Nueva ley para la industria automotriz: ¿cuál fue la hoja de ruta para alcanzarlo?

El objetivo era alinearse para alcanzar lo mejor para la industria y el sector en el largo plazo

"El caso de la industria automotriz nos muestra que esto se puede en la Argentina. Debe ser un espejo que deben imitar e intentar replicar otras industrias y sectores", asegura el autor
"El caso de la industria automotriz nos muestra que esto se puede en la Argentina. Debe ser un espejo que deben imitar e intentar replicar otras industrias y sectores", asegura el autor

En estas últimas semanas han aparecido en distintos medios noticias sobre la ley que el gobierno impulsará para el sector automotriz. Aparecen temas como nuevas inversiones, la creación de un Instituto para la movilidad, mejora de competitividad, desarrollo de proveedores locales y nuevos lanzamientos de modelos.

Algo de aire fresco en un contexto complejo como el actual, con mucha incertidumbre y una sociedad muy golpeada por este inesperado contexto COVID que redefinió todas las reglas de funcionamiento a nivel empresarial y de la sociedad.

Me parece sumamente importante destacar que la buena noticia a la que nos referíamos es el destino final de una hoja de ruta de trabajo que empezó hace dos años. Es la frutilla del postre pero de un postre que no surge por voluntarismos, ni vientos favorables ni tampoco por cercanía o amistad con el poder de turno.

El compromiso era de prioridad absoluta a la asistencia a la mesa de diálogo y de cumplir con <i>todas las tareas para el hogar</i> que esto implicaba en términos de búsqueda de información, análisis de datos y cuantificación de resultados

Lo que han visto los lectores en los medios, por la anunciada ley, es algo parecido a la punta de un iceberg. El iceberg en sí mismo, la gran base que da sustento a esa ley fue un proceso largo y sostenido de diálogo y construcción de consensos en el sector. Proceso riguroso, metodológico, de gran compromiso de tiempo de agendas y de 10 meses de trabajo intenso. Una experiencia similar al muy nombrado Pacto de la Moncloa pero enfocado en una industria específica.

Que además presentó una singularidad destacable en la historia de desencuentros y antinomias de nuestro país. Todos los actores relevantes de la industria automotriz, y todos los eslabones principales: terminales automotrices, sindicato, proveedores y concesionarias se sentaron a una mesa de diálogo común. En un ámbito de trabajo neutral y de aliento a la apertura como es el contexto académico y también con responsables metodológicos para facilitar el proceso.

Fue clave para garantizar el éxito la aceptación por parte de los involucrados de tres premisas innegociables para este proceso.

Primero, el objetivo era alinearse para alcanzar lo mejor para la industria y el sector en el largo plazo. Teniendo que dejar pretensiones individuales de lado si esto afectaba la posibilidad de llegar a un acuerdo.

Ni el gobierno de su momento ni ninguna figura política tuvieron involucración en el proceso de elaboración de la visión 2030 del sector y solo tuvieron protagonismo al recibir la propuesta final de la mesa de diálogo y comenzar con el avance hacia la generación de una ley

Segundo, el proceso de alcanzar una visión común y poder delinear propuestas y proyectos para una industria sustentable no era sentarse a tomar un café, ni esbozar ideas generalistas, ni tampoco asistir a las reuniones cuando otros temas prioritarios lo permitiesen. El compromiso era de prioridad absoluta a la asistencia a la mesa de diálogo y de cumplir con todas las tareas para el hogar que esto implicaba en términos de búsqueda de información, análisis de datos y cuantificación de resultados. Con interlocutores estables y del primer nivel de las organizaciones involucradas y que asistían a todas las reuniones que demandaba la agenda.

Tercero, y sumamente relevante, disposición a construir confianza en la mesa de diálogo. En base a una actitud de apertura y flexibilidad, sabiendo definir prioridades en el mapa de intereses y con una actitud de estar dispuesto a conceder para acompañar el avance del proceso.

Es importante destacar que ni el gobierno de su momento ni ninguna figura política tuvieron involucración en el proceso de elaboración de la visión 2030 del sector y solo tuvieron protagonismo al recibir la propuesta final de la mesa de diálogo y comenzar con el avance hacia la generación de una ley. Esto fue sumamente relevante para preservar poder la pluralidad del proceso, limitar el desgaste por choque de ideologías y poder ir entonces desarrollando la virtud del dialogo como factor de avance y mejora en la sociedad.

En resumen, construir diálogo y consenso en la sociedad no es una moda, ni menos una frase hecha, ni tampoco un voluntarismo. Es un proceso sistemático, ordenado y riguroso de avance desde las grandes divergencias iniciales de la mesa de diálogo a las convergencias finales. El caso de la industria automotriz nos muestra que esto se puede en la Argentina. Debe ser un espejo que deben imitar e intentar replicar otras industrias y sectores. Pero es esencial que presten suma atención a las premisas y compromisos que hemos descripto anteriormente para evitar frustraciones de avance posteriores. También el caso de la industria automotriz es excelente para que tomen nota todas las facciones políticas de nuestro país y faciliten a través del diálogo la construcción de una mejor sociedad hacia el futuro.

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