Mercosur: dos visiones diferentes

Las discrepancias entre los miembros del bloque regional tienen su origen en interpretaciones diferentes sobre la coyuntura internacional y también sobre la forma de impulsar la competitividad de los sectores productivos

Alberto Fernández (c); al canciller, Felipe Solá (i) y al ministro de Desarrollo Productivo; Matías Kulfas (d); durante la cumbre virtual del Mercosur, en Buenos Aires
Alberto Fernández (c); al canciller, Felipe Solá (i) y al ministro de Desarrollo Productivo; Matías Kulfas (d); durante la cumbre virtual del Mercosur, en Buenos Aires

La presentación del presidente Alberto Fernández en la Cumbre del Mercosur planteó un diagnóstico pesimista del comercio internacional que justificaría la posición de la Argentina de retacear las negociaciones con terceros países. El mandatario argentino sostuvo que el mundo está dejando atrás la globalización para volcarse a un regionalismo en momentos en que arrecian el proteccionismo y los conflictos comerciales.

Como ejemplo de una mayor regionalización citó el esfuerzo de la Unión Europea para revitalizar su economía mediante la emisión por primera vez de bonos institucionales y el Acuerdo Regional de Integración conocido por su sigla RCEP que reúne trece países de Asia más Australia y Nueva Zelanda. No incluyó la conclusión del Acuerdo CPTPP firmado en enero 2018 que comprende a países de América Latina, Asia y Oceanía y el Acuerdo Integral de Inversiones entre China y la Unión Europea en diciembre 2020.

Alberto Fernández enfatizó la necesidad de construir cadenas de valor regional basándose en los pronósticos de reorganización a nivel global. Esta idea fue planteada primero por los Estados Unidos cuando aumentó los aranceles de bienes provenientes de China para disminuir su dependencia de las importaciones en sectores sensibles pero también para alentar el regreso de empresas instaladas en ese país. Sin embargo, los antecedentes muestran que las cadenas de valor surgieron sobre la base de condiciones favorables para la inversión y la eliminación de las restricciones al comercio que permitieron una escala de producción competitiva para exportar a mercados de alto poder adquisitivo.

Esta visión negativa sobre el comercio internacional explicaría que el Presidente haya priorizado una agenda proteccionista hasta tanto el sector productivo no solo nacional sino también el regional esté en condiciones de competir y acceder a otros mercados. La idea de que el mundo entró en una etapa agresiva de promoción de exportaciones para reactivar la economía constituye la justificación para implementar una política defensiva y más aún cuando por necesidades internas el Gobierno adopta medidas fiscales que afectan la competitividad de todos los sectores.

El presidente Fernández manifestó su preferencia de aranceles altos para los productos finales y reducción para las partes. Esta política promueve el ensamblado sólo para el mercado local, desalienta la incorporación de tecnología y el precio del producto final es más alto; estas son alternativas para países con mano de obra barata. El contrargumento sostiene que la especialización en componentes integrados a una cadena de valor global permite producir para el mercado interno y externo compensando la importación del producto terminado a un precio menor.

La posición de Alberto Fernández se complementa con su afirmación de que el mundo demandará en forma creciente los alimentos del Mercosur como consecuencia del aumento de la población y de las mejores condiciones de vida. Si por un lado existe una demanda asegurada y por el otro el sector industrial necesita tiempo no habría necesidad de apurarse para abrir el mercado a la competencia ni tampoco para ganar acceso en terceros países. La Argentina retoma su posición tradicional de basar toda su política exportadora en los sectores de recursos agrícolas que podrían complementarse en el futuro con energía y minería. En ese contexto, la industria nunca superaría su “estado infantil”.

Las discrepancias en el Mercosur tienen su origen en interpretaciones diferentes sobre la coyuntura internacional y también sobre la forma de impulsar la competitividad de los sectores productivos. Mientras Brasil empuja para recibir inversiones y recuperar su posicionamiento como una de las principales economías del mundo y Uruguay busca expandir su sector agroindustrial, la Argentina opta por una posición conservadora “hasta que aclare”. Esto explicaría también la insistencia en el Mercosur Social para escuchar las voces de los que no están representados. La Argentina propone retomar la experiencia de 2006/15 caracterizada por el estancamiento de la agenda de integración y que en forma graciosa reiteraba en sus sucesivas proclamas de relanzamiento.

El Mercosur enfrenta una vez más un futuro complicado. La Unión Europea estuvo varias veces al borde de la extrema unción y siempre salió adelante porque existió el compromiso con un destino común a pesar de las diferencias ideológicas. El Mercosur deberá hacer un esfuerzo para consensuar una salida que tenga en cuenta la realidad de cada miembro para encarar su futuro.

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