Cuando domina la irracionalidad

Repasando las principales variables macroeconómicas se desprende que no debería existir inconveniente alguno en sostener el ritmo de deslizamiento del tipo de cambio oficial, que apunta a sostener la competitividad y contener la inercia inflacionaria

"¿Puede marcar la agenda económica de un país un mercado, como el CCL, que mueve diariamente un volumen cercano a los 30 millones de dólares, y resulta manipulado por sofisticados agentes financieros?", se pregunta el autor (REUTERS/Rick Wilking)
"¿Puede marcar la agenda económica de un país un mercado, como el CCL, que mueve diariamente un volumen cercano a los 30 millones de dólares, y resulta manipulado por sofisticados agentes financieros?", se pregunta el autor (REUTERS/Rick Wilking)

Un dólar a 200 pesos representa una burbuja muy riesgosa.

Una burbuja es un fenómeno que se produce en los mercados, en buena parte debido a la especulación, que se caracteriza por una subida anormal, incontrolada y prolongada del precio de un activo o producto, de forma que dicho precio se aleja cada vez más del valor real o intrínseco del producto. Esto ha ocurrido muchas veces a lo largo de la historia. En el Siglo XVII ocurrió la Crisis de los Tulipanes, una especulación montada sobre el bulbo de tulipán, cuyo precio alcanzó niveles desorbitados, para luego desmoronarse. Muchos ejemplos existieron a lo largo de la historia. La característica en la gestación de una burbuja radica en que es guiada por la expectativa que genera su comportamiento alcista ininterrumpido, proceso mediante el cual esta burbuja a medida que crece se va tornando cada vez más frágil, hasta que un viso de racionalidad derrumba ese valor irracional y lo alinea con la realidad. Esto es lo que está ocurriendo en la Argentina con el precio del dólar en sus versiones alternativas.

El valor del dólar, uno de los precios más relevantes para la economía, debe tener relación directa con el resto de las variables macroeconómicas. Si repasamos hoy los fundamentos macroeconómicos, nos encontramos con superávit comercial récord, un saldo acumulado de 11.562 millones de dólares en los primeros nueve meses del año. Para encontrar un registro similar hay que remontarse al año 2012. Las Reservas Internacionales del BCRA ascienden a USD 40.000 millones, y en su composición, exceptuando los USD 12.000 millones de encajes que respaldan depósitos en dólares, el resto es convertible a dólares con mayor o menor grado de liquidez. Incluso el swap con el Banco Central de China, que representa cerca de la mitad de las Reservas Brutas. Se encuentran presentes regulaciones sobre los movimientos de capitales especulativos, que evitan corridas cambiarias del tipo de las que vivimos en los últimos dos años del gobierno de Macri. El resultado fiscal presenta una meta lógica de déficit fiscal, considerando la necesidad de seguir conteniendo el impacto de la pandemia sobre la actividad económica y, sobre todo, sobre los sectores sociales más vulnerables. La forma de financiamiento de este nivel de déficit resulta sostenible, aun entendiendo que la herencia del gobierno anterior nos alejó de cualquier posibilidad de acudir a los mercados de deuda, como hacen el resto de los países del mundo. La exitosa reestructuración de la insostenible deuda heredada despejó el horizonte de vencimientos por los próximos cuatro años. Repasando las principales variables macroeconómicas se desprende que no debería existir inconveniente alguno en sostener el ritmo de deslizamiento del tipo de cambio oficial, que apunta a sostener la competitividad y contener la inercia inflacionaria, con el objetivo de ir reduciéndola gradualmente.

Si repasamos hoy los fundamentos macroeconómicos, nos encontramos con superávit comercial récord, un saldo acumulado de 11.562 millones de dólares en los primeros nueve meses del año

Sin embargo, en las últimas semanas se logró instalar una fuerte expectativa devaluatoria, fundamentada en la proyección extrema de los comportamientos de algunas variables. Hay sectores que suelen jugar mucho con la lógica del extremo para fundamentar sus fallidos, pero intencionados conceptos. Por ejemplo, cuando se discute la veracidad de la teoría monetaria, suele recurrirse a la idea de, ¿si emitieras infinita cantidad de moneda tendrías inflación?, a lo que se desprende la respuesta obvia: sí. Entonces concluyen, la emisión monetaria, siempre, en cualquier momento y en cualquier medida, genera inflación. Aquí, el recurso del extremo funciona bajo el siguiente razonamiento: si la pandemia persiste, la actividad no logra recuperarse, no se genera empleo, no se recupera la recaudación, el Estado tiene la necesidad de seguir sosteniendo los programas especialmente diseñados, y todo este déficit creciente sólo se financia con emisión monetaria, a la vez que la dinámica de generación de dólares se resiente, entonces, ¿cuánto valdría el peso al final del camino? La respuesta lógica sería, nada. Entonces, la conclusión resulta en que el peso no vale nada hoy, y la recomendación, correr hacia el dólar en cualquiera de sus alternativas y a cualquier precio.

Martín Guzmán, ministro de Economía
Martín Guzmán, ministro de Economía

Al haber logrado, con éxito por el momento, instalar una fuerte expectativa devaluatoria, los diferentes agentes llevan adelante comportamientos, racionales desde lo individual, y justificados por esa expectativa generada, pero que conducen a la profecía autocumplida. Esto es, los principales exportadores no liquidan sus exportaciones, los importadores adelantan compras o sobrefacturan, las grandes empresas adelantan pagos o generan deudas con sus casas matrices. De esta forma, las fuerzas que operan sobre el mercado cambiario restringiendo la oferta y estimulando la demanda, requieren de la intervención de la autoridad monetaria en el mercado cambiario para compensar este diferencial por el lado de la oferta y defender el precio de la moneda, sosteniéndola en el sendero pretendido. Esto hace que, aún en un inédito contexto de superávit comercial, las Reservas Internacionales del BCRA sigan cayendo. Esta caída, a su vez, retroalimenta la expectativa devaluatoria, y nos conduce así a una especie de noveno círculo de Dante.

La preocupación por estos días se focaliza en la brecha cambiaria. Experiencias de nuestra convulsionada historia económica reflejan que, cuando tuvimos episodios de brechas cambiarias por encima del 100% los fundamentales macroeconómicos se encontraban fuertemente resentidos. Estas distorsiones económicas solían mezclarse con escenarios de fuerte conflictividad política. En todos los casos, la resolución vino de la mano de algún programa de asistencia con el FMI, o en situaciones de crisis que golpearon muy fuertemente.

Deberíamos encontrar rápidamente el camino del diálogo, la cultura del encuentro que plantea el Papa Francisco, y avanzar hacia un modelo de país productivo

En la actualidad no existe el sustento del deterioro de las variables macroeconómicas en la foto, sino que lo que ocurre es que se exagera el final de la película, de manera tal que es la mecánica de spoiler la que busca manipular ese final, con el objetivo de que ocurra. Final del cual todos seremos víctimas. Complejo mecanismo autodestructivo.

La dinámica de la película hoy indica que la actividad económica se recupera, la recaudación acompaña esa recuperación, habiendo mostrado ya variaciones interanuales positivas, y la política económica busca sostener esta recuperación con estabilidad fiscal, direccionando el gasto estratégicamente hacia sectores con fuerte efecto multiplicador y creadores de empleo. Saliendo de la crisis provocada por la pandemia y los cuatro años de deterioro del gobierno anterior, ¿no resultaría más atractivo que los agentes económicos apostaran a lo productivo? ¿Puede marcar la agenda económica de un país un mercado, como el CCL, que mueve diariamente un volumen cercano a los 30 millones de dólares, y resulta manipulado por sofisticados agentes financieros?

Al haber logrado, con éxito por el momento, instalar una fuerte expectativa devaluatoria, los diferentes agentes llevan adelante comportamientos, racionales desde lo individual, y justificados por esa expectativa generada, pero que conducen a la profecía autocumplida

La búsqueda de rentabilidad especulativa de corto plazo nos destruye como sociedad, nos transforma en víctima y victimarios. Ningún análisis macroeconómico serio puede dar sustento hoy a un valor del dólar cercano ya a los 200 pesos. Sólo lo explica el pánico. Cuando este domina, la racionalidad queda de lado. Como toda burbuja, aumenta su fragilidad mientras crece. Cualquier señal o acción que ordene este descalabro injustificado puede acomodar muy rápidamente un precio tan irracional. La conflictividad política y los intereses de ciertos sectores juegan un rol clave en esta situación.

Como sociedad, deberíamos encontrar rápidamente el camino del diálogo, la cultura del encuentro que plantea el Papa Francisco, y avanzar hacia un modelo de país productivo. Caso contrario, seguiremos condenados a los vaivenes eternos, con deterioro constante. La construcción es entre todos, interpretando la importancia de cada acción individual, y siendo conscientes de los intereses que operan detrás de la construcción de determinados escenarios.

El autor es economista

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