Unión Europea: éxito político y económico sin precedentes

La UE es la segunda economía más grande del mundo en términos nominales después de Estados Unidos. Su PBI representa aproximadamente el 22% de la economía global. Nació y se consolidó como un paradigma de la modernidad política

La Unión Europea es la segunda economía del mundo en términos nominales
La Unión Europea es la segunda economía del mundo en términos nominales

El Canciller Helmut Kohl decía con meridiana claridad en 1991, adelantándose como gran estadista que fue, al cambio trascendental de paradigma que se estaba iniciando: “Alemania es nuestra patria, Europa es nuestro futuro”.

La U.E. es la segunda economía más grande del mundo en términos nominales, detrás de Estados Unidos y según la paridad de poder adquisitivo, detrás de China. Su P.B.I. representa aproximadamente el 22% de la economía global: cifras abrumadoras y concluyentes. Se trata de una entidad geopolítica que cubre gran parte del continente europeo que se ha transformado en una asociación sin antecedentes en el mundo. La superficie total equivale a menos de la mitad de los Estados Unidos, sin embargo su población supera a la estadounidense por más del 50%. Con una inflación promedio anual de 2.1%, una fuerza laboral de 240 millones de trabajadores y un desempleo de 6.3%, es modelo de eficiencia y efectividad superlativas.

A partir de los años 60, Bruselas se ha consolidado como la capital de la UE dónde se concentran la mayor parte de las instituciones comunitarias y viven la mayoría de los funcionarios. Durante los últimos treinta años ha aportado estabilidad política e inigualable prosperidad económica a sus ciudadanos. Ha creado un mercado sin fronteras, una moneda única y ha reunificado un continente fracturado después de la sangrienta guerra en Bosnia-Herzegovina y la traumática caída del Muro de Berlín, erigiéndose en potencia económica y la principal donante mundial de ayuda al desarrollo a los países más desfavorecidos.

Su número de miembros ha aumentado, pasando de seis a los veintisiete países actuales, con lo que su población asciende a prácticamente quinientos millones de personas. A pesar de su rica diversidad, los países de la U.E. están unidos en su compromiso por la paz, la democracia, el estado de derecho, el respeto por los derechos individuales y una adhesión irrestricta a una economía abierta, capitalista, liberal con mandato para aumentar la prosperidad y difundirla, incluso, a escala mundial.

En 1951, momento en el que se constituyó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (elementos clave para la guerra), los seis países fundadores - Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos- comenzaban un proyecto económico, político y social que ha generado estabilidad y prosperidad durante más de medio siglo como no se recuerda en la historia universal. La U.E. ha contribuido a elevar el nivel de vida de los europeos construyendo progresivamente un mercado único en el que personas, bienes, servicios y capital (las cuatro libertades fundamentales de la UE) circulan entre Estados miembros con la misma libertad que si lo hicieran dentro de un mismo país.

Lo que comenzó como una unión puramente económica, ha evolucionado hasta convertirse en una organización activa en todos los frentes, incluido el medio ambiente. Tras varias ampliaciones la UE ha pasado, como dijimos anteriormente, de seis a veintisiete estados miembros tras la incorporación de Croacia en 2013, encontrándose varios países en lista de espera tales como Montenegro, Serbia, Turquía e Islandia. Cada tratado por el que se admite a un nuevo integrante requiere la aprobación por unanimidad de todos los Estados miembros.

En consecuencia está abierta a todo país europeo que cumpla los criterios democráticos, políticos y económicos, denominados Criterios de Copenhague. Por otro lado, recordemos que el “euro” es la moneda única entre sus miembros. Doce de los entonces quince Estados iniciales la adoptaron para las transacciones no monetarias en 1999 y posteriormente en 2002, se emitieron los billetes y las monedas correspondientes pero ni Dinamarca ni Suecia adhirieron.

Es interesante señalar que la Unión Europea se rige por un sistema interno en régimen de democracia representativa, siendo siete sus instituciones fundamentales. La U.E. cuenta, además, con otros organismos que desempeñan funciones especializadas y en resumen, puede decirse que su misión siglo XXI es ofrecer prosperidad y estabilidad a sus ciudadanos, superar las divisiones en el continente, velar por que todos sus habitantes puedan vivir con seguridad, promover un desarrollo económico y social equilibrado y acompañar firmemente los logros de la globalización, preservando la diversidad de los pueblos de Europa.

En este contexto, estimamos que el alejamiento definitivo del Reino Unido fue una mayúscula equivocación que tomó el gobierno del Premier Boris Johnson cuyos efectos negativos se verán inexorablemente en un futuro próximo. Cuesta trabajo entender como una nación tan próspera, culta y desarrollada haya elegido el camino del aislamiento, con consecuencias negativas como ha sido siempre tradición en los países que deciden ir a contrapelo del mundo. Más aún, Gran Bretaña estaría lamentablemente en camino de un cisma definitivo ya que Escocia retomaría sus deseos independentistas para luego abrazar la U.E. y no se descarta a su vez como efecto dominó, una fusión de Irlanda del Norte con Irlanda, integrándose ambas en una sola República, también bajo el paraguas de la Organizacíon con sede en Bruselas.

La Unión Europea nació y se consolidó como un paradigma de la modernidad política. Dió un salto cualitativo adelante respecto a la era del Estado nacional y rompió definitivamente con la vieja lógica de Westfalia. Arrancó hace medio siglo representando la ambición kantiana de establecer la paz en el castigado viejo continente. Se planteó un futuro respondiendo a lo que después de la II Guerra Mundial se le pedía a las democracias europeas y no fue casual que el nacimiento fuese el 9 de diciembre de 1993 (Tratado de Maastricht) cuando la guerra fría había sido definitivamente extinguida y emergía con desbordante vigor el Nuevo Orden Internacional, vigente en nuestros días después de treinta años de progreso sin igual.

En definitiva se consolidaron firmemente las instituciones republicanas aunado al ejercicio pleno y exitoso de la libertad económica entre sus Estados Miembros, enterrando el antiguo eurocentrismo, arrogante rémora del pasado.

En este escenario sin paralelismos, las fronteras dejaron de ser muros divisorios como lo proclaman sin tapujos y por igual tanto los marxistas como los nacionalsocialistas, sino que en sintonía absoluta con nuestras concepciones liberales, esas divisiones geográficas son en realidad puentes que unen, nunca dividen a países con mismos principios ya que ellos posibilitan la interdependencia, integración, complementación entre naciones y en definitiva, conducen al objetivo último de todo gobernante republicano y democrático: la búsqueda de la felicidad y el bienestar general de todos los ciudadanos, que son en forma unívoca la suma de los bienestares individuales, alejando para siempre el enfrentamiento permanente entre vecinos, meta obsesiva y fanática de todos los totalitarismos.

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