El remedio y la enfermedad

El escándalo que eyectó a Ginés González García del Ministerio de Salud daña de manera irreversible la gestión de Alberto Fernández. Cuesta imaginar cómo hará el oficialismo para reconstruir credibilidad y confianza en torno al plan de vacunación

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La impudicia de la que suelen hacer gala los poderosos de turno tuvo este viernes un momento de epifanía.

Periodista al fin, se hizo cargo de comunicar una verdad tan cruda como revulsiva y aplicó la estocada final a Ginés Gonzalez García a quien el paso del virus parece haberle afectado de manera irreversible el aparato cognitivo.

A la seguidilla de derrapes mediáticos y refriegas internas que caracterizó la malhadada gestión del bueno de Ginés, se sumó el montaje de un vacunatorio VIP en el mismísimo edificio donde tiene su despacho. La munición gruesa que derrumbó al Ministro partió desde el corazón mismo del oficialismo.

Verbitsky, a quien no puede atribuirse ningún rasgo cercano a la ingenuidad contó, sin reparo ni ahorro de detalle alguno, como llegó a la primera dosis del codiciado elixir.

Angustiado por una seguidilla de positivos en su familia dijo haber llamado a su amigo Ginés, quien lo derivó de inmediato al mismísimo Ministerio. Amigos son los amigos.

Todo estaba montado allí para que un equipo de vacunadores del Hospital Posadas aguardara jeringa en mano a los privilegiados de la nomenklatura. A vacunarse que se acaba el mundo.

Tras las perrunas declaraciones de HV, no tardó en conocerse que para hacer frente a la manifiesta escasez de las sacrosantas ampollas, por cuenta y orden del Ministro se hizo reserva de 3.000 dosis para resguardo del funcionariato más parientes y amigos. Lo primero es la familia.

Sin reparar en control de daño alguno y dispuesto a llevarse a varios puesto, Verbitsky dio el nombre de algunos otros que también gestionaron su poción. Con la segunda dosis garantizada para el 12 de marzo puso a disposición de la jauría mediática el capítulo final de una saga bochornosa. Tiró de la cuerda indicada y la estantería se vino abajo aplastándolo todo.

Frente a los hechos consumados a Alberto Fernández no le quedó otra que pedirle la renuncia al inefable Ministro de la cartera de salud. Patético final para un sanitarista que supo disponer de respetable prestigio.

Las ajustadas revelaciones del “Perro” Verbitsky se llevan puesto a uno de los denominados “funcionarios que no funcionan”. Alberto venía defendiendo a sus ministros de la avanzada cristinista. Poco dispuesto a entregar a los suyos, esta vez tuvo que ceder.

El escándalo que eyecta a GGG de su poltrona daña de manera irreversible la gestión de Alberto Fernández en su línea de flotación.

Nada más importante en este momento que la campaña de inmunización. Sin vacunas no hay rebote alguno de la producción. Nada más trascendente que controlar el avance del virus para sostener la endeble situación de la economía después de un año de compulsiva reclusión domiciliaria.

El vacuna-gate viene precedido de una seguidilla de bochornosas situaciones que se pretendió justificar o minimizar, cuando no convalidar desde lo más alto del poder

La viralización de las selfies de funcionarios ajenos a cualquier grupo de riesgo levantando la V de la victoria mientras son inoculados sumó comprensible calentura social las redes.

La reivindicación de un supuesto derecho natural de los funcionarios públicos de acceder a la vacuna a libre demanda sumó revulsión al clima ya caldeado por los traspiés de la vacunación.

Como una noticia siempre lleva a otra, no tardó en trascender que además de intendentes, legisladores, concejales y militantes rasos con la pechera identificatoria, el clan Moyano también accedió a los favores de la temprana inmunización. El dulce montón dispone ahora de pasaporte verde a las extendidas sobremesas presidenciales. Amor con amor se paga.

Si estuviéramos en una guerra podríamos decir que el Teniente General cayó a manos de uno de sus lugartenientes. La bomba de fragmentación que detonó el periodista en jefe del cristinismo alcanzó con sus esquirlas a buena parte del oficialismo.

Pero no estamos en guerra. Esto es una pandemia. Son dos cosas diferentes. La lógica del virus como enemigo a vencer es un recurso literario disparatado. La utilización del lenguaje bélico para enfrentar a la enfermedad y la muerte a escala global o en casos puntuales es siempre una aberración. Puede simplificar y masificar el relato para las mayorías distraídas, pero es distorsivo, no se corresponde con la realidad. No ayuda.

Los funcionarios no son combatientes, son solo eso, funcionarios. No están en sus puestos para contraatacar a un ejército invasor sino para enfrentar una implacable amenaza biológica que tiene en vilo a la especie humana. El éxito de esta tarea no está relacionado con “vencer” al virus sino con tomar decisiones correctas en orden neutralizar y/o minimizar los daños que supone el avance del COVID. Encontrarle la vuelta es asunto de investigadores, de científicos, economistas y de decisores políticos. Para encarar con eficiencia este drama se los necesita despojados de remilgos ideológicos y fruslerías electoralistas. También de un profundo sentido ético. Algo de lo que está claro se está careciendo. No están confrontando con una facción política sino con los designios de la naturaleza.

La gestión de la pandemia no construye una épica. No se trata de cruzados inspirados en una causa de connotaciones cuasi-religiosas. El Presidente y sus ministros toman y ejecutan decisiones cuyo éxito o fracaso se mide en bajas y sufrimiento humano. La cantidad de contagios, de hospitalizaciones y de muertes registradas permitirá evaluar si nuestra clase política está a la altura de las circunstancias. El sustento que logren otorgarle a nuestra economía, también. Por estos resultados serán evaluados.

La irrupción de esta tragedia global, no obstante, sacó a flote muchas bajezas. Ver a muchos de nuestros dirigentes y sus parentelas jactándose de adelantarse en la fila, abusando del poder otorgado por los votos para apropiarse de una vacuna mientras médicos, intensivistas y ambulancieros engrosan una penosa lista de espera.

Escandaliza la ostentación de los que se empalagan a diario hablando de los más vulnerables pero no vacilan en subir primero al bote salvavidas. Muestran la hilacha sin pudor. En el resto del mundo se los condena y aquí se los justifica y encubre. Horrible.

Fernán Quirós, muy afecto al rigor a la hora de comunicar, dijo que se espera para agosto llegar a vacunar a los grupos de riesgo de CABA. Esto siempre y cuando lleguen las vacunas, claro. Dio a entender que no será tan complicado ir a las PASO si efectivamente esto ocurre. Se metió en un terreno fangoso, el de la agenda comicial.

Quirós dejó a la intemperie las contradicciones del ministro González García, quién, tan verborrágico como indocumentado, consideró “un riesgo muy innecesario” hacer las PASO en agosto, después de haber asegurado ante los legisladores que lo interpelaron que se llegará a la " inmunidad de rebaño” antes de que termine el primer semestre, cuando esperaba tener vacunados a todos los mayores de 21 años.

El último traspié del inefable Ginés, fue inmediatamente cruzado por referentes de su variopinto espacio político. Los K quieren PASO. El tema del calendario electoral está que arde.

Cuesta imaginar cómo hará Alberto Fernández para reconstruir credibilidad y confianza en torno al sensible tema de la inmunización después de la tardía y atropellada salida del Ministro de Salud y la seguidilla de papelones que alcanza a buena parte de la dirigencia.

Kicillof, tan afecto a enojos y diatribas, tendrá que bajarse también del púlpito y hacer un acto de contricción. Fastidiado por la cobertura mediática del comienzo de las clases presenciales se dedicó a vituperar a periodistas y comunicadores. No quedó bien posicionado para nuevas reprimendas.

Heroico, Kicillof aseguró este jueves estar dispuesto a dejar la vida para resguardar la salud de los chicos. Lo dijo al reivindicar una presencia atenuada en las aulas provinciales.

Llegado el caso no será el virus lo que ponga en riesgo su integridad física. El Gobernador fue de los primeros en vacunarse, aunque se encuentra bien lejos de la edad de riesgo como tantos otros que ya se “curaron en salud”. También habilitó a todos los intendentes de la provincia a hacer lo propio.

La pandemia pone en jaque los liderazgos. Es difícil evaluar la calidad de las administraciones mientras el virus sigue circulando con un comportamiento todavía imprevisible. Pero en el día a día ya se pueden ir sacando algunas conclusiones.

Horacio Verbitsky termina la semana señalado por los trabajadores de CELS, la emblemática institución que preside, y despedido por el mismísimo Roberto Navarro quien lo acusa de inmoral.

Si lo suyo fue un simple pero provocador sinceramiento o una ofrenda de cumpleaños a CFK por el momento es difícil de saber. En cualquier caso no resultó indemne a las ondas expansivas de su descarnada exposición.

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