Argentina y Portugal: construyendo futuro

La reelección del Presidente luso Marcelo Rebelo de Sousa se enmarca en un muy importante año para la relación bilateral entre ambas naciones

Alberto Fernández y Marcelo Rebelo de Sousa
Alberto Fernández y Marcelo Rebelo de Sousa

El Presidente de la República Portuguesa, el conservador Marcelo Rebelo de Sousa, fue reelegido hace unos días. Dato interesante del sistema semiparlamentario portugués: el Presidente es elegido por sufragio universal directo y allí reside su principal fuente de poder. Si bien sus prerrogativas ejecutivas son limitadas, ya que ellas corresponden al Primer Ministro, el cargo dispone de una legitimidad y una fuerza políticas que nadie se atreve a cuestionar. Cuando Marcelo Rebelo de Sousa toma la palabra, los partidos escuchan. De hecho, los portugueses ven al presidente de la República como una especie de contrapoder moderado, un árbitro y conciliador del sistema.

Esta elección se enmarca en un muy importante año 2021 para la relación bilateral luso-argentina. Porque se dan dos hechos muy significativos. El primero, emblemático, es que se conmemoran los doscientos años del reconocimiento, por parte de Portugal, de la Independencia argentina. Al desaparecer el Reino de Hawái -que había sido el primero en hacerlo- la nación lusitana pasó a ocupar ese lugar de primera en reconocer a los argentinos el derecho a tomar nuestras propias decisiones soberanas. El segundo, es que ejerceremos la Presidencia del Consejo de la UE y la del Mercosur, respectivamente, durante el primer semestre de este año. Este no es un período cualquiera en la vida de estas instituciones ya que la discusión del acuerdo que entrelazará, o no, a nuestras economías ha llegado a un punto y a una oportunidad en los que, si no se logran avances significativos en estos meses es muy posible que el proyecto vuelva al estado de hibernación en que se hallaba hace ya más de veinte años.

Europa está en un proceso, en el cual está inmerso obviamente Portugal, de repensarse para los tiempos de la pospandemia. Varios datos son importantes. Ese replanteo apunta a una suerte de revolución en los sistemas productivos que tiene como objetivos una economía verde -la meta es que sea totalmente libre de emisiones de carbono para 2050-, digitalizada -lo que será acompañada por un sistema educativo acorde-, inteligencia artificial y tan importante como ello, o quizás más, que este proceso innovativo se tiene que dar con inclusión social.

El Brexit, la pandemia -y la dependencia que Europa experimentó con los suministros sanitarios- y las experiencias vividas en los cuatro últimos años en sus relaciones internacionales, entre otros, han fortalecido la convicción europeísta. Prueba de ello fue la pulseada que Merkel y Macron les ganaron a los “frugales” y que hizo que el BCE abriese su mano con una generosidad desconocida, en montos y condicionalidades, para asistir a todos los países de la Unión. Una expresión que cada día gana más fuerza es la de la “autonomía estratégica”, que no sólo se traduciría en el plano sanitario y de defensa sino en los de una política exterior que sin dejar de prestar atención a su tradicional relación con los EE.UU. agregue a Canadá, la cuenca Indo-Pacífica y África, sin olvidar, aunque en menor medida, a América Latina, con su proyecto más maduro que es el Mercosur, como áreas de importancia con las que relacionarse.

Esta modificación, en el sentido de plantearse como una referencia gravitante por fuera de la competencia sino-estadounidense, puede llegar a convertirse en una ventana de oportunidades para nuestro país. Lo percibió claramente el Presidente Fernández en sus periplos europeos. Lo constató en su excelente entrevista, poco antes de asumir, con el Primer Ministro Costa, quien fue el artífice del “divorcio” con la troika y su plan de ajuste. Excelente, también, la sintonía entre ambos que se confirmó en la riqueza de los contenidos intercambiados en la videoconferencia de este miércoles, en la que fue acompañado por el Canciller Solá, y en el acuerdo de un encuentro presencial cuando las circunstancias lo posibiliten. Los principios y valores comunes con Europa están. La empatía de nuestro Presidente con sus colegas también. Si la estrategia a largo plazo y la geopolítica se ponen por encima de otras cuestiones, está a la vista un buen futuro en la relación.

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