La recuperación del PBI se agotó antes de lo esperado y de las nuevas restricciones a la circulación de los trabajadores

La contracción del nivel de actividad en marzo cayó como un trago amargo, tanto por la tendencia que marca como por el signo inesperado, como porque ocurrió previo a las medidas preventivas destinadas a reducir los contagios de COVID-19

La industria automotriz acusó en abril el efecto del aumento de los contagios de COVID-19, redujo la producción por mayor ausentismo (EFE)
La industria automotriz acusó en abril el efecto del aumento de los contagios de COVID-19, redujo la producción por mayor ausentismo (EFE)

El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de marzo que publica el Indec (con casi dos meses de rezago) mostró una caída en términos mensuales desestacionalizados de 0,2%. A simple vista, no parece un dato aterrador. No obstante, sorprende por el leve signo negativo cuando las estimaciones privadas esperaban una suba de entre 0,5% y 1% mensual.

De esta manera, se trata de la segunda contracción consecutiva luego de bajar 0,9% en febrero, dejando una caída acumulada de 1,1% del bimestre febrero-marzo.

Es un mal dato dado que: 1) confirma la tendencia levemente negativa previa a la instauración de restricciones a la movilidad y 2) implica un punto de partida más bajo de lo esperado (dadas las estimaciones privadas para marzo) para las contracciones mensuales que probablemente vengan en los indicadores de abril y mayo producto de las creciente restricciones por la agudización de la crisis sanitaria.

Probablemente vengan contracciones en los indicadores de abril y mayo, producto de las creciente restricciones por la agudización de la crisis sanitaria

De esta manera, el nivel de actividad todavía sigue 1,8% por debajo de los niveles pre-pandemia de feb-20. En otras palabras, la economía todavía no ha logrado (ni logró en enero) recomponerse luego de la brutal caída de la cuarentena de marzo y abril 2020 (25,7% acumulado), incluso habiendo encadenado nueve meses de aumentos mensuales positivos entre mayo 2020 y enero último.

Y ya empezó a caer, alejándose de ese punto de partida. Queda como anécdota el crecimiento anual de 11,4%, que compara contra un marzo 2020 que había mostrado una caída de 11,1% anual, producto de 12 días de cuarentena estricta. La comparación válida, con marzo de 2019, muestra una contracción de 0,9%. De esta forma, el PBI del primer trimestre mostraría un magro crecimiento de 2,4% anual y una disminución de 2,9% respecto del primer trimestre de dos años antes.

El PBI del primer trimestre mostraría un magro crecimiento de 2,4% anual y una disminución de 2,9% respecto del primer trimestre de dos años antes

En la apertura por sectores, la economía no muestra grandes ganadores. Al primer trimestre, apenas tres de los quince sectores muestran niveles más altos que los del primer trimestre de 2019: la Industria 4,4%, el Comercio 2,9% y las Actividades Inmobiliarias 1,4 por ciento.

Los más castigados son, como era de esperar, Hoteles y Restaurantes y Transporte y Comunicaciones, que están 40,8% y 15,7% por debajo de 2019, respectivamente.

Efecto arrastre positivo

A pesar de todos estos datos negativos, el arrastre estadístico podría maquillar el crecimiento promedio anual en torno al 4,5% a 7% anual.

El nivel de la actividad económica de marzo deja un arrastre estadístico de 7,5% anual para 2021 (7,6% si tomamos el promedio del primer trimestre). Esto significa que, si la economía crece 0% mensual entre abril y diciembre, la expansión versus 2021 será 7,5 por ciento.

El nivel de la actividad económica de marzo deja un arrastre estadístico de 7,5% anual para 2021

Una de las múltiples combinaciones de datos podría ser en un escenario pesimista “otorgar”: 1) una caída mensual de 0,5% mensual en abril; 2) otra baja de 5% mensual en mayo (cabe recordar que marzo 2020 tuvo una disminución de 10,5% con 12 días de cuarentena); 3) otro retroceso de 7% en junio (asumiendo una semana de junio y todos los fines de semana de confinamiento); 4) recuperación de 7% y 5% mensual en julio y agosto, respectivamente; y 5) nulo aumento entre septiembre y diciembre. ¿Cuánto crecería la economía con estas variaciones? 4,7 por ciento.

Siguiendo este caso hipotético, la economía tendría que crecer 6,1% promedio en 2022 para recuperar la caída de 9,9% promedio de 2020 y volver a los niveles promedio de 2019. Esto es una muestra de lo que le cuesta recuperarse a la economía de un confinamiento duro de “apenas 40 días” como el de 2020 (más allá de cierto manejo errático de la política económica).

En este contexto, sería sano que las autoridades minimicen la duración de un nuevo confinamiento y aceleren el proceso de vacunación, que es la mayor política económica pro-crecimiento que puede tener un gobierno.

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