Los equilibristas

Las recientes restricciones para enfrentar la segunda ola de contagios nos han generado a todos una catarata de emociones que afectaron nuestras nuevas normalidades

Un hombre camina solo por la calle durante la primera noche de las nuevas restricciones
Un hombre camina solo por la calle durante la primera noche de las nuevas restricciones

En palabras de Platón, el hombre es como el cochero de una carroza con dos caballos. El placer y el deber. El arte del cochero consiste en domar la fogosidad de ambos caballos y en ese fino equilibrio, llegar salvo a destino.

Según el calendario hebreo estamos transitando la tercera de las siete semanas del Omer. Para los místicos, cada una de esas semanas posee una fuerza espiritual relacionada a alguna de las dimensiones de lo divino (Sefirot), que se reflejan en nosotros y a las que estamos llamados a evaluar en estos días. Esta semana está vinculada a la “Sefirá de Tiferet”, lo que se traduce como “Belleza”. Sin embargo, lejos de hablar acerca de la belleza que apreciamos y juzgamos con los ojos, nos invita a embellecer nuestra forma de encarar las decisiones y elecciones para la vida.

La Cabalá nos dice que en la semana de Tiferet debemos trabajar el “Equilibrio”. Corrernos de los extremos, salirnos de la dicotomía y transitar el punto medio. Aprender a domar las emociones, dominar el lazo de las pasiones y guiar los sentidos hacia nuestros rumbos. Un brazo emite el juicio, mientras que el otro abraza. Uno sujeta la rienda de lo que debemos, mientras el otro la rienda de la empatía al abordar lo que hagamos. Motivación y moderación. Empuje y paciencia. Fortaleza y sonrisa. Energía y contención. Entonces, elegir o esperar. Avanzar o meditar. Decir o callar. Luchar o reparar. Estos días debemos aprender a transitar todo ese mundo de energías, desde el equilibrio. Tiferet nos hace equilibristas de nuestras emociones.

Las nuevas restricciones en relación a la pandemia, nos han generado a todos una catarata de emociones que desequilibraron nuestras nuevas normalidades, nuestras retomadas rutinas y las expectativas varias de proyectos que comenzábamos a encarar. Un mundo de emociones totalmente válidas y justificadas. Entonces aparecieron mezcladas la bronca y la resignación. El enojo y la aceptación. La crítica y la comprensión. El asombro y el conformismo. El grito y el silencio. Y en tantos casos, la lágrima y la resiliencia.

Como equilibristas emocionales, quizá debiéramos comenzar por dominar la soberbia de creer que todos sabemos cómo se maneja una pandemia, como también administrar el asombro ante la desorganización, la falta de claridad o de un plan de los que están a cargo. Moderar la bronca por los vacunatorios para los amigos del poder, así como los altos niveles de irritación por la falta total de vacunas. Regular el sentimiento de indignación que genera la acusación a los médicos de haberse “relajado”, así como la resignación por la manera en que se relajaron las responsabilidades para testear y conseguir dosis para todos y todas. Templar el orgullo de haber entendido, finalmente, lo innecesario de cerrar las escuelas tal como aseguraron todos los ministros y funcionarios, al igual que templar la sensación de desesperación por ver a los chicos encerrados otra vez en casa y la incredulidad ante la falta de palabra.

Gobernar el enojo por la improvisación total de unos y el oportunismo de otros. Vencer la ira al sentirnos en medio de una batalla que no es contra el virus, sino por las miserias que genera la próxima elección. Mantener la cordura ante la falta de diálogo, la fe ante la pérdida de toda confianza y el coraje ante la total ausencia de liderazgo y autoridad. Dejar de lamentar lo que ya no está en nuestras manos cuando sabíamos hace meses que llegaría otro invierno sin dosis, y comenzar a responsabilizarnos por lo que sí está en nuestras manos.

Esta semana de Tiferet necesitamos recobrar el equilibrio, domar nuestras emociones y encontrar así, la carretera.

En el Talmud (Tratado de Sanhedrin 98a), nos cuentan que cierta vez el Rabí Ioshua ben Levi se encontró con el Profeta Eliahu. Tomando provecho de semejante oportunidad, le preguntó:

-¿Maestro, cuándo va a llegar el Mesías?

-¿Por qué no le preguntas tú mismo? – respondió el Profeta.

-Pero… ¿dónde lo puedo encontrar?

-Se encuentra afuera de las puertas de la ciudad. Entre los leprosos, los aislados, los solitarios, los que están allí afuera. Él también está solo, curando sus heridas.

Amigos queridos. Amigos todos.

El equilibrio de las emociones nos hace generadores de belleza. En este nuevo invierno de barbijos que comienza, nuestro alma pide que seamos equilibristas. Recuperar el equilibrio, redoblar nuestras energías e ir en busca de los que están en los márgenes. Los que vuelven a quedar solos. Los que quedarán otra vez aislados. Afuera de todo.

Lo hicimos el año que pasó. Lo haremos mejor aún esta vez. Iremos a buscar, acompañar, ayudar y contener a cada abuelo solo, cada abuela aislada. A cada chico sin sus amigos, a cada familia sin un plato de comida. A cada uno de los que perdieron su trabajo, a cada una de las que perdieron su esperanza. Cada uno de ellos puede ser el Mesías. Sólo está esperando que salgamos a curar su herida, para sanar las nuestras.

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