Las cajas de la política y la añorada unidad nacional

Gobierno y oposición compiten en denuncias y falencias pero sin grandeza no hay futuro

Alberto Fernández con gobernadores
Alberto Fernández con gobernadores

Hay solo dos fuentes de financiamiento, gobierno y oposición, ambos manejan dineros del Estado. Eso explica que hasta ahora no haya más que dos líneas políticas. Luego aparecen como líberos algunos economistas que en nombre de las grandes empresas piden baja de impuestos y eliminar leyes laborales.

Todo terminó dependiendo del dinero. Eso arrastra al absurdo de que se intente recuperar al peronismo -y a veces al mismo radicalismo- desde el PRO, que al anclarse en CABA y barrios privados expresando a los triunfadores se convierte en única alternativa al poder nacional.

No es cierto que sólo se puede derrotar al gobierno desde el PRO. El gobierno puede ser primera minoría, no importa si gana, sólo importa cuál es su porcentaje de votos. Los peronistas en su mayoría no soportan al kirchnerismo pero tampoco ven con agrado instalarse en el PRO para escapar de la cárcel camporista. Lo absurdo es imaginar al financiamiento como suplente de las ideas, de ésas que hace tiempo la política supo ceder a los economistas y a la farándula. Entre ambos será difícil reencontrarse con el destino.

El oficialismo, el camporismo o kirchnerismo como se lo desee denominar, tiene una carátula peronista con un texto mitad progresista y mitad marxista, con una reivindicación de la violencia de la guerrilla en su mutación en “derechos humanos”. Ellos serían los dueños del pasado y de las ideas: el peronismo, ese pensamiento que alcanzó el mayor nivel de patriotismo con pueblo, del que no quedan sino deformaciones. Lo mismo pasa con el radicalismo y el mismo conservadurismo. Todos los estadios del pensamiento nacional fueron devaluados entre el universalismo de los liberales de mercado que imaginan al ciudadano como consumidor y los marxistas con la fábula del proletario. Ambos sin patria ni identidad siendo los bancos la contracara del Politburó.

Es difícil diferenciar quién resultó más dañino, Macri lo fue para las clases media y baja pero los Kirchner fueron perjudiciales para la economía en su conjunto. Invadidos por un pensamiento marxista de café nos obligan a defender Venezuela como si en algo hubiera razones para hacerlo. Cuba al convertirse en dictadura se asumió como tragedia para el socialismo. Concebir la justicia social como resultado de la pérdida de la libertad es inaceptable. Claro que si Cuba fue tragedia, Venezuela se convierte en comedia patética, sólo rescatable desde el resentimiento. El peronismo pudo albergar prácticas autoritarias, nunca evitó las urnas ni se manchó con sangre, no pueden decir lo mismo quienes lo derrocaron en nombre de supuestas “libertades”. La patética decadencia en las ideas lleva a algunos a percibir que “la derecha” promueve las clases presenciales y “la izquierda” es quien se opone por ideología. Grotesco, pensamientos de alineados por dependencia económica que no soportan otra explicación. Y los otros hablan de democracia e instituciones sin referirse nunca al tema de la distribución de la riqueza. Cuarenta y cinco años impulsando pobreza e intentan darnos un curso de “instituciones”. ¿En qué lugar de la democracia ubican a la justicia social? Pareciera no formar parte de su acalorada defensa de la libertad.

La grieta guarda un valor esencial, no obliga a nadie a cambiar y en consecuencia cada quien puede continuar lucrando de su aporte a la injusticia. Porque de eso se trata, la clase dirigente fue usurpando derechos y propiedades de todos para ponerlas a su propio servicio. Así la sociedad se convierte en rehén de esta renovada aristocracia que goza de prebendas y poderes que recuerdan al más oscuro medioevo. Así como el federalismo implicó desarrollo de lo regional para su integración con identidad, el feudalismo es su contracara donde todo poder se vuelve prebendario. Y los beneficios condicionan las ideas y es notoria la abundancia de candidatos que han recorrido el oficio de funcionarios en los dos oficialismos. Cierto es que la deformación que el kirchnerismo ejecutó del peronismo es tan exagerada que terminó expulsando a la mayoría de sus seguidores. Ya Menem había alterado la misma esencia del peronismo. En rigor es la política la que agoniza, después del último golpe la voluntad de lucha frente a la injusticia se fue debilitando. Ese golpe fue siniestro, desaparecidos y endeudamiento quiebran el patriotismo mucho más de lo que habíamos imaginado. Y luego, en nombre del peronismo Menem regala las empresas del Estado y Kirchner nos conduce a la confrontación permanente. Ambos enfrentan la voluntad del último Perón y de todos los gobiernos anteriores. Alfonsín no logra sus objetivos, sus sucesores los concretan siendo estos en su gran mayoría, retrógrados y nefastos. No estamos frente a un problema económico, la política necesita gobernar por sobre los negociados que hoy generan la sangría de divisas sin aportar otra cosa que las rentas de una estafa. Perón proponía la tercera posición, “ni yanquis ni marxistas”, hoy habitamos la tercera posición de lo nefasto, una burocracia estalinista sin ética y un imperialismo empresario sin límites. Muy pocos trabajan y generan riquezas, sin embargo una nueva burguesía, sin otro pasado que la viveza, maneja el poder asociado al gobierno de turno.

La política espera un militante que transite el llano, cuya propuesta sea lo suficientemente fuerte como para no necesitar quien la financie. Debería ser alguien que cuestione la esencia del sistema que hoy se asienta en la viveza de los ganadores, en el poder de los grandes grupos que están sin lugar a dudas ligados a ambos partidos mayoritarios. Alguien que apueste a la fe de los que esperan, que necesitan recuperar la confianza. Y esa expectativa no será descendiente de ninguna prebenda vigente, por el contrario, surgirá de quien se asuma capaz de cuestionarla. El mundo desarrollado decide el proteccionismo frente a China, nuestro infantil y absurdo “libre mercado” no tiene vigencia ni entre sus socios fundadores.

La unidad nacional, ese desafío que avanza como necesidad imprescindible, pareciera hoy más lejana que nunca, como si la clase dirigente lo percibiera como el cadalso de sus prebendas. Gobierno y oposición compiten en denuncias y falencias pero sin grandeza no hay futuro. Demasiado olvidaron que el llano es un hábitat más digno que algunos cargos.

La política tendrá su retorno para instalar la justicia. Los tiempos de la historia suelen ser extensos, pero no imagino que debamos esperar demasiado.

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