Una guía para debatir sobre la interrupción voluntaria del embarazo

Tenemos la capacidad y, sobre todo, el deber, de llevar adelante el mejor debate posible a través de una discusión que sea ejemplar

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El Presidente de la Nación enviará al Congreso un proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo. Esta cuestión está entre las más polémicas y divisivas que suele afrontar una sociedad. ¿Es posible encarar el debate recurriendo a un marco común que permita, si no encontrar la solución, al menos sí deliberar racionalmente sobre el tema?

Lo que pretendo hacer aquí es formular una breve guía para llevar adelante un debate que no sea una mera formalidad vacía de contenido. El primer punto de la guía es que la expresión de las convicciones íntimas de los legisladores, por muy sincera que sea, es insuficiente para fundamentar una posición pública en la ley. No se trata de impedir que los legisladores se expresen. El punto es que su esfuerzo tiene que estar dirigido a identificar razones que puedan resultar aceptables por todos los ciudadanos. De otro modo, no participarán en la deliberación pública.

La apelación a convicciones personales plantea un segundo problema que conduce el segundo punto de la guía. El régimen legal vigente establece que la interrupción voluntaria del embarazo es un delito. Esto quiere decir que la prohibición está respaldada por el uso más intenso de la coerción estatal. Por lo tanto, el debate sobre la modificación de la legislación actual es una discusión sobre los supuestos en que es legítimo que el estado ejercite su poder coactivo. Si las exposiciones de los legisladores se agotan en la expresión de sus convicciones íntimas, la política criminal consistiría únicamente en una imposición de ideales éticos de los legisladores al resto de la población.

El tercer punto apunta a desarrollar argumentos completos. Esto significa hacer un esfuerzo por repasar todas las razones relevantes y no únicamente las que darían sustento a la propia posición. Se trata de evitar el fanatismo. Para simplificar: tanto la vida como la autonomía son valores importantes para nosotros. Ninguno de ellos puede estar ausente en el discurso de nuestros legisladores. En cada caso, lo que tienen que explicar es o bien por qué uno de esos valores no es aplicable al problema o bien por qué debe preferirse a uno sobre otro.

El cuarto y último punto se refiere a la manera en que se expondrá y manejará la información que proviene de ámbitos específicos del conocimiento, como la medicina o la biología. Los legisladores deben recordar que las conclusiones que provienen de tales disciplinas sólo proporcionan un punto de partida para el debate político. Por ejemplo, sabemos que un embrión posee un material genético propio, distinto al de sus progenitores, y también que carece de cerebro y sistema nervioso. ¿Cuáles de estos rasgos son relevantes, o más relevantes, para definir qué tratamiento jurídico le proporcionaremos al embrión? La respuesta no la proporcionarán los embriólogos sino el propio debate democrático.

Los momentos en que una sociedad debate sobre cuestiones como la interrupción voluntaria del embarazo configuran grandes ejercicios de política democrática. Tenemos la capacidad y, sobre todo, el deber, de llevar adelante el mejor debate posible a través de una discusión que sea ejemplar. El aprendizaje que comenzó en 1983 se renueva constantemente. Somos escultores puliendo permanentemente una piedra para darle forma a esta estatua inacabada que es nuestro país. Aprovechemos la oportunidad para sacarle el mayor provecho posible a ese proceso de aprendizaje.

El autor es presidente de la Asociación Civil de Estudios Constitucionales (ACEC) y autor de Republicanismo e interrupción voluntaria del embarazo: una visión laica de la política (Palestra Editores, 2020).



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