La ineludible necesidad de gestar consensos económicos, más allá de la política

Las tensiones políticas suelen repercutir en la confianza y en la economía. Es tiempo de establecer acuerdos para recuperar el sendero hacia la estabilidad de precios y el crecimiento

El Presidente debiera reunir nuevamente a gobernadores y sumar a empresarios y sindicalistas para generar consensos económicos (NA)
El Presidente debiera reunir nuevamente a gobernadores y sumar a empresarios y sindicalistas para generar consensos económicos (NA)

Varios países han progresado económicamente mientras los gobiernos transitaban de crisis en crisis: Italia hace unas décadas; Israel más recientemente; y en la región Perú. El récord de decadencia a lo largo de las últimas 5 décadas y la profundidad de la recesión actual (19% cayó el PBI) exacerban la necesidad de articular consensos macroeconómicos básicos.

Sin estabilidad continuará el deterioro económico perjudicando a la coalición de gobierno, a la de oposición y -sobre todo- a la sociedad. La alternativa es mayor desintegración social, abandono del estado de derecho, inviabilidad del Estado, y emigración de capitales, empresas y recursos humanos.

El insólito aumento del índice de riesgo país tras haber reestructurado exitosamente la deuda soberana con acreedores privados tan solo un mes atrás y la elevada brecha del tipo de cambio libre en relación al dólar oficial (130%) -aún con un superávit comercial de USD 11.000 millones en enero-agosto- dan cuenta de la desconfianza en la moneda, la solvencia del Estado y las reglas de juego de la economía. Detrás del problema de credibilidad subyace la ausencia de un programa de convergencia fiscal, financiera y monetaria en un marco intervencionista con distorsiones económicas que desalientan la inversión y las exportaciones en particular.

La brecha cambiaria es el resultado conjunto: la emisión monetaria (ante la ausencia de un programa macroeconómico consistente para absorber los excesos provocados por el COVID-19); las retenciones a las exportaciones agropecuarias (que generan un sesgo anti-exportador); el congelamiento tarifario (que perjudica el balance comercial energético); la voracidad fiscal (que ahuyenta capitales); y los controles de capitales (que desvían la demanda hacia el mercado libre).

La brecha cambiaria induce a subfacturación de exportaciones, sobrefacturación importaciones, no liquidación de operaciones, compras especulativas de productos en el exterior e incertidumbre del costo de reposición de insumos

Pero a la vez, la brecha cambiaria induce a subfacturación de exportaciones, sobrefacturación importaciones, no liquidación de operaciones, compras especulativas de productos en el exterior e incertidumbre del costo de reposición de insumos. Esto último impacta negativamente sobre la oferta de bienes alimentando la inflación, inclusive en los sectores que no requieren insumos foráneos importados debido al impacto en las expectativas de inflación de una probable devaluación.

El remedio puede ser peor que la enfermedad

Atacar el síntoma (la brecha) a través de una devaluación del peso sin atacar la enfermedad (los desequilibrios fiscales y monetarios) crearía nuevos problemas agudizando el proceso inflacionario y de redistribución regresiva del ingreso. De ahí que las necesarias modificaciones al régimen cambiario deban ser el complemento de un programa de convergencia fiscal compatible con la estabilización de la deuda, la estabilidad de precios y el rebalanceo de precios relativos del sector transable.

El equilibrio económico impone que el balance presupuestario vaya acompañado de un tipo de cambio más competitivo, sustituyendo demanda del sector público por mayor demanda (interna y externa) de bienes producidos domésticamente. El impacto negativo inicial de un tipo de cambio más depreciado sobre el poder adquisitivo se compensa con creces por los efectos positivos sobre empleo, producción y productividad.

La credibilidad de los programas económicos -en el mejor de los casos- se construye gradualmente. Mientras ello ocurra resulta prudente mantener un mercado de cambios dual en que todas las transacciones financieras sean canalizadas a través del financiero libre dándole más liquidez, transparencia y accesibilidad.

El equilibrio económico impone que el balance presupuestario vaya acompañado de un tipo de cambio más competitivo, sustituyendo demanda del sector público por mayor demanda (interna y externa) de bienes producidos domésticamente

El programa de convergencia hacia el equilibrio presupuestario y estabilidad macroeconómica es también un requisito para el desarrollo del crédito doméstico; éste tiene un enorme potencial multiplicador de la reactivación y del crecimiento económico. Eso requiere determinación política para exigir sacrificios en áreas como jubilaciones, sueldos estatales y subsidios; también requiere firmeza en la erradicación de instancias de corrupción y regímenes sectoriales con privilegios tributarios.

La gradual corrección tarifaria -en el marco de una tarifa social- es necesaria tanto para reducir el costo fiscal de los subsidios como para restablecer los incentivos a la producción de energía. Con la pobreza rondando más del 40% de la población no es posible desatender las demandas sociales; pero deben concebirse como un mecanismo de emergencia que no se perpetúe instaurando desincentivos institucionales al trabajo.

La gradual corrección tarifaria -en el marco de una tarifa social- es necesaria tanto para reducir el costo fiscal de los subsidios como para restablecer los incentivos a la producción de energía (DYN)
La gradual corrección tarifaria -en el marco de una tarifa social- es necesaria tanto para reducir el costo fiscal de los subsidios como para restablecer los incentivos a la producción de energía (DYN)

La mejora en la eficiencia del gasto y la inversión pública son tan imperativos como la reforma tributaria para alivianar la presión regulatoria e impositiva del sector privado, incuestionablemente el principal actor en el proceso de creación de riqueza y crecimiento económico.

Singular presión tributaria

Las elevadas alícuotas impositivas y el alto número de impuestos generan un costo prohibitivo para la mayor parte de las empresas, lo que da cuenta de la elevada informalidad laboral y empresaria.

La reforma tributaria debe simultáneamente reducir el número de impuestos, ampliar la base de imposición y reducir las alícuotas incentivando el empleo, la equidad y la formalidad

La reforma tributaria debe simultáneamente reducir el número de impuestos, ampliar la base de imposición y reducir las alícuotas incentivando el empleo, la equidad y la formalidad. Los gravámenes distorsivos como al Cheque y a los Ingresos Brutos deben dar lugar a otros más eficientes que restituyan incentivos a la inversión (ajuste por inflación de Ganancias) y que no discriminen contra las pyme (menos integradas verticalmente).

La Comisión de Presupuesto aprobó tratar suba de impuestos en 2021
La Comisión de Presupuesto aprobó tratar suba de impuestos en 2021

El programa presupuestario requiere cuantificar metas e instrumentos, responsables en la ejecución, y un sistema de auditoría de gestión sin el cual no es posible recuperar la credibilidad.

La asistencia del FMI en el diseño y sobre todo en la auditoría del programa es crítica para alcanzar dicha meta. Un nuevo programa con el organismo de crédito internacional despejaría la incertidumbre sobre los próximos vencimientos, facilitaría el acceso a líneas contingentes de COVID-19 de otros organismos multilaterales de crédito, y podría facilitar el desarrollo de una agenda de reformas conducentes al mejor funcionamiento de los mercados laboral, financiero, de bienes y servicios. Avances en los tratamientos y eventualmente la vacuna contra el virus.

La asistencia del FMI en el diseño y sobre todo en la auditoría del programa es crítica para alcanzar dicha meta. Un nuevo programa con el organismo de crédito internacional despejaría la incertidumbre sobre los próximos vencimientos

El verdadero desafío es el compromiso de la sociedad, las corporaciones, los sindicatos, los partidos políticos y el Gobierno para reducir los desequilibrios presupuestarios y mejorar la eficiencia de la economía a lo largo de una trayectoria plurianual que trascienda el ciclo político de los gobiernos.

La alternativa sería la persistencia de la estanflación, crisis cambiarias y de deuda, la decadencia crónica, y la informalidad y pauperización creciente de la sociedad. Como mínimo, los moderados de tanto el Gobierno como la oposición (que definen elecciones) deberían enarbolar este compromiso. Idealmente estos consensos básicos deberían emanar de la sociedad amplia, por ejemplo, a partir de asambleas deliberativas que exijan su adopción a los gobiernos de turno.

El autor es Doctor en Economía Oxford, ex Economista Lider Banco Mundial, ex Gerente BCRA. Empresario

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