Las incongruencias del gobierno epistolar

Para enfrentar la difícil situación social que atraviesa la Argentina, necesitamos un programa económico propio que sea consensuado entre oficialismo y oposición

La vicepresidente Cristina Kirchner y el presidente Alberto Fernández
La vicepresidente Cristina Kirchner y el presidente Alberto Fernández

Si bien lleva la firma de todo el bloque de senadores del PJ, no hay dudas de que emana de una única pluma. Con la tinta de la Primera Carta a los Habitantes del Gabinete aún fresca, la Carta a los Habitantes del FMI parece consagrar el nuevo modus operandi: no se gobierna por decreto, sino por carta. Aquel triunfalista Gobierno de Científicos se redujo a este Gobierno Epistolar.

Quizás su autora debería incluirlas, éstas y las que seguramente vendrán, como apéndice de futuras ediciones de Sinceramente. Es que su contenido desnuda la absoluta impotencia del kirchnerismo para gobernar en ausencia de las condiciones excepcionalmente ventajosas que tuvo en su arranque en 2003. Heredó inéditos superávits en las cuentas fiscal y externa (los famosos superávits gemelos), así como también un moderno y amplio stock de capital tras la alta inversión de la década de los 90. La carta habla de un crecimiento anual promedio del 5% para todo el período (2003-2015). Se cuida de explicitar que este promedio está influenciado por el 9% anual del 2003-2007 del gobierno de Néstor Kirchner, que se consumió los márgenes de acción heredados, y que de allí cayó al 3% anual en 2007-2011 para sucumbir al 0% en los últimos cuatro años de ella en la presidencia, aterrizando en un nuevo default. Lo que el kirchnerismo dilapidó en aras de un populismo que, como todo populismo, resulta insustentable -para usar un adjetivo tan caro a los afectos del actual ministro de Economía- debería llamarse “Crónica de una oportunidad desperdiciada”.

Esta segunda carta del Gobierno Epistolar demuestra que están totalmente perdidos y que no se quieren hacer cargo de nada. Acusan al gobierno anterior de fomentar la fuga de capitales, el aumento de la deuda, y la caída del empleo y las jubilaciones. Sin advertir que hasta el momento exhiben peores resultados en cada uno de esos capítulos: huída de depósitos en dólares y una brecha cambiaria récord a pesar de los controles; un salto en la deuda (US$20.000 millones) mayor que el promedio anual de la gestión anterior; $100.000 millones menos a los jubilados comparado con la fórmula que tanto le criticaron a Cambiemos; un aumento de 4 puntos en la tasa de desempleo y de más de 6 en la tasa de pobreza (el doble que durante toda la gestión anterior).

Cristina Kirchner no le echa la culpa de estos resultados a la pandemia sino a “funcionarios que no funcionan”. Sabe que la respuesta sanitaria y económica del gobierno que ella integra ha sido una de las peores del mundo. Las heridas sociales, sanitarias y económicas que quedan luego de esa mala respuesta son muy profundas y llevará muchísimo tiempo remontar.

A un presidente que se ufana de no tener un plan se le agrega ahora una vicepresidente que le echa la culpa de antemano al FMI del plan que le impondrán. Como si gobernaran otros. “El ajuste lo hacen ellos, eh!”, parecen gritar. Fui el primero en criticar al gobierno de Macri cuando decidió ir apresuradamente a tocarle la puerta al Fondo y no me equivoqué: si no tenés un plan, te lo arman ellos, y nunca sale bien.

En sus críticas al último programa del organismo (muchas de las cuales comparto, debo decir), la Segunda Carta comete la estupidez de quejarse de que el FMI le haya dado un crédito de un monto excepcional al gobierno anterior a pesar de que no cumplía con los criterios necesarios para obtenerlo. No advirtieron que Argentina precisa ese “acceso excepcional” para postergar sus pagos netos al organismo, aún cuando continúa sin cumplir los requisitos para obtenerlo (graves problemas de balanza de pagos, falta de acceso al mercado de capitales, no es alta la probabilidad de que la deuda sea sostenible en el largo plazo). El kirchnerismo denuncia con énfasis que entonces no se observaron los requisitos que ahora tampoco cumple. En otras palabras, en su afán por criticar al gobierno anterior, ofrece los argumentos para que no se le asigne el dinero que tanto necesita. Me recuerda al 2005, cuando Néstor echó al FMI gritándole: “Jódanse, les pago cada centavo que les debo!”. Como si hoy contáramos con aquellos recursos, los senadores del PJ repiten el slogan: “Vayánse, no nos presten que ajustamos solos!”

Más que epístolas del más alto nivel, los argentinos necesitamos un programa propio y adecuado para atender la difícil situación social que atravesamos y para poner en marcha cuanto antes el desarrollo económico que nos resulta tan esquivo. Este programa debe ser consensuado entre oficialismo y oposición porque nuestra patria ya no aguanta los vaivenes que nos tienen en franco retroceso hace décadas. No hay consistencia de largo plazo sin acuerdo político. Hemos aprendido con dolor que a esta Argentina convaleciente no la levanta un partido, ni una coalición, ni mucho menos un presidente tironeado por su vicepresidente. La levantamos entre todos con mucha generosidad y humildad, y con la mejor energía de cada uno.

La pluma de Cristina Kirchner nos vuelve a demostrar que cuando se trata de administrar la escasez su única estrategia es la de buscar culpables propios o ajenos, pasados o futuros. No advierte la dificultad de la hora. Sinceramente…irresponsable.

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