Cuba: la Revolución se come a sus hijos

Explicar el fracado de Cuba con el único argumento del bloqueo y negar que se trata de una dictadura es de párvulos o de cerebros muy lavados

Protestas en Cuba
Protestas en Cuba

Sí, los vemos, y de paso miremos la obra tan admirable como horrible de Francisco de Goya, Saturno devorando a su hijo, para arrimar a la rebelión popular en Cuba, que la dictadura dinosaurio ataca, a pesar de que no tienen armas, solo canciones y manifestaciones espontáneas, en violación de todo derecho humano.

Saturno, dueño y deidad del tiempo -como el titán Cronos- , se come a sus hijos para que no puedan sucederlo. Eso es mitología más arte, pero estos son los hechos de estos días. Quien haya vivido la revolución del 59, o por estudiarlo en lugar de comprar frases hechas y rancias, sabe que entonces Cuba enamoró al mundo cuando bajaron las barbas cargadas de épica y poética.

Los nombres más empinados del oficio de pensar aprobaron con entusiasmo la caída de Fulgencio Batista y la llegada de la revolución encabezada por Fidel Castro Ruz, abogado con formación jesuítica y destinado al mito del héroe, la encarnación bíblica de David vencedor de Goliat, el Imperio, los Estados Unidos de América.

No fue necesario esperar. A buen ritmo fue a instalarse un poder absoluto dirigido a construir un partido comunista único. Como ahora, con un jefe supremo, la supresión de la propiedad privada, la colectivización forzosa, la persecución, encierro y “reeducación” de homosexuales, las típicas gestas, en este caso la zafra récord para conseguir más y más azúcar, diez millones de toneladas en la que todos tenían que trabajar.

El Che Guvara, uno de los revolucionarios más populares intervino y dirigió con su machete: el objetivo no se consiguió, y ya la economía flaqueaba con efectos desoladores.

También era popular Camilo Cienfuegos entre quienes bajaron desde la sierra hasta La Habana. Con una visión propensa a un poder sin debilidad pero de rasgos democráticos, fue enviado a una misión desconocida: el avión que lo llevaba desapareció. No hubo Cienfuegos en adelante. Huber Matos, escritor, docente, integrante del Movimiento 26 de Julio que ayudó a derribar el régimen de Batista, fue crítico en algunos aspectos del rumbo impuesto y lo pagó caro: veinte años de cárcel. El cargo, sedición.

Ernesto Guevara, Fidel Castro y Camilo Cienfuegos
Ernesto Guevara, Fidel Castro y Camilo Cienfuegos

Vendría la humillante autocrítica y “arrepentimiento” del poeta –gran talento- Heberto Padilla después de su libro Fuera de juego. Al final del encierro debió exponerse ante la asociación de escritores para decir que toda su mirada sobre lo que fuera era errónea y miserable. El poeta se había atrevido a cuestionar la Revolución, y Fidel embistió sobre los intelectuales como sospechosos de contrarrevolucionarios en potencia. Espejo de las purgas de Stalin, réplica funcional para enderezar disconformes y dispersar paranoia. Padilla había sido destacado como corresponsal en la Unión Soviética por la agencia Prensa Latina fundada por Gabriel García Márquez y Rodolfo Walsh. Ya no estaba Koba, nickname de Stalin, pero su paso terrible dejó malherido al poeta.

Revolución y bloqueo.

Aquí, déjenme, no con una idea burocrática de historia tan larga, que podría ser conveniente echar un vistazo a la crisis de los misiles, en 1962, donde Cuba dejó estacionar misiles atómicos soviéticos a tiro de piedra del territorio norteamericano. El descubrimiento tuvo al mundo a décimas de volar la Tierra para siempre. Allí significó un bloqueo militar de los Estados Unidos sobre mar y aire.

Un vistazo al Maleconazo, revuelta del pueblo habanero por falta de alimentos, de información, con adoctrinamiento incesante, de tanta importancia que exigió la presencia de Castro para apaciguar tanta queja y tanta rabia. Otro al período especial, a la caída de la URSS -que sostenía con millones de dólares diarios a su amigo latinoamericano hasta que se cortó el chorro-, cuando cualquier recurso fue bueno para encontrar el tesoro de un pollo, algo de arroz, una botella del ron famoso. Cualquier recurso, no hay que explicar mucho. Ya se había vuelto de las desventuras cubanas en África -mutilados, muertos y objetivos que las tropas no comprendían-, el bloqueo era desde hacía rato embargo mientras que los mandones podían ya ejercer el comercio entre muchos países.

China llegaba ya como un portentoso jugador favorable en el mundo. Sí, pero la pobreza, el hacinamiento, la prohibición no solo de ir a las playas -para turistas-, el enjaulamiento que impide salir, el recurso vital de las remesas, la plata que hacen llegar a sus familiares aquellos que viven fuera de Cuba, un país entero equivalente.

Explicar el fracado de Cuba con el único argumento del bloqueo y negar -aquí también, faltaba más- que se trata de una dictadura es de párvulos o de cerebros muy lavados. Claro que es una dictadura, de qué estamos hablando. Claro que las dictaduras dinosaurio respiran en algún momento con jadeos y ahogos. Claro que este teléfono que cualquiera tiene a la mano posee más potencia que cualquier muro y no se puede mentir. Claro que se trata de derechos humanos, no de injerencia o intervención. Y hacerse los tontos es haber desechado los derechos humanos o sacarlos o guardarlos a voluntad. No se trata de exigir al gobierno de Cuba que cambie de inmediato y tome otra forma, sino de exigir que la Revolución cansada deje de devorar a sus hijos.

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