El rol del pensamiento estratégico en el desarrollo de un país

Argentina ha perdido terreno durante las últimas décadas por una falta de objetivos consensuados que nos llevó a perder foco y cambiar de postura en varias oportunidades

Winston Churchill y Charles De Gaulle
Winston Churchill y Charles De Gaulle

El pensamiento estratégico juega un rol clave a la hora de explicar el pobre desempeño que ha tenido nuestro país en las últimas décadas.

De hecho, casos como el de Malvinas o el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea muestran que la falta de una estrategia consensuada nos ha hecho perder foco y cambiar nuestras posturas. Esto ha provocado una pérdida de influencia y un peor nivel de vida del que habríamos podido alcanzar como sociedad si hubiésemos definido claramente un objetivo a alcanzar, una estrategia y una serie de tácticas subordinadas a esta última.

El mes pasado mencioné el rol que el pensamiento estratégico ha jugado en la historia de Estados Unidos. Cuando la política exterior de este país tuvo una gran estrategia, como fue contener el ascenso de la Unión Soviética durante la Guerra Fría, esta fue exitosa. Cuando una visión consensuada no estuvo presente, Washington comenzó a cometer errores. Pero el pensamiento estratégico no sólo involucra a las grandes potencias, también es esencial para los países de peso medio. Dos casos interesantes en este sentido son los de Gran Bretaña y Francia, que una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial se encontraron con que ya no eran grandes potencias y que, por lo tanto, debían adaptarse a la nueva realidad.

Las decisiones estratégicas adoptadas por estos países fueron diferentes. Por un lado, Gran Bretaña, en la figura de Winston Churchill, aceptó la supremacía de Estados Unidos y se posicionó como su principal aliado en la lucha contra la Unión Soviética. Con el paso del tiempo esta estrategia ganaría en sofisticación y, con la entrada del país a la Unión Europea en 1973, le permitió a Londres posicionarse como el puente natural entre Estados Unidos y Europa, adquiriendo de esta manera un grado de influencia que superaría el que uno esperaría de Gran Bretaña dado su poder económico y militar.

Por el contrario, y luego de un período de confusión, Francia optó por mantener un alto grado de autonomía, tomando de esta manera cierta distancia de Washington. Mientras que en el caso de los británicos la decisión fue liderada por la clase dirigente en su conjunto, en Francia prevaleció el liderazgo de Charles De Gaulle. En su intento de devolverle la gloria a Francia, durante los ’60 De Gaulle ordenó la economía, abandonó la presencia colonial en Argelia, creó las instituciones de la V República, incrementó la autonomía militar del país e intentó liderar un bloque diplomático que se mostraba distante de las dos grandes potencias. Todas estas fueron, en parte, decisiones tácticas que buscaron incrementar la influencia y el poder de su país.

En gran medida, las estrategias de Francia y Gran Bretaña fueron exitosas y les permitieron a estas naciones promover el crecimiento económico y preservar al mismo tiempo su seguridad y prestigio. Sus estrategias fueron exitosas porque cumplieron con varios de los requisitos con los que una buena estrategia debe contar. Como son el establecimiento de un objetivo claro y una evaluación realista sobre la situación internacional y los recursos y las limitaciones con las que contaba cada nación. Su dirigencia tuvo asimismo la autodisciplina necesaria para mantener la estrategia, más allá de cambios tácticos y retóricos, a lo largo del tiempo.

¿Continúan Francia y Gran Bretaña teniendo una estrategia? Esto ya no resulta evidente. Luego de la segunda guerra de Irak, Londres por ejemplo dejó de acompañar a Estados Unidos en muchas de sus campañas militares. A la hora de definir la pertenencia del país en la Unión Europea, la clase dirigente británica se dividió. Con su salida del bloque, el lugar que Gran Bretaña ocupará en el mundo ya no está del todo claro. También existen divisiones respecto a la necesidad, o no, de acercarse a China para impulsar el crecimiento económico. ¿Se puede hacer esto sin provocar a Washington? Las posiciones de David Cameron y Boris Johnson al respecto han variado considerablemente.

En el caso de Francia, luego de más de 40 años de una política exterior gaullista, Nicolás Sarkozy optó por conformar una sólida alianza con Washington. Hoy la posibilidad de alcanzar nuevos consensos resulta difícil debido a los desafíos domésticos, entre los cuales se encuentran la dificultad para asimilar a los inmigrantes y las crecientes diferencias entre las elites urbanas y los trabajadores del interior del país. Tampoco queda del todo claro qué tipo de unión europea busca la dirigencia francesa. ¿Una alianza de Estados nación, como proponía De Gaulle, o una entidad con soberanía propia?

¿Qué pueden hacer las sociedades para recuperar el tipo de claridad estratégica que les permitan tener éxito en un mundo tan complejo e incierto como el actual? Sospecho que parte de la respuesta se encuentra en los liderazgos. Liderar se ha vuelto sumamente difícil. Las redes sociales, por tomar un caso, tienden a promover el pensamiento de corto plazo y a polarizar a la sociedad. Necesitamos entonces líderes que representen los intereses y los valores de su sociedad, pero que también sepan generar consensos y posean una clara visión de país y una estrategia para alcanzarla. En el caso argentino creo que esto se traduce en la necesidad de generar una síntesis superadora que deje atrás nuestras divisiones. Para esto se requiere liderazgo, pero también imaginación.

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