Argentina: incertidumbre, desconfianza y temor

El tratamiento de los vencimientos de la deuda pública no está claro en las más altas esferas del gobierno nacional

En el Gobierno no hay una idea clara sobre el tratamiento de los vencimientos de la deuda pública (EFE/EPA)
En el Gobierno no hay una idea clara sobre el tratamiento de los vencimientos de la deuda pública (EFE/EPA)

Los conflictos y problemas se precipitan y multiplican aceleradamente, por ello la incertidumbre, la desconfianza y el temor hoy dominan a la Argentina. En lo económico, el miércoles 24 de marzo por la mañana el Presidente Alberto Fernández mantenía una videoconferencia con David Malpass, presidente del Banco Mundial y le reiteró la voluntad del Gobierno de pagar sus deudas y cumplir con sus compromisos. Paralelamente su ministro de Economía Martín Guzmán en EE.UU aseguraba a los funcionarios del FMI que cumpliríamos con lo acordado. Simultáneamente también ese día, pero pocas horas después, desde Las Flores la vicepresidenta anuncia que en cuanto a las negociaciones con el FMI: “No podemos pagar la deuda, no tenemos la plata”.

Pero no todo termina aquí, en la misma semana el Presidente complica más las cosas retirando al país del Grupo Lima y finalmente con falta de tacto político y diplomático confronta en la cumbre virtual del Mercosur con el Presidente del Uruguay Luís Lacalle Pou y entorpece aún más las tensas y dificultosas relaciones que mantenemos con nuestros tres socios y vecinos.

Ante estas contradicciones el Presidente cuatro días después, para despejar dudas sobre quien tiene la “última palabra” en la Argentina sin ruborizarse ni inmutarse afirma en una entrevista radial con Horacio Verbitsky, que la “deuda contraída con el FMI es impagable, que no la podemos pagar porque no tenemos la plata” de esta forma públicamente reconoce y acepta que el poder y las decisiones las detenta Cristina Fernández de Kirchner.

Todos estos pasos en falso y contradictorios del Presidente y la firmeza de su contraparte la vicepresidente en términos económicos generan y significan incertidumbre, dudas, pérdida de confianza y fundamentalmente temor

El presidente Mauricio Macri cuando tomó la deuda por USD 57.000 millones con el FMI sabía que no se podía pagar, ni en los plazos ni en los términos y condiciones en que la estaba contrayendo, el Fondo era consciente de esto, dada la excepcionalidad del monto que respondía a motivaciones políticas.

Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner deberían actuar y proceder de manera prudente y diplomática para acordar nuevas condiciones de pago de la deuda (EE)
Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner deberían actuar y proceder de manera prudente y diplomática para acordar nuevas condiciones de pago de la deuda (EE)

Ahora Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, que también son conscientes de esta situación, deberían actuar y proceder de manera prudente y diplomática para acordar nuevas condiciones de pago, que trabajosamente van a ser aceptadas contemplando el contexto, las necesidades y posibilidades del país, pero inexplicablemente con irresponsabilidad están haciendo todo lo contrario.

Costos muy elevados

Se llegó a un punto que no admite más dilaciones ¿Por qué? Todos estos pasos en falso y contradictorios del Presidente y la firmeza de su contraparte la vicepresidente en términos económicos generan y significan incertidumbre, dudas, pérdida de confianza y fundamentalmente temor. Los resultados están a la vista, empresas que emigran, inversiones que no se hacen, empresas que quiebran, disminución del empleo y de dinero, desabastecimiento, potenciar la inflación, resumiendo un país que se derrumba.

Las soluciones económicas requieren siempre de decisiones políticas, pero como muchos políticos no toman en cuenta ni evalúan el origen de los problemas y mucho menos las consecuencias de sus procederes todo se complica. Hoy todos los empresarios sin distinción de envergadura o actividad pueden con simplicidad exponer cuáles son sus problemas y sus soluciones y en todos los casos advertiremos que todas son homogéneas y concordantes.

Básicamente para que una economía funcione sin importar su orientación, requiere de seguridad jurídica, un plan y una dirección unificada, organizada y coherente, para quienes nos gobiernan esto es inexistente, entonces como queremos salir de esta trampa destructiva.

Para que una economía funcione sin importar su orientación, requiere de seguridad jurídica, un plan y una dirección unificada, organizada y coherente

Los problemas se conocen y las soluciones también, entonces ¿Qué pasa? Que muchos políticos viven en un micro clima bien protegidos y mantenidos, no les interesa considerar que el mundo continúa cambiando, en sus formas, necesidades, comportamientos, proyectos y soluciones.

Los grandes grupos económicos y megaempresas hacen su juego y ganancias, porque por su capital, sus contactos internos y externos están informados, protegidos y defendidos. Algunos dirigentes gremiales con su gangsteril proceder se igualan a los primeros y son los responsables de la existencia de millones de trabajadores en negro que están desprotegidos e indirectamente motivan que el sistema jubilatorio este desfinanciado.

¿Entonces quiénes son los que quedan fuera del juego?: Las pymes y las economías regionales, con las lógicas consecuencias de quiebras, despidos y legiones de nuevos pobres y desocupados.

Si se quiere comenzar a transitar el camino de la sensatez, y la normalidad, se deberá modificar y simplificar todo el sistema tributario, modificar la legislación laboral manteniendo la equidad entre el trabajador y el empleador
Si se quiere comenzar a transitar el camino de la sensatez, y la normalidad, se deberá modificar y simplificar todo el sistema tributario, modificar la legislación laboral manteniendo la equidad entre el trabajador y el empleador

A fuerza de ser reiterativo, si se quiere comenzar a transitar el camino de la sensatez, y la normalidad, se deberá modificar y simplificar todo el sistema tributario, modificar la legislación laboral manteniendo la equidad entre el trabajador y el empleador, defendiendo los intereses de ambos y quitando los privilegios desmedidos de algunos dirigentes gremiales, atenernos a la Constitución y la Ley, es decir mantener y respetar la seguridad jurídica.

Hay que asumir la realidad y corregir el rumbo. Las próximas elecciones son la oportunidad democrática y legal para lograrlo. Napoleón decía: “En los negocios humanos, no es la fe la que se salva, sino la desconfianza”.

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