El tránsito de Maradona

¿Quedará para siempre en nuestros corazones el jugador genial que ha sido amado?

Diego Armando Maradona (EFE/Demian Alday Estévez/Archivo)
Diego Armando Maradona (EFE/Demian Alday Estévez/Archivo)

Al quedarnos sin Diego y la parábola del hijo pródigo se produjo un tránsito asalvajada: desde la idolatría y la impunidad blindada hasta las noticias de policía y disputas judiciales por el tesoro. que, en gran medida, significaba Maradona: La historia vulgar pronosticaba desamparo y final penoso, pero Maradona tenía un gran valor económico no sólo por los presuntos cachivaches que- se suponía- guardaba bajo la cama, desde camisetas sudadas y valiosas hasta el anillo de Bielorrusia, trescientos mil dólares- hasta ahora tan inexplicable como con quién se lo metió en un bolsillo de jean o de mujer.

Quiero decir que Maradona buscaba la muerte- no era un tipo feliz, de ningún modo-, en una de esas desde que era el tipo de tan ardiente felicidad y virtuosismo con los rulitos que nadie podía de acariciar si pudiera hasta el personaje que, poco a poco , se fue convirtiendo en el tipo desagradable , agresivo y chupamedias de cualquier poder en que se transformando: nacido en la intemperie nunca que él sabía que otros tenían más músculo y poder . Lo intentó, es cierto, contra- nada menos- que con los dueños de fútbol, poder de poderes en todo el mundo: no se paran los partidos en medio de pavorosas guerras. Nadie para el fútbol. Quiso urdir sindicatos de jugadores y se levantó contra al fútbol , olla de belleza y sordidez, de lavado y probable, de seducción y camorra. Pero lo entendí y se arrodilló. Se maquilló de rebelde- una pierna en el Che, otra en Castro, bien o mal tatuados-, bailó con la “busarda” oscilante y en chancletas con un bombo para Maduro, previo contrato, faltaba más.

Por eso el tránsito fue rápido. El velorio preparado para honra popular y despedida fue cooptado por las barras, integrantes del espectro político. Comparado con los funerales de Don Julio Grandona resultó un corso patético, pongamos, , no sé si recuerdan, dignos de un jefe de Estado.

Artista consumado, ardiente de virtuosismo, apareció en él un chispazo de demencia. Ataques de ira, ojos locos, nuestro Diego empezó a descomponerse. Cuando lo sacaron a la cancha por la boca de lobo de Gimnasia ya era un muñeco , un muerto .Y, bueno, ahora vienen los carancheos de la muerte implacable. Dejámoslo, pasa todo el tiempo.

¿Quedará para siempre en nuestros corazones el jugador genial que ha sido amado? No lo sé. Diego era deseado pero Diego temía a la gente: quería estar lejos, solo en la depresión negra o en el boliche, en un palacio de Dubai- siete años con sus jeques y sus halconeros en el pájaro sobre la muñeca- o en un departamentito repulsivo con unos digamos amigos cuando fue capturado sin daño ni reproche.

Cómo saberlo. El amor de muchedumbre es voluble. –cuando los partidos se vuelvan aburridos y fríos se volverá a gritar Maradó- , pero no sabemos, Diego , obsesión, zombi.

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