Poner plata en el bolsillo de la gente genera demanda de dólares que no hay

La política del oficialismo lo obligará a imponer más racionamientos y restricciones para evitar la pérdida de reservas

Martín Guzmán, Cristina Kirchner y Alberto Fernández
Martín Guzmán, Cristina Kirchner y Alberto Fernández

Recuerdo el cuento de ese señor que entra a una ferretería a preguntar por el precio de unos tornillos, y ante la respuesta del vendedor, le increpa que en la ferretería de la otra cuadra están mucho más baratos.

-Cómprelos en la otra cuadra, entonces-, es la respuesta del ferretero.

-Es que en la otra ferretería no tienen.

-Ah bueno, cuando yo no tenga, también van a estar más baratos.

Cada vez que surge un desequilibrio entre la oferta y la demanda de algún bien o servicio, el mercado “elimina” ese desequilibrio ya sea aumentando el precio, que incentiva la oferta o reduce la demanda, ya sea con racionamientos o cupos, que reduce la demanda al nivel de la oferta disponible. Por supuesto que, cuando se raciona una demanda insatisfecha, inmediatamente surgen mercados alternativos, en dónde se atiende esa demanda, pero a un precio mayor.

El caso actual de los múltiples mercados del dólar en la Argentina es un ejemplo particular de este problema. Existe un mercado que controla el Banco Central, que obliga a los exportadores a venderle sus dólares al precio que la entidad define. En otras palabras, un exportador, en la Argentina, no puede elegir quedarse con los dólares, o venderlos en otro mercado que no sea el del Banco Central, al precio que el Banco Central quiere. Su única opción es no exportar, pero si exporta, sólo puede recibir a cambio, dentro de un plazo perentorio, pesos equivalentes a los dólares exportados al precio fijado por el Banco Central. Por el lado de la demanda, el Banco Central ha fijado cupos de todo tipo para acceder a los dólares que vende. Cupo explícito para quienes quieren ahorrar o pagar deuda. Cupo implícito para quienes quieren importar, con diversas autorizaciones y trámites.

Como en el caso de los tornillos, en el Banco Central los dólares se consiguen más baratos, pero no hay.

Obviamente, si hay cupos para acceder a los dólares del Banco Central, es porque la demanda de dólares supera a la oferta y al stock disponible de dólares líquidos en las reservas, y porque el Banco Central no quiere subir el precio del dólar oficial hasta el nivel en que la demanda y la oferta se igualen. Obviamente también, si hay demanda excedente al precio al que el Banco Central vende sus dólares, esa demanda “se puede resignar y volverse a su casa”, o puede ir a buscar los dólares a otro mercado, a un precio superior. Y, por supuesto, cuanto menor sea el cupo para comprar en el mercado oficial o mayores las trabas para acceder al dólar que se transa en el mercado bursátil (vía compra venta de bonos o acciones), mayor es la cantidad de gente empujada a demandar dólares en el mercado de “arreglo entre privados” (compra venta de bonos o acciones fuera del paraguas del mercado bursátil regulado. Una especie de trueque sofisticado) o en el mercado informal.

Pero para que haya demanda excedente de dólares, se tienen que dar otras condiciones. La primera es que haya más pesos en el mercado para comprar dólares. La segunda es que los tenedores de pesos consideren que protegen mejor sus eventuales ahorros, teniendo dólares que conservando los pesos en alguna forma de inversión financiera. También puede darse que la expectativa de los demandantes sea que “los dólares se pueden acabar” de manera que, no importa tanto el precio, sino la posibilidad de tenerlos.

Y una mezcla de estas condiciones se observan hoy. A partir del objetivo de poner pesos en el bolsillo de la gente en los meses previos a las elecciones, el ajuste fiscal del primer semestre (ya le conté que fue el ajuste del colesterol malo, con más impuestos y licuando gasto), se está diluyendo. Devolución del impuesto a las ganancias, aumentos en jubilaciones y subsidios, más gasto en obra pública, más transferencias a la provincia de Buenos Aires, más emisión de pesos del Banco Central para cubrir este gasto y para financiar los vencimientos de deuda pública, etc.

A eso se le suma que la tasa de interés en pesos también está intervenida por el Banco Central y dejó de ser un precio para remunerar las expectativas de inflación de los ahorristas, a menos que estén dispuestos a inmovilizar por más de 90 días su dinero en un depósito indexado. Es decir, se están dando las dos condiciones arriba mencionadas: hay más pesos y más desincentivos a ahorrar en pesos en el corto plazo. Del lado del mercado oficial de dólares, pasada la temporada de la supersoja, sin acuerdo con el Fondo, con más importaciones de energía y pagos impostergables de deuda, existe la sensación de que si algo va a pasar es que, en todo caso, se va a limitar más la venta de dólares y/o que se van a incrementar más las restricciones y cupos, pero que no se va a ajustar el precio del dólar oficial.

Resultado, desde que la Argentina ganó la copa América, los dólares alternativos subieron su precio entre 3 y 6% y aumentó la brecha con el precio del dólar oficial. Pero el aumento de la brecha opera como un incremento implícito de los impuestos a la exportación, de manera que los exportadores que pueden tratan de demorar sus exportaciones o subfacturarlas, reduciendo aún más la oferta de dólares. Es cierto que el aumento de la brecha opera como un estímulo a la demanda de bienes cuyos precios se vinculan con el dólar oficial, como automóviles, o insumos dolarizados de todo tipo. Pero con estos bienes sucede, también, como con los tornillos del cuento, al precio que la demanda quiere comprarlos, no hay, porque el que los vende teme quedarse sin capacidad económica para reponerlos.

Falta incorporar a este escenario el problema sanitario y la falta de vacunas que afecta el nivel de actividad y las ganas de consumir. Dicho sea de paso, el Fondo Soberano de Inversión Directa de Rusia, no produce vacunas, financia e invierte en diversos productores de vacunas, asociado con inversores institucionales rusos e internacionales, de manera que las decisiones de producción, y sobre todo de distribución, están en otro lado. Y encima el mail que envió una asesora del Presidente Fernández debe haber entrado al buzón de spam del amigo Anatoly (¡cuánta ignorancia, inexperiencia y amateurismo jugando con nuestra salud y nuestras vidas!).

En síntesis, más plata en el bolsillo de la gente, en un contexto de pandemia, elecciones y desconfianza, incrementa la demanda de dólares y obliga a racionamientos, restricciones, intervenciones, etc. para evitar que ese exceso de demanda de dólares agote las escasas reservas y/o genere una devaluación del peso aún mayor en el mercado oficial. El resultado es un exagerado precio del dólar en el mercado libre.

¿Aguanta? Pregunta usted. Dado lo que está en juego para el gobierno, seguramente.

¿Y después de las elecciones? Pregunta usted. La segunda temporada, de este desorden macro todavía no se terminó de grabar y spoilear es…otro precio.

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