¿Sólo en el cine se hace Justicia?

Instituto Próvolo
Instituto Próvolo

Como miembro de la Asociación Civil Usina de Justicia que defiende los derechos de las víctimas de homicidios y femicidios, madre y abuela de seis niños, y además, médica que durante décadas intenté aliviar el dolor y honrar el juramento hipocrático, solo puedo pronunciar: ¡basta! 

¿Cómo es posible que la (In)¿Justicia, una vez más, libere, en este caso a dos sacerdotes y un profesor que, en el marco del Instituto Próvolo, les estropearon la vida a varios niños que, además de su corta edad, eran minusválidos, sordos o hipoacúsicos, aprovechándose de una escasa protección de sus familias?

¿Acaso esos niños hoy adultos no padecieron y aún hoy no padecen las secuelas psíquicas de esas aberraciones? Nada de estos sufrimientos conmueven a los jueces de casación de la sala 3 de La Plata, Víctor Violini y Ricardo Borinsky, quienes mediante un Habeas corpus absolvieron a los culpables de sus crímenes. 

No hay ningún derecho humano invocado por los abogados de los victimarios que opaquen el dolor a la afrenta perpetrada a estas víctimas. Desde hace décadas sobrevuela sobre muchas instituciones de este tipo la sombra oscura de la pederastia y la violencia ejercida por los religiosos que los debían proteger. El mismo Papa Francisco ha tomado cartas en estos asuntos y se ha expedido en varias oportunidades. ¿Qué más se necesita? Cuando parecía que la (In)justicia intentaba reparar el daño provocado, estos jueces se burlan de las víctimas y de la ciudadanía toda. Víctor Violini ya es una celebridad que adquirió su fama como liberador serial, irresponsable, abriendo las cárceles en plena pandemia y liberando a 5000 condenados con la excusa del COVID-19, quienes reincidieron en la escalada del delito. Y el juez Ricardo Borinsky, quien omitió leer la Convención de los Derechos del niño, legitimó que esos seres ultrajados fueran nuevamente victimízados. 

Recomiendo que busquen en las plataformas de streaming la extraordinaria película Spotlight, ganadora del Óscar a mejor película. Cuenta la historia de un grupo de valientes periodistas que se animan a correr el velo del horror poniendo al descubierto a un ser humano miserable oculto tras la sotana de un poderoso sacerdote. Lucharon hasta llegar a enfrentar a la archidiócesis de Boston. Fue una gran tormenta, pero 80 víctimas pudieron recuperar el honor tras sus reclamos. 

¿Dónde está la cordura? ¿Dónde la presunta humanización de la Justicia? No es correcto que la violación, el abuso y el maltrato con el paso del tiempo prescriba. Si bien no son delitos comparables a los delitos de Lesa Humanidad, la gravedad de estas aberraciones son comparables por el interminable sufrimiento ocasionados a estos niños minusválidos y en estado de semiabandono, habiendo sido estos sacerdotes y un docente los responsables directos de su cuidado físico y mental.

Estos jueces una vez más han decepcionado no sólo a las víctimas, sino a toda una sociedad que necesita confiar en la Justicia justa, oportuna, expeditiva. En plantarse como hombres sabios que saben que sólo la reparación llega a través de un juicio limpio y un castigo contundente, basado en la en los hechos y no en chicanas que a la larga benefician a los delincuentes.

Dado que se trata de delitos cometidos por religiosos de los cuales dichos jueces se hicieron cómplices, esperemos que Dios de quien se dice está en todas partes, que Él y la Patria se los demande.

* La autora es médica y vicepresidenta de Usina de Justicia