Desde el casamiento hasta el chongueo: los nuevos modos que tenemos les jóvenes para vincularnos

Del amor para toda la vida de nuestros padres -una mochila complicada de llevar- a que tengamos relaciones con alguien que no necesariamente amemos o que chapemos “porque pintó” es un lenguaje muy propio de nuestra generación que a muches de generaciones más grandes les cuesta comprender

Ese romanticismo que antes era indispensable para los vínculos, ese romanticismo que seduce y venera, hoy casi que nos cuesta creerlo (Getty)
Ese romanticismo que antes era indispensable para los vínculos, ese romanticismo que seduce y venera, hoy casi que nos cuesta creerlo (Getty)

Mis padres se conocieron en el año 1985 en Villa Gesell. Mi viejo era guardavidas ahí y mi vieja hacía temporada de laburo en un local de Balcarce. De casualidad, o no, a mi papá le agarró un antojo voraz de un “copito de dulce de leche” y, al toparse con aquella tienda, decidió entrar. Es muy conmovedor y además entretenido ver a mi papá contar esta historia, lo hace con una pasión y una performance que inevitablemente te dan ganas de verlo en una película.

“Entré, la vi y me enamoré. Le dije, aunque pareciese un loco, que la amaba, que quería casarme con ella y formar una familia”. Mi madre, en ese momento, se espantó y con razón. Si un tipo que no conocés entra a tu trabajo y te tira esa, es como para al menos asustarse. Por fortuna, también vio algo en él que la hizo intrigarse: “Me sacaba una sonrisa”. Esa misma tarde, después de su horario laboral, fueron a caminar por la playa. “No tenía nada para regalarle y demostrarle que yo estaba enamorado en serio, así que me arranqué el parche de la cruz roja (donde trabajaba en ese momento) que tenía en la malla y se lo di. Le dije que el cuatro de marzo la buscaría por su casa a las siete de la tarde para conocer a su familia”. ¡Omg un montón! Pero curiosamente, en aquel momento no era ni cerca un montón, de hecho todo lo contrario.

Ese romanticismo que antes era indispensable para los vínculos, ese romanticismo que seduce y venera, hoy casi que nos cuesta creerlo. No porque seamos “anti romanticismo”, a quién no le gusta que le digan cosas lindas. Creo que todes estamos re in en la movida “cliché” de vez en cuando. Lo que digo es que, hoy en día, los lazos se sostienen por razones que no necesariamente están vinculadas al amor romántico.

Para muches de nosotres esto es una obviedad. Que salgamos con gente que no necesariamente queremos, que cojamos con gente que no necesariamente amamos y que chapemos “porque pintó” es un lenguaje muy propio de nuestra generación que a muches de generaciones más grandes les cuesta comprender. Y tiene sentido. Antes nuestros padres se conocían y al año se casaban con el plan de formar una familia. ¡Hoy apenas sabemos qué carajo vamos a desayunar! ¿Cómo voy a saber si la persona que me invitó a tomar una birra es el amor de mi vida? Mejor dicho, ¿Por qué carajo esa persona sería el amor de mi vida? Me pregunto por qué esa obsesión con la búsqueda del amor, con la búsqueda de ese amor como si fuese el único.

Es moneda corriente la pregunta “¿estás de novie?”, sin embargo, casi nadie nos pregunta si queremos estar de novies. Esa mochila que nos fueron cargando en nuestras espaldas, hizo que la mayoría de les jóvenes nos alejásemos de la idea de un amor romántico, al menos de lo que hoy significa eso.

Desde la Cenicienta hasta Casi Ángeles, desde Closer hasta La bella Durmiente y todas las novelas con las cuales la tele nos ha deleitado a lo largo de estos años, no supieron más que dictaminar que nuestro motor de vida, nuestra razón de ser, nuestra motivación para estar bien, debía ser un otre. De ese modo, subestimaron la “soltería” llevándola al terreno de la soledad. La mujer que necesita un príncipe azul que la bese para seguir con vida, el príncipe que rescata a la princesa del encierro en un castillo, el zapatito perfecto, la bestia que secuestra a la mujer, la Sirenita que deja todo por un chabón, el casamiento arreglado de Jazmín y tantos otros modelos que creímos verdaderas absolutas.

Que salgamos con gente que no necesariamente queremos y que chapemos “porque pintó” es un lenguaje muy propio de nuestra generación que a muches de generaciones más grandes les cuesta comprender (Getty)
Que salgamos con gente que no necesariamente queremos y que chapemos “porque pintó” es un lenguaje muy propio de nuestra generación que a muches de generaciones más grandes les cuesta comprender (Getty)

Crecimos repitiendo “y vivieron felices por siempre”. Creyendo que el único modo de ser feliz era desde la felicidad estática, desde la felicidad continua. Casualmente o no, nunca nos mostraron cómo seguían esas parejas en ese “para siempre”. Tampoco nos explicaron que ese “siempre” implicaba mucho más que el primer beso de amor. Que implicaba una cotidianeidad, altos y bajos. Que el amor no siempre sería lo que sostendría todo, ni lo más importante y que habría infinidad de cosas y modos de construir un vínculo. Nadie nos habló de lo difícil que sería esa construcción.

Y ni que hablar cuando sos mujer, madre soltera y por encima de los cuarenta, que te inyectan la imposición de un amor romántico como si fuera la única solución a tus problemas. Cuando un varón cría a su hije solo, es un campeón, un sugar daddy. Por el contrario, cuando lo hace una mujer, se la desexualiza por completo. Y si coge, más le vale que sea con una pareja seria porque si no es alta puta. Palabra que seguimos usando despectivamente. ¿Desde cuándo el sexo debe ser ejecutado solo a través del amor? ¿Acaso los hombres cuando eran pibes no debutaban (y algunes hoy en día) con trabajadoras sexuales? ¿Por qué la mujer debería esperar al “indicado” para coger por primera vez? ¿O al indicado para coger todas las veces que tenga ganas?

Les jóvenes tenemos una palabra que siempre viene bien y es la de “chongue”. No podría haber sido mejor. ¿Y con quien te ves? Con une chongue. ¿Y qué son? Chongues. Es una palabra que nos da tranquilidad, nos quita el miedo al futuro, al vacío.

Decimos chongo, chonga, chongue para ser menos débiles ante las imposiciones socio-culturales, pero lo cierto es que no hay nada que explicar ni nombrar (a menos que se desee hacerlo). Lo que quiero decir es que no todo es vertical, no todo es noviar, ni casarse, ni formar nada. Una vez más, a menos que eso se desee. No tenemos por qué enamorarnos a primera vista ni proponerle matrimonio a une extrañe. Lo único que hay que demostrar es lo que sintamos ganas de demostrar. ¡Pero no es una obligación!… no metamos a la sexualidad en ese plano porque entonces deja de ser divertido. Lo importante es entender que nuestras elecciones sexo afectivas deberían provenir de nuestros propios deseos. Y que esos deseos pueden ser infinitos y diferentes entre sí.

A mí me costó mucho trabajo bajar la “vara alta” del matrimonio feliz. Ver a mis padres amarse y respetarse como lo hacen después treinta y seis años me llena de emoción, pero también me hizo pensar por mucho tiempo que yo debía conseguir y alcanzar lo mismo. Pero ese no es el único modo de ser feliz y es muy importante entenderlo.

Para mí fue muy conmovedora Frozen; ya llegando al final, cuando Kristoff lleva a Anna a conocer a Grand Pabbie, este le revela que lo único que podrá romper el hechizo será un acto de amor verdadero. Como estamos tan mal acostumbrades, por “acto de amor verdadero” pensamos en el esperado beso del príncipe. Pero por el contrario, el beso, que en este caso vendría a ser un abrazo, se lo da su hermana Elsa (Disney)
Para mí fue muy conmovedora Frozen; ya llegando al final, cuando Kristoff lleva a Anna a conocer a Grand Pabbie, este le revela que lo único que podrá romper el hechizo será un acto de amor verdadero. Como estamos tan mal acostumbrades, por “acto de amor verdadero” pensamos en el esperado beso del príncipe. Pero por el contrario, el beso, que en este caso vendría a ser un abrazo, se lo da su hermana Elsa (Disney)

Ver que las cosas cambian es muy motivador. Ver que ahora el “ser joven” se extendió tanto que entonces ya son menos les que se guían por el “reloj biológico” y sobre todo por el “reloj cultural” (para mí el más peligroso) es alentador. Ese “tic toc” que nos ha ido comiendo la cabeza poco a poco, debilitándonos y construyendo más y más inseguridades, ya no tiene la fuerza que tenía antes. Sin ir más lejos, hace no mucho se estrenaron películas como Brave o Moana. Y una película que para mí fue muy conmovedora de las últimas de Disney es Frozen; ya llegando al final, cuando Kristoff lleva a Anna a conocer a Grand Pabbie, este le revela que lo único que podrá romper el hechizo será un acto de amor verdadero. Como estamos tan mal acostumbrades, por “acto de amor verdadero” pensamos en el esperado beso del príncipe. Pero por el contrario, el beso, que en este caso vendría a ser un abrazo, se lo da su hermana Elsa.

Veo a mis amigues enamorarse y desenamorarse mil veces, tener citas casuales y no tanto, les veo disfrutar. Y aunque parezca obvio, hace diez años no era así. Salir era casi como una tortura porque el único objetivo era conseguir al fucking amor de tu vida. Ni lo era pasarla bien con tus amigues ni el abrazo de tu hermana. La liviandad (en el buen sentido de la palabra) con la que manejamos los vínculos ahora, nos permite ser más flexibles y permeables. Nos permite probar sin que equivocarse sea una tragedia. Nos permite entender un poco más qué queremos y qué no. Nos permite que la búsqueda sea mucho más que la obsesión por encontrar a un otre, a esa supuesta media naranja.

¡Al carajo con eso, nosotres somos la naranja más completa de todas! Y como dice mi amiga Feli, seamos felices ahora que para el siempre todavía hay tiempo.

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