Justificación del ventajismo: porque llegué primero, te pego, porque soy gobierno, me vacuno

El relato se renueva. Las autoridades se superan a sí mismas día a día en los argumentos a los que apelan para justificar la arbitrariedad en el ejercicio del poder

El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y la ministra de Salud, Carla Vizzotti (REUTERS/Agustin Marcarian)
El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y la ministra de Salud, Carla Vizzotti (REUTERS/Agustin Marcarian)

El Presidente de la Nación buscó minimizar el vacunatorio VIP del Ministerio de Salud -gracias al cual funcionarios, sus familiares y amigos del poder se dieron la vacuna sin respetar el orden de prioridades fijado por el propio organismo- asegurando que “adelantarse en la fila” no es un delito.

Ahora, el inefable Jefe de Gabinete nos sorprende -todavía- con una justificación de la violencia que le hace eco a ese argumento presidencial: el que llega primero tiene derecho a pegar.

En el fondo, lo que se justifica es la arbitrariedad del que ejerce el poder: porque soy Gobierno tengo privilegios y al que los cuestiona lo puedo patotear.

Es el rol que jugaba Luis D’Elía durante las anteriores administraciones kirchneristas.

“Adelantarse en la fila” no es delito, si hablamos de colarse en el cine o en el banco. Lo que no quiere decir que esté bien. Si se trata de niños o de adolescentes, puede ser una travesura; en adultos, es inconducta, falta de conciencia cívica, de empatía y de solidaridad. Egoísmo. Si el vacunatorio de Ginés fuese sólo eso, tampoco sería muy digno de un funcionario que tiene a su cargo ni más ni menos que la Salud pública.

El hospital Posadas quedó en la mira del vacunatorio VIP porque fue el director de la institución en persona a aplicar las dosis en el Ministerio de Salud
El hospital Posadas quedó en la mira del vacunatorio VIP porque fue el director de la institución en persona a aplicar las dosis en el Ministerio de Salud

Pero resulta que estamos en medio de una pandemia que ya se cobró la vida de más de 50 mil argentinos y respecto de la cual están claramente determinados los sectores de la población que más expuestos están al virus y los que, en caso de contraerlo, más riesgo de muerte corren. Sobre eso, hay absoluto consenso. Acá y en el mundo. Y en base a eso se fijaron las prioridades para la vacunación. Saltárselas es algo más que una viveza de viaje de fin de curso.

El escándalo del Vacunatorio VIP tapó en cierta forma otro: el de la organización clientelar y partidaria del plan de vacunación bonaerense. Los pibes de La Cámpora alardeando de haber sido vacunados no fueron errores o descuidos. Aunque hubo algunas avivadas escandalosas, como la de las dos concejales del Frente de Todos de la localidad de San Andrés de Giles que se vacunaron de prepo junto a sus familiares y amigos, el resto fueron jóvenes convocados o reclutados por el Gobierno para ponerle su sello a la campaña. Lo que el ministro llama falsamente telemedicina era la atención telefónica para dar información sobre la pandemia. Otros se ocuparon de tareas administrativas -recepción y registro- en los centros de vacunación.

Todos ellos -en su mayoría muy jóvenes- fueron vacunados como “personal de salud”.

El ministro Daniel Gollán en persona lo justificó en Twitter: “Primero que la cuarentena no servía, después que la vacuna era veneno. Ahora la nueva es que no hay que vacunar a los pibes y pibas que sostienen la campaña de vacunación y los centros de telemedicina. Periodismo basura y oposición irresponsable, dos modelos que hacen daño.”

A confesión de parte….

El tuit de Gollán confirma lo que se señaló oportunamente en este medio: La Cámpora te vacuna. O sea, el oficialismo se encargó -desde la innecesaria campaña para anotarse que más parecía una afiliación partidaria, hasta los pibes y pibas en los vacunatorios- de ponerle el sello a la vaKuna. De la Sputnik V a la Sputnik K.

La pregunta para el ministro de Salud bonaerense sería: ¿corre más riesgo un joven de entre 18 y 30 años atendiendo un teléfono en una oficina o incluso recibiendo a los que vienen a vacunarse a un centro que por lo general ni siquiera funciona en un hospital, que el chofer de un ómnibus, el empleado de un almacén, el dependiente de una farmacia, el policía o el bombero y todos esos trabajadores esenciales que durante el largo año de cuarentena no pararon de trabajar? ¿Realmente tenían que ponerse esos “pibes y pibas” primeros en la fila? Eso no es una prioridad sanitaria. Tiene otro nombre. Ventajismo.

Los “pibes y pibas” que defiende Gollán no tienen contacto con enfermos de Covid, no tienen que atenderlos, intubarlos, medicarlos, como sí lo hacen los verdaderos profesionales de la Salud. Asimilarlos a ellos es un subterfugio para justificar un privilegio indebido.

Lo más triste es el mensaje que se les da a esos jóvenes: militar no es poner tu tiempo, tu talento, tus recursos al servicio de los otros; militar es enchufarse, conectarse a un sistema que te abre la puerta a todos los privilegios. Es “adelantarse en la fila”, “llegar primero”.

La agresión física a un anciano en la vereda de la Quinta presidencial de Olivos no tiene justificación. Por eso se termina diciendo cualquier cosa. ¿Hay algo más adolescente que el ‘yo llegué primero’?

En el fondo, su excusa pueril le hace eco al “colarse en la fila” del Presidente de la Nación. Y adopta el mismo tono agresivo del acto de apertura de sesiones del Congreso.

La justificación de la violencia física es el correlato de la violencia verbal del discurso presidencial, más fuera de lugar que nunca por darse en el Congreso que representa a todos los argentinos.

El Gobierno debería recordar el viejo axioma de que la violencia de arriba engendra la violencia de abajo.

La prepotencia y la arbitrariedad son fruto de una concepción absolutizante del poder. Y el (mal) ejemplo cunde.

Porque soy gobierno, me vacuno cuando quiero; porque llegué primero, te pego.

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