La pandemia y la tecnología ponen en jaque al efectivo

Sea por anonimato, refugio, informalidad o inflación, el uso de efectivo en nuestro país se ha estado extendiendo por casi el 90% de las transacciones, a contramano del mundo. El Covid y el auge de los medios de pago digitales pueden convertirse en el punto de inflexión de esta modalidad

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Tantos años de inflación en Argentina se reflejan en una inundación de billetes que demanda una economía sin referencia de precios e inmersa en un cóctel de informalidad y evasión impositiva que divide casi por mitades a la ciudadanía.

Según datos del Banco Central, en 8 meses de cuarentena se juntaron en las calles 1.250 millones de papeles de distintos valores: 743 millones de $100; 122 millones de $500; 363 millones de $ 1.000, y 2120 millones de otras denominaciones.

El dinero contante y sonante representa en nuestro país el 40% de los medios de pago, cuando en Chile ocupa el 22%, en Uruguay el 26%. Ni hablar de Brasil o de México, donde el circulante presencial se encuentra en torno del 15% y el 4%, respectivamente.

Cuanto mayor sea la integración de las startups, emprendedores y arraigo del fintech, la digitalización desplazara más al cash. Los pagos electrónicos aumentaron a un ritmo del 22% en los últimos cinco años en los países emergentes, de acuerdo con la consultora McKinsey, y nada indica que no pueda continuar ese ritmo de expansión.

Durante la pandemia, los cajeros automáticos y a corresponsalías bancarias en supermercados o estaciones de servicio también crecieron un 40%, al pasar de 9 cada 10 mil adultos a 12,6 cada 10 mil.

Así y todo, en los últimos meses las restricciones del Covid 19 aportaron su granito de arena, al agregar a la inseguridad y los altos costos económicos y medioambientales que ya venían de arrastre, el riesgo sanitario. O sea, la aprehensión que pueden suscitar los papeles manoseados en mucha gente asustada por la pandemia.

Ello no fue óbice para que los jubilados y beneficiarios de planes sociales no dudaran en romper la cuarentena en pleno apogeo, cuando salieron del confinamiento para agolparse frente a las entidades financieras ante la necesidad de percibir en mano los haberes que habían quedado retenidos durante las dos primeras semanas de cierre total de los edificios.

¿Por qué esa preferencia de más del 30% de los jubilados por cobrar sus haberes de manera presencial aun cuando todo el padrón pasivo está bancarizado?

¿Por qué algo sucede similar con más de la mitad de los 6 millones beneficiarios de planes sociales, que ni siquiera están enterados que tienen el dinero a disposición en las cuentas bancarias que les fueron abiertas a tal efecto?

(Lihueel Althabe)
(Lihueel Althabe)

En la banca no nos resulta indiferente que estos bajos niveles de inclusión afecten principalmente a los grupos sociales más vulnerables en términos de ingresos y género.

Y, dicho sea de paso, aunque observemos que las mujeres son las que tienen menor cantidad de cuentas sueldo abiertas, ello no se debe a discriminación de género alguna, sino a que arrastran una situación más precaria en el mercado laboral que la de los hombres.

Unos por falta de información, otros por rémoras del pasado, otros simplemente por manejarse fuera de la órbita de la agencia recaudadora de impuestos y muchísimos más por “ganarse” el 21% del IVA y/o eludir Ganancias, lo cierto es que buena parte del consumo está viciado por estas prácticas elusivas.

En consecuencia, sea por anonimato, refugio, informalidad o inflación, el uso de efectivo en nuestro país se ha estado extendiendo por casi el 90% de las transacciones, a contramano del mundo.

El Covid y las nuevas tecnologías pueden convertirse en el punto de inflexión de esta modalidad argentina.

La banca ha venido estando atenta a este incipiente proceso de cambio. Tal es así que ahora un grupo de entidades que integra el Ciudad nos hemos asociado en una billetera virtual llamada Modo, que tanto permite pagar en comercios escaneando códigos QR como enviar dinero a través del número del celular.

Existe un universo de 25 millones de personas adultas bancarizadas digitales al que nos dirigimos con la propuesta de llevar el dinero, ya no en bolsillos y carteras, sino alojado, invisible, en una plataforma con la que se vinculan todas las cuentas y las tarjetas que cada una posea.

El autor es vicepresidente del Banco Ciudad

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