La desigualdad que reina en la Argentina

“La pandemia ha dejado al descubierto la difícil situación de los pobres y la gran desigualdad que reina en el mundo”, nos enseña el Papa Francisco

La Pasión y Resurrección del Hijo de Dios fue preanunciada a sus discípulos por el propio Jesucristo en tres oportunidades. Primero cuando Jesús “empezó a explicarles que “el Hijo del Hombre tenía que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumo sacerdotes y los letrados, sufrir la muerte y luego de tres días resucitar” (Mc 8, 31; Lc 9, 22-27; Mt 16 21-23). Luego, en otra ocasión, recorriendo Galilea, les volvió a explicar: “El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de hombres que le darán muerte; después de morir, pasando tres días, resucitará” (Mc 9, 31; Lc 9:44; Mt 22-23). Por último, tras reunir a los Doce les dijo: “Miren, estamos subiendo a Jerusalén: el Hijo del Hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los letrados, lo condenarán y lo entregarán a los paganos que se burlarán de él, lo escupirán, lo azotarán y le darán muerte, y luego de tres días resucitará” (Mc 10, 32, 33, 34; Lc 18, 31-34;Mt 20 17-19).

También los testimonios de los Evangelios sinópticos y otras pruebas dan cuenta de cómo esos anuncios se cumplieron.

¿Era necesario que Jesucristo fuera crucificado y muerto?

La “necesidad” -tal es el término de la interpretación teológica- del martirio y la muerte en la Cruz está en relación con la nueva alianza preparada por Dios (YHWH, “Yo soy el que soy” Ex.3 14) para los hombres, fundada en el Amor. También mostrarle al mundo la Misericordia divina de quien entrega a su Hijo -el cordero de Dios- en una misión salvífica. Misión de la que como lo había anunciado a sus discípulos pudiendo haberlo evitado, libremente no lo evita.

Antes de celebrar la Resurrección del Señor anualmente los católicos tenemos la oportunidad de meditar y renovar nuestra relación con el Dios supremo, uno y trino, relacional: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

La cuaresma es apropiada para que los católicos renovemos nuestra “fe, la esperanza y la caridad” tal como lo adelanta el Santo Padre en el epígrafe a su Mensaje para la cuaresma 2021 donde nos sugiere tres herramientas.

El ayuno, la oración y la limosna

“El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante”, dice el Papa Francisco en su Mensaje.

Ayunar es hacerse pobre con los pobres

“El ayuno vivido como experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de corazón lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento. Haciendo la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y “acumula” la riqueza del amor recibido y compartido...(cf. Carta enc. Fratelli tutti, 93)”.

Ser amable es dar esperanza

“A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser “una persona amable”, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia» (ibíd., 224)”.

Ayunar es liberarnos de lo falso y lo superfluo

“Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, incluso de la saturación de informaciones —verdaderas o falsas— y productos de consumo, para abrir las puertas de nuestro corazón a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero «lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14): el Hijo de Dios Salvador”.

La oración es hablar con esperanza y sed de Dios

“En el actual contexto de preocupación en el que vivimos y en el que todo parece frágil e incierto, hablar de esperanza podría parecer una provocación. El tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creación, mientras que nosotros a menudo la maltratamos (cf. Carta enc. Laudato si’, 32-33;43-44)”.

La caridad es expresión de fe y de esperanza

“La caridad, vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza.” dice Francisco.

“La caridad se alegra de ver que el otro crece. Por este motivo, sufre cuando el otro está angustiado: solo, enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidad… La caridad es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión.”, estimulando el “amor social”.

La caridad en tiempos del COVID-19

“Vivir una Cuaresma de caridad quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID-19. En un contexto tan incierto sobre el futuro, recordemos la palabra que Dios dirige a su Siervo: «No temas, que te he redimido» (Is 43,1), ofrezcamos con nuestra caridad una palabra de confianza, para que el otro sienta que Dios lo ama como a un hijo”.

La desigualdad que reina en el mundo

Enseña Francisco que “La pandemia ha dejado al descubierto la difícil situación de los pobres y la gran desigualdad que reina en el mundo. Y el virus, si bien no hace excepciones entre las personas, ha encontrado, en su camino devastador, grandes desigualdades y discriminación. ¡Y las ha incrementado!” (Aud. Gral. 19/8/20).

La desigualdad que reina en la Argentina

Qué decir de nuestro país donde -con más de 40 millones de habitantes, un 44,2% de pobres, más de 50.000 muertos por la peste, 2 Millones de infectados, aprox. 700 mil vacunas- en las últimas horas se supo que altos funcionarios, grandes empresarios, un ex canciller y un periodista doctor en vituperios y falsedades integran un listado de “privilegiados” para acceder a las vacunas, sin otro trámite ni condición que ser “amigos” del Ministro de Salud (ahora saliente) quien confundió la “opción preferencial por los pobres, por los pequeños, por los enfermos...(cfr. Mt 25, 31-36; CIC, 2443)“ con la opción preferencial por los “sin-verguenzas”.

Este cronista hace votos para que pidan perdón a los segmentos del pueblo que más necesitan la vacuna.

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