Y un día volvió

El 17 de noviembre de 1972 Perón regresó a la Patria luego de 17 años de exilio

El secretario general de la CGT, José Rucci, protege de la lluvia al recién llegado líder justicialista, Juan Domingo Perón
El secretario general de la CGT, José Rucci, protege de la lluvia al recién llegado líder justicialista, Juan Domingo Perón

El 17 de noviembre de 1972 Perón regresó a la Patria luego de 17 años de exilio y proscripción. La intolerancia es la palabra que explica esos años de golpes de estado, aperturas democráticas restringidas, encarcelamiento a los militantes peronistas, intervención de sindicatos y fusilamientos.

La ceguera histórica de las clases dominantes llegó al absurdo de creer que con un decreto que prohibiera nombrar a Perón, cantar la marcha o tener una estampita de Evita en la cocina bastaría para erradicar de raíz a un movimiento que vivía en el corazón y en la memoria histórica del Pueblo Argentino. Eso fue el decreto 4161 de 1956, un verdadero monumento a la torpeza.

Lo cierto es que se fue imponiendo una certeza: era inconcebible pensar un país proscribiendo al movimiento político mayoritario. El peronismo, proscripto, había intentado acuerdos con otras fuerzas electorales. También había ensayado el voto en blanco y una política permanente de resistencia en las calles protagonizada fundamentalmente por el movimiento obrero. Hubo, sin embargo, un hecho decisivo que explica el vuelco de los acontecimientos, y fue la masiva incorporación de los jóvenes al peronismo en una amalgama maravillosa con los viejos cuadros de la Resistencia.

Muchos de los que habían aplaudido el golpe del ´55 comprendieron que en verdad se trataba de un hecho trágico que sólo trajo dolor y miseria al pueblo argentino. Y por eso se sumaron sin más preámbulos al peronismo, dando nuevos bríos al viejo anhelo del retorno del General Perón a la Patria.

Y eso fue lo que sucedió. Perón retornó a la Patria y protagonizó el recordado abrazo con Balbín, anunciando también que para un argentino no había nada mejor que otro argentino, modificando el viejo apotegma por una mirada más comprensiva de la nueva coyuntura que exigía una política de acuerdo entre distintos sectores sociales. Perón fue el gran artífice del Pacto Social firmado entre la CGT y la CGE, pensado para atemperar la inflación, resguardar el poder de compra de los salarios y posibilitar un horizonte de inversiones que pusiera en marcha a una economía maltrecha por largos años de desaciertos.

La lucidez de Perón no fue acompañada por su salud. Un año y medio después de su regreso, entraría a la eternidad. Y el intento de recomponer heridas, de saldar viejos desencuentros, de urdir acuerdos de consenso sobre la base de entendimientos comunes, quedó trunco. Su desaparición fue un hecho trágico.

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Los intentos de resolver por afuera de la política los problemas de la representación política siempre fracasaron. Las proscripciones, las persecuciones judiciales y la política de la injuria sistemática nunca alumbraron nada positivo. En todo caso dieron lugar al efecto contrario del buscado: la persecución desatada en el ´55 hizo despertar a miles de conciencias que se sumaron aluvionalmente al movimiento proscripto, al movimiento injuriado, al movimiento perseguido.

Reflexionar sobre la Historia es reflexionar sobre el presente, es indagar en nuestra memoria para encontrar referencias que nos permitan tomar las mejores decisiones en el aquí y ahora. El retorno de Perón a la Patria es la mejor síntesis de 17 años de Resistencia y de lealtad a un liderazgo y a una doctrina. Y es también una invitación a reflexionar sobre su sueño, inconcluso, de unir a los argentinos en la mesa de un gran consenso sobre los temas centrales que hacen a un país que pretende ser tal.

Yo veo paralelismos entre aquella circunstancia y el presente. Hoy, en el marco de una pandemia que alteró todas las variables económicas mundiales y que produjo la mayor recesión en décadas, resulta imperativo fortalecer la política construyendo acuerdos y consensos estructurales en una gran mesa de diálogo y de acuerdo. Si seguimos por el camino del agravio permanente, será difícil alumbrar esos consensos.

El mundo está próximo a tener una vacuna y es posible entonces vislumbrar una fuerte reactivación. Si a esa reactivación o rebote le ofrecemos condiciones de sustentabilidad, estaremos en condiciones de pensar en un nuevo ciclo de crecimiento que pueda prolongarse a lo largo de los años. Pero claro, no será con piloto automático como generaremos esas condiciones sino con la suscripción de un nuevo contrato político, económico y social para afrontar la recuperación. No se trata de una convocatoria para fortalecer al gobierno. Se trata de una convocatoria para fortalecer al Estado y convertirlo en aliado estratégico de los sectores productivos que quieran invertir, generar riqueza y dinamizar el mercado interno.

Los problemas estructurales no se solucionan de la noche a la mañana sino que necesitan tiempo. Pero algún día hay que empezar, sin postergar para mañana lo que necesitamos hacer hoy mismo.

La Patria somos todos. La Patria es la casa que cobija nuestros sueños y esperanzas, las nuestras y las de las generaciones futuras. Necesitamos ponernos nuevamente de pie, recuperar la pujanza y el espíritu de sacrificio que nos hizo alguna vez sentirnos orgullosos de ser argentinos. No es imposible pensar en salir del estancamiento y recuperar la dinámica económica y social que nos hizo tener una clase media que fue el signo distintivo de la argentinidad. Los problemas económicos existen, pero es posible afrontarlos desde la política. No digo desde la politiquería sino desde la política concebida como el arte de hacer posible que lo imposible se haga realidad.

El 17 de Noviembre es la síntesis de la voluntad inquebrantable de un pueblo, es la victoria de la política por sobre el agravio y la fuerza. Hoy necesitamos de la política más que nunca: hablar, ponernos de acuerdo sobre una Argentina que nos contenga a todos. Ese era, ni más ni menos, el anhelo de Perón que siempre soñó con volver a su Patria para hacerlo realidad.

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