El ejemplo de un abrazo

Messi y Neymar dejaro atrás la rivalidad para encontrarse fraternalmente como dos amigos. ¡Qué gran gesto en estos tiempos de desasosiego y desencuentros!

(Photo by Gustavo Pagano/Getty Images)
(Photo by Gustavo Pagano/Getty Images)

En 2014, Pascal Boniface escribió un libro, “La geopolítica del deporte”, en el que reflejaba muy claramente una de más importantes dimensiones de esa actividad, su poder blando.

Cuando en muchos casos la globalización diluye las identidades nacionales, el deporte se convierte en la forma más efectiva de unir la Nación, en torno a una narrativa común y una imagen unificadora.

Por lo tanto, el deporte de hoy es más que un deporte. Es emoción, sensaciones, momentos de desesperación, alegría, hermandad... Un elemento de influencia esencial para una Nación.

Y lo hemos vivido nuevamente anoche, cuando nuestra selección nacional de futbol ganó el Campeonato de América.

Finalizada la euforia del triunfo -orgullo y satisfacción por un nuevo y merecido logro- quiero rescatar el ejemplo del abrazo entre Lionel Andrés Messi y Neymar da Silva Santos Junior. Había finalizado el partido, atrás quedaba la competencia, los nervios, los duros pero siempre deportivos choques dentro de la cancha. Llegaba el momento de dejar atrás la rivalidad para encontrarse en el abrazo fraterno de dos amigos, que parecía nunca terminar. ¡Que gran ejemplo, que necesario gesto en estos tiempos de desasosiego y desencuentros!

Que fantástica imagen del Estadio Jornalista Mario Filho -Maracaná-, en donde 22 jugadores escucharon los respectivos himnos nacionales de Argentina y Brasil y nos deleitaron con la pasión de multitudes alentados por miles de connacionales que pudieron presenciar el partido.

¡Que contraste con los encuentros virtuales de jefes de Estado de Mercosur!

Que ejemplo de confraternidad que se inscribe en las mejores tradiciones de nuestra región y hemisferio.

Mas allá de acotados años de oscuridad, la República Argentina siempre fomentó y bregó por la integración y el dialogo regional. Ello está tempranamente reflejado en las instrucciones que lleva Antonio Álvarez Jonte, primer enviado ante Chile en septiembre de 1810, y que se traduce en su discurso de presentación de sus credenciales ante el presidente de la Junta: que los pueblos americanos estaban en el deber de constituir gobiernos propios que los libertasen de ser entregados por sus mandatarios a los usurpadores del trono. Estos gobiernos debían estrechar sus relaciones, mantenerse unidos, auxiliarse mutuamente para resistir a los esfuerzos con que el virrey del Perú trataba de restablecer el régimen antiguo en Chile y en Buenos Aires. Debían, por tanto, hacer de común acuerdo la paz y la guerra, y de acuerdo, también, celebrar con los extranjeros los pactos comerciales y políticos que más interesen a estos países. Esta unión, que debía extenderse a todos los pueblos del mismo origen, era más necesaria entre Chile y Buenos Aires, por las relaciones que mantenían, y también mucho más fácil desde que ambos pueblos se habían dado ya gobiernos análogos.

Continua con otros importantes hitos históricos tales como los Pactos de Mayo, cuya idea surge de la entrevista celebrada entre los presidentes Julio Argentino Roca y Federico Errazuriz Echaurren en el estrecho de Magallanes, el 15 de febrero de 1899, y que se inmortaliza en el famoso abrazo entre ambos jefes de estado.

Así como las respectivas visitas del presidente Julio Argentino Roca a Brasil en agosto de 1899 y la del presidente de Brasil Manuel Ferraz de Campo Salles a la Argentina en 1900. Esta positiva actividad diplomática al más alto nivel, fue definida por un el Embajador brasilero Luiz Felipe de Seixas Correa como la inauguración de un estilo de diplomacia presidencial, que vendría a tornarse característica permanente en la relación bilateral.

Más adelante, hace 60 años, el 22 de abril del 1961 los Presidentes de la Republica Argentina, Arturo Frondizi y de la República Federativa de Brasil Janio Quadros, acordaron el Convenio de Amistad y Consulta, más conocido como la Declaración de Uruguayana, cuyo espíritu se resume en el siguiente párrafo: “que los gobiernos de Argentina y del Brasil están decididos a colaborar de una manera firme y permanente en la consecución de aquellos objetivos que consideran también comunes a todos los países de América Latina, para hacer de la amistad de sus pueblos, una realidad efectiva y para considerar la paz y de democracia en todo el continente…”

Y meses más tarde, el 8 de septiembre de 1961, el presidente Arturo Frondizi se desplaza a Chile para encontrarse con su par Jorge Eduardo Alessandri Rodríguez, y firmar la llamada Declaración de Viña del Mar, otro eslabón en la integración pacífica y democrática de la región.

La Republica Argentina tiene un noble reservorio de tradiciones diplomáticas sobre las que debemos seguir construyendo nuestra política exterior, de forma de dar continuidad a nuestra diplomacia, evitando así guiarnos por la coyuntura o por esquemas ideológicos desconectados del interés y de los valores nacionales.

Y en el diseño de esta Gran Estrategia de Política Exterior, el afianzamiento y modernización de la integración regional en paz y democracia, ocupa un lugar esencial.

En este nuevo siglo XXI, que pareciera estar emergiendo en estos últimos meses, la cooperación y la colaboración deben primar sobre la confrontación. Solo la construcción de un escenario multilateral permitirá transitar esta nueva era y poder progresar y dar satisfacción a las necesidades reales de nuestras poblaciones.

Tal como decía Carlos Saavedra Lamas en su discurso del 18 de noviembre de 1936, ante la Honorable Cámara de Diputados del Brasil, el paso de los hombres por el gobierno solo debe ser considerado como un accidente en la vida de las grandes colectividades, y su mayor aspiración deber ser la de dejar, en el momento transitorio en que actúan, su contribución y cooperación leal y sincera a la gran marcha del tiempo. Tengo la conciencia de haber dado a los ideales que nos son comunes, en mi gestión de gobierno, el sentimiento de una adhesión profunda y una sincera admiración hacia vuestra patria. Mantendré siempre la convicción de que la amistad permanente del Brasil y la Argentina es obra de proyecciones trascendentes.

La historia es siempre una guía para el accionar futuro. Nos permite evitar cometer errores al tiempo que nos ilumina con los ejemplos positivos. ¡No la desconozcamos!

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