecen alegres. Es una confesión y una moda oscura: locos por los talibanes.


SEGUIR LEYENDO:



TE PUEDE INTERESAR