Jubilaciones: todo es igual, nada es mejor

El aumento nominal de los haberes previsionales y de pensiones a veces resultan mayores a la inflación presente, y otras inferiores, todo depende del ritmo de la suba de los precios y de la actividad

El peso que el sistema de pensiones tiene en el Presupuesto y la importancia que tiene en proveer ingresos a un grupo poblacional que, en su mayoría, tiene poca capacidad para generarlos, explica que consite mucha atención (Nicolás Stulberg)
El peso que el sistema de pensiones tiene en el Presupuesto y la importancia que tiene en proveer ingresos a un grupo poblacional que, en su mayoría, tiene poca capacidad para generarlos, explica que consite mucha atención (Nicolás Stulberg)

Dado el peso que el sistema de pensiones tiene en el presupuesto y la importancia que tiene en proveer ingresos a un grupo poblacional que, en su mayoría, tiene poca capacidad para generarlos, es natural que la discusión sobre la movilidad del sistema concite tanta atención. En los últimos 12 años ha habido idas y vueltas, incluido un lapso en 2020, que -bajo el argumento de ajustes más solidarios- se recurrió a la discrecionalidad.

En los últimos 12 años ha habido idas y vueltas en el sistema previsional argentino, incluido un lapso en 2020, que -bajo el argumento de ajustes más solidarios- se recurrió a la discrecionalidad.

Antes del comienzo de 2020, los ajustes trimestrales en las jubilaciones y pensiones fueron suspendidos, en principio por 180 días, a la espera de una modificación en la regla de movilidad, en tanto que durante ese período habría ajustes discrecionales que privilegiarían los haberes más bajos del sistema. Hasta ese momento, y desde 2017, la movilidad jubilatoria se regía por una fórmula que consideraba inflación y variación de salarios en una proporción de 70% y 30%, respectivamente.

En los últimos 12 años ha habido idas y vueltas en el sistema previsional, incluido un lapso en 2020, que -bajo el argumento de ajustes más solidarios- se recurrió a la discrecionalidad

El primer ajuste, en marzo de 2020, fue de una suma fija de $1.500 más 2,3% sobre el haber del mes anterior. De esta forma, el aumento para la jubilación mínima fue del 13%, mientras que para la máxima fue de sólo 3,8%. Con este esquema, sólo quienes cobraban la mínima tuvieron incrementos por encima del 11,5% que hubiera correspondido con la ley de movilidad anterior. Para todo el resto del universo de beneficiarios, esto representó una reducción de sus haberes en términos reales.

El ajuste de junio 2020 fue de 6,12% uniforme para todos los haberes, lo que representó una suba por debajo del 10,9% que hubiera marcado la norma suspendida.

En septiembre, a pesar de que el plazo para modificar por ley la movilidad previsional estaba vencido, se continuó con ajustes discrecionales, y esta vez se estableció un ajuste de 7,5%, nuevamente menor que el 9,9% que debió haber sido con la vieja ley. Finalmente, en diciembre las jubilaciones crecieron un 5%, esta vez medio punto por encima de la norma anterior.

Deterioro real de más de 5% en el último año

En resumen, y a pesar de toda la épica sobre la mejora de los haberes, la jubilación mínima -y con ella otras prestaciones, entre ellas la PUAM y la AUH- terminó a fin de 2020 un 5% más baja que la que hubiera correspondido de haberse mantenido la regla de ajuste anterior. En el caso de la jubilación máxima, la pérdida alcanzó a 12,5 por ciento.

Lo que llevó doce meses de análisis terminó siendo casi una réplica de la regla que rigió entre 2009 y 2017, la cual establecía el ajuste de las jubilaciones teniendo en cuenta, en partes iguales, el incremento del salario formal y la variación de recaudación de la seguridad social (Reuters)
Lo que llevó doce meses de análisis terminó siendo casi una réplica de la regla que rigió entre 2009 y 2017, la cual establecía el ajuste de las jubilaciones teniendo en cuenta, en partes iguales, el incremento del salario formal y la variación de recaudación de la seguridad social (Reuters)

Recién a fines de diciembre de 2020, un año después del anuncio, la movilidad jubilatoria fue finalmente sancionada. Lo que llevó doce meses de análisis terminó siendo casi una réplica de la regla que rigió entre 2009 y 2017, la cual establecía el ajuste de las jubilaciones teniendo en cuenta, en partes iguales, el incremento del salario formal y la variación de recaudación de la seguridad social.

En el caso del trabajador registrado se toma la mayor variación comparando la evolución del Ripte (que mide la remuneración sujeta a aportes del sistema de pensiones) y la del Índice de Salarios (IS) del Indec (promedio entre salarios del sector formal privado, sector público y sector informal) del trimestre anterior. En el caso de la recaudación de seguridad social, se considera la variación promedio de los recursos tributarios de Anses por beneficiario en los dos últimos años.

La nueva fórmula de ajuste previsional trimestral se compone de la variación en partes iguales del Ripte o el Índice Salarial (el que resulte mayor) en los tres meses previos al aumento, y la variación de los ingresos de la Anses por beneficiario

Siguiendo estos patrones, en marzo 2021 pasado el ajuste fue de 8,07%, pero dada la aceleración en la variación de los precios al consumidor -que en los tres primeros meses del año ya había superado el 11%-, se otorgó un bono de $1.500 para abril y mayo a quienes perciben la jubilación mínima.

Para junio, el ajuste fue establecido en 12,12%. Para ese período, de haberse mantenido los ajustes según la formula anterior se hubiera otorgado un aumento acumulado del 16% versus 21,1% actual.

En resumen, tras un año de ajustes y modificaciones, el haber mínimo de junio es apenas menor del que correspondería de haberse mantenido el statu quo. Sin embargo, si bien el nivel se equiparó, los menores ingresos percibidos durante el año anterior sí significaron un ahorro para el fisco, y un menor nivel de vida para los beneficiarios en ese lapso.

A su vez, los haberes de las jubilaciones diferentes de la mínima mantienen un nivel inferior al que habría resultado sin modificaciones en la fórmula de movilidad.

Fuente: FIEL
Fuente: FIEL

Si bien queda claro que los jubilados han estado peor durante el 2020 con los ajustes discrecionales, falta agregar que pasó, además, en la comparación con la evolución de los precios.

Sin fórmula mágica

A lo largo de 2020, las jubilaciones crecieron entre 34,7% la mínima y 32,2% el haber máximo, mientras que los precios al consumidor medidos por Indec crecieron 36,1 por ciento.

En el corriente año, mientras las jubilaciones van a haber acumulado un aumento de 21,1% en el primer semestre los precios se estima lo hagan en alrededor del 27 por ciento.

En el corriente año, mientras las jubilaciones van a haber acumulado un aumento de 21,1% en el primer semestre los precios se estima lo hagan en alrededor del 27 por ciento

Al margen de que el sistema necesita una discusión seria sobre el criterio para ajustar haberes e intentar eliminar las discrepancias con otros regímenes que tienen ajustes vinculados solo al salario de la actividad (judiciales, docentes, servicio exterior) y que, por lo tanto, no ven manipulado su ingreso en la pasividad por ajustes discrecionales como sí sucede en el régimen general, es cierto que no existen fórmulas de movilidad superadoras ya que todas, de una forma u otra, dependen de la evolución del ciclo económico.

Es probable que, en los próximos meses, los altos niveles de inflación de la economía determinen que un ajuste más vinculado a la evolución de los precios resulte en haberes más altos, mientras que en etapas de baja inflación y alto nivel de actividad, ajustes vinculados a salarios y recaudación arrojen una mejora relativa de las jubilaciones.

En una economía sin rumbo fijo, todo da igual.

Esta nota es un anticipo de la publicación Indicadores de Coyuntura N°631 que elabora la Fundación FIEL

SEGUIR LEYENDO: