Cuba, el fracaso definitivo del autoritarismo

El régimen político instaurado por Fidel Castro es un proyecto sin futuro, un modelo inviable que ayer intentó expandirse y hoy ni siquiera logra autosostenerse

Una mujer sale al balcón donde se expone una bandera cubana, en La Habana, Cuba.
Una mujer sale al balcón donde se expone una bandera cubana, en La Habana, Cuba.

Mencionar su nombre lleva a uno de los peores cruces entre sueños y pesadillas. Entre la juventud, esa revolución acompañaba el desafío del heroísmo: el Che Guevara trascendió nuestra vigencia como pocos. Venía de familia elegante, un héroe trágico que anuncia un mundo nuevo y termina imponiendo su retrato en las remeras de una rebeldía sin destino.

Aquella sublevación nacida de la búsqueda de libertad inspiró a millares en el continente y en especial aquí, entre nosotros. Los golpes de Estado les daban sentido a aquellas rebeldías con rasgos de suicidio. Luego, errores varios la llevan a afiliarse al marxismo.

Arturo Frondizi, aquel gran estadista olvidado, recibe al Che pretendiendo evitar su aislamiento pero fue excusa para un golpe, esa limitación mental de la derecha para entender los cambios en el mundo. La oscura lacra de nuestra dirigencia sin talento para cabalgar la historia lo derroca por marxista, repite lo hecho con Irigoyen y con Perón y va a reiterar con Arturo Illia y con Isabel Perón, siempre “en defensa de la democracia y la libertad”, se entiende que se refiere a la de ellos.

Guerra fría, Fidel se va a refugiar en la exitosa Unión Soviética de aquellos tiempos. El marxismo parecía imparable, se comía al mundo capitalista. El Sputnik era el primer satélite, occidente temblaba y Vietnam era el talento derrotando a la tecnología. Vo Nguyen Giap revivía a Napoleón. Mao le devolvía a China el poder del Estado. El marxismo asomaba como la ideología elegida para cuestionar las democracias occidentales. También estaba Corea, y Cuba aparecía como la punta de lanza del avance sobre América.

Miles de guerrilleros se formaron en sus tierras, fue el germen de una revolución sin sentido que se llevó las vidas sin dejar nada a cambio. Entre nosotros tiene inicios en tiempos de Onganía, la destrucción de la Universidad es el origen masivo de la guerrilla. Antes solo algunos grupos que fracasaron apenas iniciado su combate.

Cuba se convierte en el eje de la izquierda continental, en sus tierras se dará formación militar y política a buena parte de una generación. Los curas del tercer Mundo van a contener ese debate, la violencia de los golpes justificaba la apuesta a la confrontación.

Cuba se convierte en riesgo para la paz de la humanidad, los misiles llevan a uno de los peores momentos. Luego vendrá la caída de la Unión Soviética, y como dolorosa consecuencia la isla perderá su sostén económico y sus compañeros de ruta. Dura lección que les serviría a otros pueblos para rescatar el valor de la iniciativa privada. Rusia y China seguirán su rumbo en la historia luego de haber pasado por la tentación del marxismo. Culturas fuertes y consolidadas, con vocación imperial permanente, las ideologías no logran alterar sus costumbres, o quizás sea más claro decir que las acomodan a sus necesidades. Cuba quedo abandonada a su suerte.

Fidel nunca intentó siquiera comprender la democracia y esa limitación le quitó prestigio al pretendido socialismo. Los golpes de Estado fueron de gran ayuda a la causa de la violencia pero cuando se terminaron, Cuba fue perdiendo predicamento y quedó finalmente limitada a su propia sobrevivencia.

El peso de sus exiliados fue siempre importante, nunca lograron mantener abiertas sus fronteras en el tiempo. El exilio era el eterno cuestionamiento y a veces también el sostén económico con sus envíos de divisas. Habían tenido logros importantes, especialmente en salud, que lentamente fueron perdiendo prestigio.

Recorrer la isla marca un lento relajamiento de controles, de prohibiciones exageradas que impedían el ingreso de un cubano a las zonas de turismo. Hoy se permite la presencia de pequeños negocios privados. El turismo fue un complicado ejemplo para su pueblo, una muestra de abundancia sobre la propia carencia. Nunca lograron convertirse en una sociedad autosuficiente y el exilio era el único camino posible para quien tuviera voluntad de desarrollar su iniciativa. La sociedad de consumo puede ser un exceso, la imposibilidad de tener lo mínimo necesario es otro. Cuba es hoy un proyecto sin futuro, un modelo inviable que ayer intentó expandirse y hoy ni siquiera logra autosostenerse.

Del otro lado, las democracias que permitieron el exceso de concentración de las riquezas viven un proceso parecido. El capitalismo chileno dejó de ser un ejemplo, pareciera que el criticado Evo Morales tiene mayor futuro como modelo. Asombra la ceguera de tantos condenando la dictadura cubana, como si estuviéramos en condiciones de exhibir nuestros logros. Cuba es el fracaso definitivo del autoritarismo, sistema de gobierno que suele exhibirse con distintas ideologías, pero que en el fondo termina siempre en la enfermedad del culto a la persona. El fracaso abarca al socialismo y al capitalismo concentrado.

Europa sigue siendo un ejemplo a seguir, es una sociedad que integra a la totalidad de sus habitantes. Visité varias veces la isla, siempre por curiosidad y nunca enamorado de su sistema. La muerte de Fidel los deja obligados a ensayar una salida democrática y asumir para siempre el fracaso del marxismo. Lo absurdo es que semejante dato de la realidad no tenga consecuencia sobre algunos fanáticos oficialistas, tanto como algunos ricos que imaginaron con Francis Fukuyama que la concentración de la riqueza era un sistema definitivo luego de la caída del mundo comunista.

Cuba necesita libertad, tanto como nuestro pueblo tiene derecho a exigir justicia. Sólo cuando la integración social contiene a la totalidad de los ciudadanos, solo entonces, la libertad es un verdadero valor. Llegamos a tener menos del cinco por ciento de pobreza, hace apenas cuarenta y cinco años hoy somos menos libres que antes. Condenar errores ajenos no nos permite olvidar los propios, que son fruto de un sistema político y económico inviable. A los cubanos les falta libertad, a nosotros justicia. Y hasta el momento tenemos candidatos especializados en denunciar los errores ajenos, necesitamos pacificar y proponer, calmarnos para poder pensar un futuro común. Una patria es un destino compartido, con las culpas se busca justificar la realidad, un signo más de pobreza. Y las propuestas, hasta ahora, no logran superar el espacio de la necesidad. Pacificar y proponer, parece poco, pero es demasiado.

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