El castigo al futuro es la materia prima de la desconfianza

El horno no está para bollos. Y sin embargo la “juvenilla” de la política sigue amasando conflictos

Alberto Fernández, quien transitó una década con encendida verba crítica contra las acciones peligrosas de CFK (AFP)
Alberto Fernández, quien transitó una década con encendida verba crítica contra las acciones peligrosas de CFK (AFP)

La totalidad de los argentinos necesitan que la presidencia mantenga el equilibrio, y también la apariencia de equilibrio, que es la única situación física desde la cual se puede demostrar que se ejerce el control que le asigna la democracia a quien se lo ha elegido para ejercer el Poder Ejecutivo, es decir, el liderazgo colectivo.

Ese equilibrio es imprescindible, sobre todo si se tiene en cuenta que el Frente de Todos expresa -en término de votos- una suerte de Curva de Gauss. Más simplemente, la acumulación de votos del FdT se puede simplificar en tres secciones: la primera, originaria, es de un aporte electoral que tal vez pasa del 25% del total; la segunda, en la que se aloja no menos del 50% de los votos, que es el núcleo fuerte desde el punto de vista de los votos; y la tercera, que es considerablemente menor al 25%, que es el grupo de los que se puede llamar “el de los colados”. En la enorme mayoría, el núcleo duro, está el origen del poder y es la memoria peronista.

Una memoria que encabezó Cristina Fernández de Kirchner. ¿Por qué? Se suman asociación de imágenes del pasado (candidata en lista del PJ, menemista en la primera hora), capacidad de liderazgo y verba que la acompaña (como decía Monseñor Justo Laguna, "Cristina es una chica que habla de corrido), millones de horas expuesta (para bien y para mal) -fama-, protagonismo en los medios de comunicación. Por todas esas razones es la que comanda la parte principal. Sin ella no se habría aglomerado la “memoria peronista”.

La que se define la sección “originaria” corresponde al electorado peronista de las tradiciones provinciales, que se habría sumado a CFK, pero lo hizo con más confianza gracias a la presencia de Alberto Fernández, quien transitó una década con encendida verba crítica contra las acciones peligrosas de CFK -“el vamos por todo, la 125, Nisman”-, garantizaba que esos arrebatos no habrían de repetirse. A esta sección le correspondió el manejo de la Casa Rosada y la Quinta de Olivos. No es todo pero pesa siempre y cuando haya allí ideas y fina voluntad. Hay que admitir que la pandemia distrae y cansa.

Nueva cultura del “entrismo progre” (es mejor “estar” que “ser”)

Al final, en el lugar de los “colados”, están las minorías activas y militantes, belicosas, de causas propias -siempre pequeñitas- que no forman parte de la cultura y de la historia peronista. El desiderátum de este poder es la norma de lenguaje inclusivo que ha merecido una gerencia en el BCRA mientras los dólares se hacen humo.

“Los colados” han aprendido que es mejor “estar” donde se reparte, que “ser” estando lejos del reparto. Es la nueva cultura del “entrismo progre” (es mejor “estar” que “ser”) que dispone de mucho espacio cultural por una larga historia de antiperonismo militante.

En este espacio vigoroso, característico de quienes sin los colados a las fiestas, se instalan y conectan con el cuerpo principal, aquellos que fueron parte de la guerrilla, la “Juventud Maravillosa” que ahora calza 70 y dispone de un muy buen pasar capitalista, lo que ha compensado generosamente antiguos sacrificios. Ellos no abandonaron la costumbre de “estar”, hasta con el Carlos Menem de las “relaciones carnales”. Recoleta para vivir, country de zona norte para el fin de semana y militancia nocturna de Palermo Hollywood.

La “Cámpora”, del mismo modo que lo hizo la Coordinadora con Alfonsín o los jóvenes de la UCD que acompañaron a Menem, se ubica en las tres secciones disponiendo de un sentido práctico extraordinario.

La “Cámpora”, del mismo modo que lo hizo la Coordinadora con Alfonsín o los jóvenes de la UCD que acompañaron a Menem, se ubica en las tres secciones del electorado del Frente de Todos: originaria, el núcleo fuerte y los "colados"
La “Cámpora”, del mismo modo que lo hizo la Coordinadora con Alfonsín o los jóvenes de la UCD que acompañaron a Menem, se ubica en las tres secciones del electorado del Frente de Todos: originaria, el núcleo fuerte y los "colados"

La pauta de ese sentido práctico es “definirse peronistas” enarbolando el nombre de Héctor J. Cámpora, a quién Perón eyectó de la presidencia no por su enorme lealtad o su extraordinaria capacidad, sino por todo lo contrario. Llamarse “La Cámpora” y decirse peronistas es un oxímoron que revela un gran sentido práctico: estar donde llueva sopa.

Esta ligera descripción de cómo se conformó el Frente “electoral” de Todos, contrasta con la conformación del gabinete de Fernández.

En el Poder Ejecutivo -fuera de la Rosada y de Olivos- las líneas primeras, segundas y terceras de la Administración, están penetradas por este último sector de “los colados” y con gran presencia de La Cámpora. La síntesis es que la estructura de decisión y ejecución del Ejecutivo no se compadece con el aporte electoral (¿gobernadores, intendentes, sindicatos?) Tal vez no en todos los Ministerios, no del todo en el área económica, no del todo en la Cancillería, no del todo en Salud.

La estructura de decisión y ejecución del Ejecutivo no se compadece con el aporte electoral (¿gobernadores, intendentes, sindicatos?)

Pero lo cierto es que la “juvenilla” de los colados (funcionarios que atizan el fuego en Río Negro con las tomas urbanas o rurales que acompañan a Juan Grabois o a sus aliados, en su irresponsable toma de una estancia formada o en la continuidad de Guernica, ausencia de reacción ante las tomas que se multiplican en todo el país, o las declaraciones de un “colado eterno” el hoy Embajador en la OEA, (UCR, Frepaso, Ari ¿qué más?) ) es un continuo amasado de bollos para ponerlos en un horno que no está para recibirlos.

Todas estas acciones y declaraciones de los “colados” protagonistas (NODIO) o las provocaciones legislativas del senador Oscar Parrilli -inolvidable por su defensa de la entrega de la soberanía energética materializada en la venta de YPF- tienden a desestabilizar el precario equilibrio presidencial. Justamente en esta crisis de pandemia, en la que al país no le va bien; y en esta crisis económica, en la que tampoco va camino a superarse; en una crisis social cuya contención le exige al propio Poder Ejecutivo un esfuerzo extraordinario.

Los “colados” también protagonizan en el Congreso. Carlos Heller tiene a su cargo la comisión más importante de la Cámara de Diputados. Más allá de sus méritos personales, hay que convenir que su potencia electoral difícilmente justifique tamaña distribución de poder legislativo. Y a su manera, algunas de sus acciones, también contribuye a “desestabilizar el equilibrio presidencial”.

En síntesis, los colados, “los miembros minoritarios” en términos electorales del FdT, tienen el protagonismo indiscutible en la generación de conflictos desequilibrantes. Pareciera que se han conjurado para erosionar la confianza en la capacidad del Presidente para mantener control en la navegación de tres crisis colosales, la sanitaria, la económica y la social, en las que nos va muy pero muy mal y la perdida de la confianza inhabilita la reacción.

Pareciera que se han conjurado para erosionar la confianza en la capacidad del Presidente para mantener control en la navegación de tres crisis colosales, la sanitaria, la económica y la social
Pareciera que se han conjurado para erosionar la confianza en la capacidad del Presidente para mantener control en la navegación de tres crisis colosales, la sanitaria, la económica y la social

Siendo minoritarios en lo electoral “los colados” trabajan en el copamiento del discurso y de las “cajas”. La última de la que se tiene noticia es el proyecto de entrega, todavía no concretada, de la conducción del Consejo Federal de Inversiones a un miembro de La Cámpora". Lo que hubiera sido un reconocimiento al aporte conceptual y político de los gobernadores compartiendo con ellos la designación, pareciera que tampoco se va a materializar.

El horno no está para bollos y llama la atención la capacidad para generar problemas “no económicos”, inventados, que minan la confianza en la capacidad del gobierno. La minan más las acciones de los aliados que las acciones de la oposición.

Llama la atención la capacidad para generar problemas “no económicos”, inventados, que minan la confianza

En todo caso la oposición o los críticos no contribuyen a forjar confianza porque -en definitiva- no aportan soluciones, sino que sostienen que “hay que” generarla y no proponen como conseguirla. Mientras que la realidad de la pandemia y de la economía achican la confianza, los aliados “colados” la minan todos los días con gestos de “juvenilla” y la oposición no propone nada concreto y por lo tanto no genera expectativas de confianza al futuro.

Confianza que cada día es más delgada y a la que el Gobierno claramente no le presta atención porque no reacciona ante los actos de demolición. No reacciona para abortar de cuajo esos embarazos no deseados que ya hemos señalado.

Nadie imagina que el Gobierno abogue por la desconfianza. Sin embargo, algunos de esos miembros, irrelevantes electoralmente, cada día le demuelen parte de los cimientos que la soportan.

Lo económico, por su parte, es un taladro que perfora lo que esta gestión ha podido acumular de confianza con el triunfo y con la inicial gestión de la pandemia. No mina la confianza de todos, pero sí la de los que más decisiones de impacto económico toman.

Lo económico, por su parte, es un taladro que perfora lo que esta gestión ha podido acumular de confianza con el triunfo y con la inicial gestión de la pandemia
Lo económico, por su parte, es un taladro que perfora lo que esta gestión ha podido acumular de confianza con el triunfo y con la inicial gestión de la pandemia

El taladro económico remonta a muchos años atrás, pero, en los días que corren, la perforación ha alcanzado mayor intensidad lo que se traduce en la magnitud de la brecha entre la cotización del dólar oficial y los mercados liberados. Lo que revela niveles de creciente desconfianza en la capacidad de solventar los pagos externos.

Detrás de esta debilidad está la fuga del excedente económico, un mal que se remonta a muchos años y que ha castigado por igual al futuro en los años de Cristina Kirchner y los de Mauricio Macri. El castigo al futuro es la materia prima de la desconfianza.

Hoy, el hecho nuevo, es lo “no económico” como agente que erosiona la confianza. A esos nos referimos cuando hablamos de los conflictos que genera la “juvenilla”. Son problemas que no se resuelven por decisiones de la cartera económica. Claro que todos los problemas tienen su costado económico.

El hecho nuevo, es lo “no económico” como agente que erosiona la confianza

Pero el abordaje de estos problemas se dispara desde otros ámbitos a pesar que, detrás de ellos -es probable- se amontonen cuestiones sociales que arrastran la necesidad de decisiones económicas.

Es sorprendente que el Presidente no reacciones en pos de custodiar la “confianza” ante esas rupturas tan sencillas de reparar; todas ellas alentadas por miembros y aliados del gobierno, como la toma de terrenos suburbanos; la ausencia policial, la morosidad de la justicia, el muro de silencio ante el reclamo de los más débiles y la ligereza en el trato de los poderosos, expresan el desleído de la confianza pública en lo que tiene que ver con la seguridad cotidiana y la presencia del Estado.

Las restauraciones económicas son muy difíciles. Pero serán imposibles de lograr si el Gobierno no restaura la normalidad de las reglas, el ABC de la confianza. No se puede permitir la justicia por mano propia, ni las reivindicaciones por mano propia, por justas que fueren. Muchas veces todas esas reacciones son consecuencia del desamparo de un Estado que no acompaña y que no da señales de real escucha.

Por eso hay que insistir en que la principal tarea del Presidente es la construcción de un piso de acumulación que sostenga la resolución de los enormes problemas, heredados y construidos. Toda oferta sólida debe ser considerada: de proposiciones se forman los caminos.

El autor fue subsecretario de Economía del ministro José Ber Gelbard y uno de los que redactó ese plan, además de escritor, autor del libro “Economía y política en el tercer gobierno de Perón”, y profesor en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA

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