¿Acaso mi plata no vale?

El nuevo paquete covid-19 por $488.000 millones (1,3% del PBI) se llevará una gran parte de estos saldos. El Banco Central seguirá emitiendo pesos para financiar al Tesoro y este continuará colocando deuda en el mercado local

El presidente Alberto Fernández y el ministro de Economía, Martín Guzmán
El presidente Alberto Fernández y el ministro de Economía, Martín Guzmán

La expresión del título de esta nota se utiliza cuando alguien quiere pagar algo y no se le acepta. ¿Usted se imagina viajando al exterior en el medio de la pandemia, entrar con barbijo y protocolo a un bar neoyorquino y querer pagar con el peso argentino? ¿Usted piensa que el peso vale y cómo nos sobra en nuestro país, el Club de París y el FMI se están reuniendo tantas veces con nosotros porque están pensando cobrar en esa moneda la deuda que tenemos, o porque de la moneda que necesitamos para pagar tenemos muy poco? ¿Usted, que es industrial y tiene pesos argentinos, está pensando en ahorrarlos en un chanchito en su oficina para realizar una operación en el mercado formal de cambios mayorista para su próximo pedido importador, o se cubre comprando con esos pesos argentinos en el mercado paralelo del contado con liquidación billetes de color verde?

No los quiero aburrir pero podría contar muchas más de estas situaciones por las que atraviesan los argentinos a diario con su moneda. Hay si una justificación de por qué la “la plata no vale” y puede ser comparada con uno de los orígenes de esa frase. Cuando alguien quiere seguir bebiendo en un bar y si estado no es el mejor, es probable que el cantinero no le de más alcohol. Muchas veces, ante la negativa, el beodo responde: “¿Por qué no me vendés, acaso mi plata no vale?”.

De acuerdo a un informe del Ieral, una extensión de las restricciones sociales con ampliación del paquete de medidas covid llevaría su costo fiscal a 2,1% del PBI, frente a 3,4% erogado en 2020

Tranquilamente el beodo en este caso podría ser el Estado Argentino. Con una recaudación adicional de 2.800 millones de dólares aportados por las retenciones, el impuesto a la riqueza por única vez de $223 mil millones, una recaudación impositiva récord en abril de 2021, con crecimiento del 105,2% interanual donde el PBI había caído 25,9%, la baja del déficit fiscal sigue siendo materia pendiente. El nuevo paquete covid-19 por $488.000 millones (1,3% del PBI) se llevará una gran parte de estos saldos. El Banco Central seguirá emitiendo pesos para financiar al Tesoro y este continuará colocando deuda en el mercado local. De acuerdo a un informe del Ieral, una extensión de las restricciones sociales con ampliación del paquete de medidas covid llevaría su costo fiscal a 2,1% del PBI, frente a 3,4% erogado en 2020. El déficit primario sería de 4,3% del PBI en un escenario base en 2021 y en 5,2% en el pesimista, frente a 6,5% del 2020 y 0,4% en 2019. No se descarta a su vez incorporar más impuestos o subir alícuotas y sin embargo los números no cierran.

El ministro Martín Guzmán implementa una política económica contracíclica con paquete de medidas de Asistencia Social cuando se imponen restricciones sociales que afectan la economía. Parecería lógico que lo haga. Pero la interna que tiene que dirimir desde el punto de vista político le implica que un ala de su propio partido de gobierno piense que con una inflación del 46,7 interanual cuando las restricciones sociales se flexibilizan toda ese emisión no generará daño al valor de la moneda y a la suba del nivel de precios de los bienes y servicios de nuestra economía. Tampoco que ese ala entienda que bajar el déficit implica no incrementar los subsidios de tarifas de servicios públicos ni planes sociales y sostenerlo en forma permanente sino para la contingencia en forma provisoria por que también se financian con emisión monetaria.

Una extensión de las restricciones sociales con ampliación del paquete de medidas covid llevaría su costo fiscal a 2,1% del PBI, frente a 3,4% erogado en 2020.

Las políticas procíclicas de este tipo son típicas de los países en vías de desarrollo, pero más de los países como Argentina en contexto eleccionario. Busca acrecentar el ciclo económico en forma edulcorada pero sin una política de estabilización efectiva que garantice su continuidad en el tiempo.

La creación de dinero no demandado por la actividad económica real genera una ilusión de asistencia social permanente que incluso destruye en el corto plazo el valor real de la asistencia. Una familia cobraba un plan de $6.000 el año pasado y este año se requiere duplicarlo a $12.000 porque con esos mismos pesos se compra la mitad de alimentos. Más dinero circulando en las calles con menos cantidad de bienes y servicios para ofrecer en contraparte seguirá haciendo caer el valor real del peso argentino y en unos meses estaremos hablando de incremento del plan social a $15.000, pero sin incentivos reales para la creación de más bienes y servicios que generen empleo para sustituir los planes sociales. La inflación es la caída del valor real del dinero por exceso monetario contra bienes y servicios ofertados en el mercado. Subirá el nivel de todos los precios de esos mismos bienes y servicios no producidos en la misma proporción para demandar artificialmente tanta moneda. La meta de Inflación de Guzmán para 2021 de 29% quedará en los papeles y olvido.

El caso de Argentina es singular. La inflación en alimentos es de 43,7% y la general del 40,6% interanual, mientras que en el resto de los países es más baja y de menos de un dígito

Un interesante informe del OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) compara la inflación general versus la inflación en alimentos de diferentes países. Allí se ve que los alimentos tienen inflación interanual por encima del índice general en varios países del mundo, incluso en América Latina, aunque en otros cae tanto la inflación general como la inflación en alimentos en un mundo en recesión por pandemia.

Sin embargo el caso de Argentina es singular. La inflación en alimentos es de 43,7% y la general del 40,6% interanual, mientras que en el resto de los países es más baja y de menos de un dígito. Con un agravante adicional: los precios regulados, como las tarifas de servicios públicos, están retrasados y vamos hacia un retraso real del tipo de cambio. A su vez, Argentina, a diferencia de esos países, tiene un problema de caída de la inversión y empleo desde 2011 a 2021 por lo cual su situación social es más preocupante con pobreza del 42% de su población e indigencia del 10,5 por ciento.

Como si fuese poco, el escenario es complejo para los ciudadanos de a pie ya que la variación salarial interanual de los que aún conservan su empleo es del 32,7% frente a esa inflación interanual del 43,7% en alimentos. Para los que son monotributistas, autónomos o totalmente informales su desgracia es mayor. No tienen ingresos constantes y las restricciones sociales son el cierre de la puerta al ingreso para millones de personas que terminan cayendo en la pobreza o indigencia.

Para los que se preguntan “por qué nuestra plata no vale” poniendo énfasis en sí la culpa la tuvo la gestión de gobierno de Maurico Macri, Cristina Kirchner o la de Alberto Fernández, un informe de Ecolatina sobre la pérdida de valor del peso argentino entre 2003 y 2021 pone blanco sobre negro la respuesta. Tomando en consideración, 220 meses entre 2003 a 2021, el peso le ganó a la inflación del período y al dólar solo en 20 meses. La mayor apreciación de nuestra moneda se dio entre enero 2003 y agosto 2005. La receta del otro lado de la barra es “no se puede gastar más que aquello que se produce, se recauda y se genera en la economía”. Las palabras mágicas en aquel entonces eran superávit comercial (exportamos más de lo que importamos) y superávit fiscal (recaudamos más de lo que gastamos). Simple.

De ahí en más el borracho del bar pide más impresión de moneda y más impuestos desde hace 16 años y después se pregunta: ¿acaso mi plata no vale?

SEGUIR LEYENDO: