El sector público también debe ser competitivo

Es deseable un Estado que pueda cumplir sus funciones de manera excepcional destinando los recursos necesarios, pero eso sólo se logra haciendo crecer la economía e invirtiendo los recursos disponibles en mejorar aún más la competitividad

La Casa Rosada, sede del gobierno argentino (Reuters)
La Casa Rosada, sede del gobierno argentino (Reuters)

Es una realidad casi generalmente aceptada que Argentina es un país poco competitivo. Para aquellos que aún no lo hayan aceptado, pueden consultar la última edición del ranking de competitividad elaborado por el IMD World Competitiveness Center, que recolecta información sobre las diferentes variables que afectan a la competitividad de un país. En la edición 2020 hemos caído una posición más, a la anteúltima de los 63 países evaluados, reemplazando a Mongolia, aunque aún por arriba de Venezuela.

Las discusiones públicas sobre la competitividad recaen generalmente sobre algunos sectores particulares de la producción, muchas veces involucra a la competitividad cambiaria y otras tantas veces se debaten los problemas de competitividad originados por los impuestos.

Sin embargo, la incidencia del sector público sobre la competitividad se suele subestimar, ya que va mucho más allá de los impuestos, que son sólo parte del problema. Pensemos por ejemplo los efectos que tendrá sobre la productividad de un país una población con un nivel bajo y desigual de educación o una pobre evaluación de proyectos de infraestructura que lleve a ejecución de obras menos necesarias en detrimento de las más productivas.

La incidencia del sector público sobre la competitividad se suele subestimar, ya que va mucho más allá de los impuestos, que son sólo parte del problema

La competitividad es entonces un problema tanto de la manera y la magnitud en la que se recauda para financiar el gasto como de la correcta asignación del gasto ejecutado. Adicionalmente, un mal diseño de política fiscal que lleve a una elevada presión tributaria con un aún más elevado gasto público difícil de financiar, añade más componentes a la pérdida de competitividad.

Ahora bien, ¿por qué es importante ser competitivo? Las naciones compiten por la disponibilidad de factores productivos como capital y trabajo. Expandir estas fuerzas productivas mejora las variables deseables de una economía, como la producción, el empleo y el ingreso de los individuos. En esta oportunidad, quisiera focalizar en la importancia de un sector público competitivo para la competitividad del país en general, partiendo desde un ejemplo más intuitivo, enfocado en el sector privado

En el sector privado, las empresas buscan conseguir mejor rentabilidad. Para esto, deben procurar ser competitivos en los precios a los que venden sus productos de manera de llegar a una mayor porción de la demanda (lo que determinará sus ingresos), pero esto sólo lo van a poder lograr siendo eficientes también en sus costos (gastos). Además, para tener mayores ingresos, deberán dar un producto que sea útil para la sociedad. Si logran mayor rentabilidad, conseguirán acceso a más y mejor financiamiento para expandir su capacidad productiva y/o mejorar sus costos. Así, se vuelve a alimentar el círculo virtuoso mencionado, ofreciendo más bienes y servicios, de mejor calidad y a menor precio para el consumidor.

¿Por qué es importante ser competitivo? Las naciones compiten por la disponibilidad de factores productivos como capital y trabajo

En este sentido, una empresa siempre va a estar en la búsqueda de ser mejor que su competencia, para poder disputarle parte del mercado. Pero esto no es estático, esta disputa por la competitividad también la llevan adelante el resto de las empresas para no perder su mercado, por lo que el conjunto de la sociedad se ve beneficiado por la búsqueda de beneficios del sector privado en su conjunto.

Ahora, pasando al sector público, la situación es análoga. El sector público debe ganar competitividad para obtener más y mejores ingresos, lo cual les mejora sus resultados fiscales y las posibilidades de acceder a financiamiento (en los mercados y mediante organismos internacionales) para expandir su capacidad productiva (infraestructura, educación, salud, etc.). Para esto, deben procurar ser competitivos en los impuestos que cobren y en la productividad que ofrezcan de manera de llegar a una mayor proporción de los capitales dispuestos a invertir, pero esto lo va a poder lograr siendo eficiente también en sus gastos. Para expandir su recaudación no alcanzará con subir los impuestos, sino que deberán brindar un servicio atractivo para los que deseen invertir (como seguridad jurídica, estabilidad macroeconómica, etc.) y para aquellos que residan (salud, educación, seguridad, etc.).

Tener una estructura tributaria competitiva depende en gran medida de la tasa efectiva que pagan los agentes económicos, pero también de la relativa simplicidad de la legislación al respecto y de la simplicidad al momento de cumplir con las obligaciones. Estudios del Banco Mundial en asociación con la consultora PwC permiten demostrar cómo estos tres aspectos tributarios se relacionan positivamente con la inversión y la formalidad de la economía. Nuevamente, según estos estudios nos ubicamos como el país con la mayor tasa de presión impositiva efectiva sobre las empresas del mundo.

El sector público debe ganar competitividad para obtener más y mejores ingresos, lo cual les mejora sus resultados fiscales y las posibilidades de acceder a financiamiento

Para alcanzar el objetivo de brindar mejores servicios a la población, es necesario tener una estructura tributaria competitiva frente a nuestros pares para competir por los capitales en búsqueda de inversiones. Consiguiendo inversiones aumentan los recursos del Estado por un lado y mejora la producción, el empleo y los salarios por el otro.

Por el lado del gasto, no hay sentido en que sea excesivamente alto en relación al tamaño de la economía. El verdadero Estado presente es aquel que tiene un gasto grande per cápita y no el que tiene un gasto grande en términos del PIB. Es deseable un Estado que pueda cumplir sus funciones de manera excepcional destinando los recursos necesarios, pero eso sólo se logra haciendo crecer la economía e invirtiendo los recursos disponibles en mejorar aún más la competitividad.

Tener hoy en día un gasto público más alto que el de Suiza, no nos hace brindar mejores servicios públicos a la sociedad. El gasto público se puede incrementar en términos del PIB, pero tiene el límite de los recursos que pueda recaudar el sector público. Análogamente, para generar más recursos que permitan elevar el gasto hay que hacer crecer la economía, ya que llevar la presión tributaria a niveles elevados en una economía chica no solo recauda poco, sino que estanca su crecimiento.

Finalmente, las inversiones no dependen únicamente de las variables cuantitativas de competitividad que ofrece la administración gubernamental, sino que también depende de otras variables cualitativas. Ejemplos de las variables cualitativas pueden ser la seguridad jurídica, la facilidad para hacer negocios, las libertades políticas y económicas, el nivel de corrupción, etc. Si observamos la clasificación de estas aristas en el IMD, vamos a observar que tampoco aportamos competitividad en esos sentidos. No es que sea una buena noticia, pero nos indica que estamos a algunos acuerdos institucionales de distancia de poder competir en muchas mejores condiciones.

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