Alberto, Malvinas y el “nopasanadismo”

El fenómeno no es nuevo y parece pétreo. La narcotización de la realidad argentina traerá un peor hecho en el futuro que hará olvidar el de hoy

El gobierno argentino reconoce que la pobreza creció al 42 por ciento y no pasa nada. Más de 6 de cada 10 pibes es pobre y tampoco pasa nada. Un diputado nacional oficial patotea a los periodistas, los insulta y luego dice que no se arrepiente. Un colega de la oposición casi lo desafía a las piñas y no pasa nada. Hay 4500 argentinos, el número mas grande el planeta, que fueron voluntarios para las pruebas de la vacuna de Pfitzer pero la gestión Alberto Fernández no cerró ningún acuerdo con ese laboratorio sin dar explicaciones y no pasa nada. La niña M es un caso conmovedor. Ya olvidado porque no pasa nada.

El fenómeno del “nopasanadismo” argentino no es nuevo, claro. Bolsos con plata reboleados, deudas familiares licuadas desde el gobierno en lo más cercano, presidente frívolos de pizza con Champagne y guardapolvos robados o pollos podridos comprados por bueno. Sin embargo, ni la magnitud de la crisis actual, sanitaria y económica, parecen ser el origen del fin de ese nihilismo masoquista. El “nopasanadismo” parece pétreo y la narcotización de la realidad argentina traerá un peor hecho en el futuro que hará olvidar el de hoy.

La Argentina sigue exhibiendo evidentes fracasos frente a la pandemia. Si los modos de combate al coronavirus son la responsabilidad individual (higiene, distanciamiento, barbijo) más el testo masivo, aislamiento y trazabilidad, los resultados son evidentes. La gestión actual “quemó” la posibilidad de cierres o Lock down abusando de una cuarentena eterna que, de paso, si era cuestionada entonces se merecía la muerte civil de asesinos insolidarios. Hoy, ni Fernández ni Larreta pueden proponer un encierro duro por el colapso económico o psicológico creado. Por los testeos, seguimos haciéndolos poco y desordenadamente. El especialista Conrado Estol demostró con números que hasta al secuenciación genómica del virus es peor que en los países vecinos.

Pobres testeos. ¿Y vacunas? Argentina se dio el lujo de no tener inmunizadores de varios laboratorios. El caso más restallante es Pfitzer. “Pidieron cosas inaceptables”, dijo el renunciado ministro González García. ¿Cuáles? ¿De qué forma? ¿Quién lo explicó? Nadie. Porque no pasa nada. Salvo la nota del colega Hugo Alconada Mon en La Nación que cuenta que allí hubo egos por las primeras reuniones y una inconcebible presunta colisión de intereses al poner a una ex empleada de Astra Zeneca a negociar con Pfitzer (de ser así, es un escándalo) nadie dice. ¿Para la ministra Vizzotti? No pasa nada. Está ocupada en seguir negando la existencia de un vacunatorio vip (aquí, claro, se puede negar hasta la lluvia) y recibiendo aviones patrióticas con algunos miles de vacunas en la tierra en donde se prometieron 25 millones de dosis en diciembre.

En nuestro país casi uno de cada dos es pobre. Casi 7 menores de 14 años es pobre. La cifra debería haber caído como un rayo que fulminara la actividad pública y convocara de emergencia a la política a tomar cartas en el asunto. Nada. No pasó nada. ¿Es tan ambicioso creer que si toda la clase dirigente se reúne y se propone generar que todos los argentinos cuenten con un plato de comida caliente por día con la intermediación de gente insospechada y con el aval de todo el arco político? Esto podría ser si los datos mencionados no se instalaran en la desidia “nopasanadística”.

Sin embargo, el clímax de este desprecio fue en esta semana la memoria por las Islas Malvinas. ¿Qué cosas generan cierta unidad de sentimiento en nuestro país? Las unanimidades son siempre peligrosas pero cierto consenso general sobre algunos temas resultan imprescindibles para construir un país. Un par, dos o tres ideas. ¿Puede ser el reclamo por las Islas Malvinas y el reconocimiento por los hombres que pelearon por ellas uno de ellos? ¿Nos une Malvinas? Si la respuesta es afirmativa, resulta impactante la nada con la que se memoran las dos cosas. Y no se habla de los escuálidos actos de los inquilinos del poder. A hoy, hay miles de excombatientes que esperan que la ANSES ejecute la orden de pagarles un retroactivo de su pensión de guerra por 9 años en los que, en democracia, se les negó.

Quien tuvo la fortuna de pisar el suelo malvinero, sabe de la emoción que implica. Apartado de cualquier nacionalismo, ese bello paisaje opacado por el recuerdo de una guerra, presente en las minas personales aun sin remover, tiene presente a cada paso la argentinidad de los combatientes que allí pelearon. Hay museos con los chocolates. enviados desde del continente que jamás llegaron a las manos de los jóvenes compatriotas. Hay residuos militares en las zona de combates. Hay un sonido tristemente inolvidable de rosarios colgados en cruces blancas del cementerio de Darwin en donde yacen hombres argentinos identificados y cuerpos sólo conocidos ante Dios. Allí, en Malvinas, pasan cosas. Sucede la memoria para no repetir, las historias de coraje para recordar, la certeza de que esa guerra fue un antes y un después en nosotros a pesar de que se siga jugando en esta parte del continente, cada 2 de abril, con el siniestro “Nopasanadismo”.


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