La criatura de hoy: vacunoamérica

La pegajosa vergüenza de los vacunadores adelantados a todos no se podrá despegar así como así

El (previsible) y explosivo descubrimiento de una trama de favorecedores amigos, actores de poca monta siempre listos para inclinarse y ligar algo, choferes y secretarias, fanáticos organizados con una sola idea pero ni siquiera de estos tiempos sino del setenta, sobre la vacunación, nos acerca a nuestro destino latinoamericano. Sí, ni hablar, como en Borges y el último cuchillo en la garganta , el degüello para el doctor Narciso de Laprida, presidente de la asamblea que anunciaba la libertad. Se empezó sin demora.

Apenas llegaron mujeres y varones a Tucumán para proclamarla entre el polvo, los pumas, los indios en guerra, y al hacerlo también comieron, bebieron y se reprodujeron esa misma noche bajo los jazmines, la nueva nación que pugnaba se partió en facciones feroces. Esa sangre es la del presente apenas contenida. Robarse vacunas, adelantarse, es una manera de atrasarse y tal vez de matar. Está en nuestros mensajes hereditarios, aunque se nos haya engañado con la historieta de que la Argentina era una rareza histórica, un país europeo con una capital que puede parecer incluso imperial para un imperio imaginario y falso.

Siempre éramos mejores, más inteligentes, una nación de señores dominantes. Hasta nuestros dictadores, fruto abundante, éramos más altos, con gominazos mejor logrados en las cabezas, con mejores botas y mejores guantes. Inventos o sueños como la patria grande, fueron tergiversados para los períodos de fingimiento democrático: un club de déspotas producidos, disfrazados como protectores de los pobres que iban a redimir. Porque democracia, asumida, descontada, no hubo ni hay por entero en América Latina.

La pegajosa vergüenza de los vacunadores adelantados a todos no se podrá despegar así como así. No solo habrá que vacunar de manera que inmunice a un país- el panorama es de un desorden absoluto- sino muchos problemas urgentes además. Habrá que vacunar- ¿cómo? ¿con qué? ¿quiénes?-, sino también barrer de las calles a los motochorros y ladrones de todo formato y modalidad, educar, contener el matadero de mujeres acuchilladas, una por día, producir algo además de la competitividad del campo demonizado, ejemplar en el mundo y beneficio asombrosa de la política como socio forzado. Comer, llegar. Debe hacerse, a pesar de que se ve todo el tiempo que no están a la vista los líderes que la Argentina necesita para dejar su pantano. Que se está en un momento de mediocridad y desconcierto. Gobernantes y una oposición anémica al mismo tiempo.

Un gran territorio con pocos habitantes y posibilidades, sigue precapitalista o amaga convertirse en una tiranía socialoide. Es el producto de- uno de tantos- del drama de los días que corren: Vacunoamérica.

A poner el hombro. Para la aguja o para empujar el crepúsculo de la decadencia. Rubén Darío lo vio y lo pidió en su poema a Colón: “Cristóforo Colombo/ Pobre Almirante/ ruega a Dios por el mundo que descubriste”.

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