Se actúa más en administrar la grieta que en la superación, sin medir los riesgos

Nadie puede proyectar linealmente éste presente como razonable: estancamiento o declinación económica y progresión acelerada de la pobreza, suman el colmo de la irracionalidad. No es un horizonte vivible

Las relaciones de “la política” se han convertido en la tarea de administración de la grieta. No en la de transformación o superación.
Los “jefes” o los que pretenden serlo, o los que actúan como tales, verbalizan la grieta en cada gesto, en cada palabra (Reuters)
Las relaciones de “la política” se han convertido en la tarea de administración de la grieta. No en la de transformación o superación. Los “jefes” o los que pretenden serlo, o los que actúan como tales, verbalizan la grieta en cada gesto, en cada palabra (Reuters)

Aquí y ahora, en este pandemonio, por ejemplo, las relaciones de “la política” se han convertido en la tarea de administración de la grieta. No en la de transformación o superación. Los “jefes” o los que pretenden serlo, o los que actúan como tales, verbalizan la grieta en cada gesto, en cada palabra.

Administrar la grieta, en la práctica, es alimentarla cada día, desde un lado y del otro del límite que divide a la población. Tal vez cuidando que la cosa no llegue a mayores, dando cierta marcha atrás, porque no es difícil estimar el costo para cada uno del desmadre que la intensidad de la grieta promete.

Hay que tratar de hacer conciencia de los riesgos. No se respira ni una gota de grandeza en los que protagonizan la grieta. Son sus gestos los que definen la estatura de la calidad de las personas. Que pequeños resultan casi todos a los ojos de la gente sencilla que dependen cada día de sus decisiones.

Hay que tratar de hacer conciencia de los riesgos. No se respira ni una gota de grandeza en los que protagonizan la grieta

De la misma manera, desde un lado y desde el otro, la atroz economía que condena al sufrimiento de la pobreza y a la cancelación de proyectos de vida a la mitad de los argentinos y a angustias inimaginables a la inmensa mayoría, no encuentra rumbo.

De un lado la sordera vocacional de los que conducen y del otro, el grito poco responsable y poco sólido, de los que disputan el torneo verbal desde la oposición.

De un lado la sordera vocacional de los que conducen y del otro, el grito poco responsable y poco sólido, de los que disputan el torneo verbal desde la oposición
De un lado la sordera vocacional de los que conducen y del otro, el grito poco responsable y poco sólido, de los que disputan el torneo verbal desde la oposición

Los opositores enfatizan la falta de explicitación por parte del oficialismo de un “plan”, “programa” o “rumbo” y tienen razón. Pero, al mismo tiempo, no ofrecen ahora, no importa que no lo hayan hecho antes, nada que se parezca a un “plan”, “programa” o “rumbo”. ¿Qué sentido tiene entonces la demanda de quien no puede ofrecer lo que está reclamando?

Más o menos moneda

Hay un ejemplo tan patético como cotidiano. El oficialismo, en ausencia de alternativas, se ve obligado a financiar las transferencias sociales y el gasto destinado a la pandemia, que se suman a la estructura básica de gasto público, con emisión monetaria. Ricardo Arriazu, un economista ortodoxo, desde el primer día sostuvo que evitar la crisis social y la quiebra de las empresas, en estas condiciones, implicaba emitir. No es bueno. Pero no hacerlo sería peor.

La oposición, que convalida -cómo no hacerlo- lo inevitable de las transferencias sociales, de los gastos de la pandemia-cuarentena y la inviabilidad social de reducir drásticamente el gasto público, sin embargo y sin criterio, exige contener la emisión monetaria y en contrapartida no ofrece un método alternativo ¿acaso lo hay?

En estas condiciones, el intercambio de discurso de los oponentes, envueltos en palabras huecas, está empujando a la historia argentina a un permanente “cul de sac”: es decir manejarse avanzando a una pared que lleva a retornar al problema anterior.

Apena el interminable desfile de los economistas que transitan los medios de mayor audiencia apelando la exigencia de “una política coherente en materia fiscal y monetaria”. Obvio que es necesario. Pero nunca alcanzan a verbalizar una sola propuesta consistente; y tan pimpantes cierran la boca sin aclarar que lo que sugieren con mirada de “yo lo sé”, pero no pronuncian, tendría consecuencias que hacen que los malos remedios, incompletos, sean siempre peores que la enfermedad.

Apena el interminable desfile de los economistas que transitan los medios de mayor audiencia apelando la exigencia de “una política coherente en materia fiscal y monetaria”. Obvio que es necesario. Pero nunca alcanzan a verbalizar una sola propuesta consistente (EFE)
Apena el interminable desfile de los economistas que transitan los medios de mayor audiencia apelando la exigencia de “una política coherente en materia fiscal y monetaria”. Obvio que es necesario. Pero nunca alcanzan a verbalizar una sola propuesta consistente (EFE)

Todos esos procesos, del mayor populismo imaginable, el populismo del “deme dos” mientras la producción nacional desaparecía, terminaron con una economía en peor estado que la que recibieron. Y los que participaron en los períodos gestados entre los períodos “populistas de la deuda externa” tampoco dieron lugar a otra cosa. No buscaron y por cierto no encontraron el camino necesario que nunca se encuentra por casualidad. Cada cual en su medida, desde 1975, ha aportado a este proceso decadente.

¿Cómo se rompe esa barrera del eterno retorno?

Romper esa barrera, aquí y ahora, puede ser la utopía necesaria para navegar hacia el progreso político. Sin progreso en las relaciones políticas, que es la vía al consenso, es inconcebible cualquier otro progreso.

Sin progreso en las relaciones políticas, que es la vía al consenso, es inconcebible cualquier otro progreso

El puente para traspasar el muro de silencio que están construyendo los monólogos crispados, es -ineludiblemente la palabra-. El verbo es el principio de todas las cosas. De la destrucción y de la construcción. Las palabras de construcción son más difíciles. Las pronuncian los más generosos. Son palabras de cimientos. Que van en profundidad para sostener la construcción de las alturas.

Gustavo Beliz, secretario de Asuntos Estratégicos, un hombre de confianza estrecha del Presidente de la Nación, ha lanzado un puente para sobrepasar esa barrera. Dijo: “No hay opción estratégica en un país polarizado por el odio”. Y agregó: “Es imposible consolidar una prudencia y una sabiduría estratégica de la Argentina para vincularse con el mundo exterior si no somos capaces de desarrollar una prudencia, una sabiduría estratégica entre nosotros como hermanos”.

Gustavo Beliz, secretario de Asuntos Estratégicos, dijo: “No hay opción estratégica en un país polarizado por el odio” (EFE)
Gustavo Beliz, secretario de Asuntos Estratégicos, dijo: “No hay opción estratégica en un país polarizado por el odio” (EFE)

Esas palabras, pronunciadas en el CARI (Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales) y en la presencia digital de argentinos que se han ocupado de cuestiones internacionales, fueron un mensaje hacia ambas direcciones. Hacia “afuera” señalando que hay una voz abierta a la escucha. Y hacia “adentro” llamando a una actitud civilizada.

Lamentablemente son pocos los funcionarios del Poder Ejecutivo y pocas las voces de las mayorías legislativas del oficialismo que se puedan asociar a ese mensaje de Beliz que hay que valorar. No sólo por quién lo pronuncia sino por la proximidad con el corazón del poder. Es una señal. Sin señales el extravío es más probable.

Sin embargo, qué pena, en las mismas horas el ministro de Defensa -para citar a uno de los más encumbrados funcionarios- tuvo expresiones que sólo pueden ser inspiradas por una profunda vocación de explotar la grieta. Llamó a los manifestantes del 12 de octubre “Cobardes y canallas”. Agustín Rossi, ministro de la Nación, llamó a los manifestantes "pusilánimes, sin valor ni espíritu para afrontar situaciones peligrosas o arriesgadas. Y para aclarar aún más los llamó “gente baja, ruin, personas despreciables y de malos procederes”. Es que eso dice la RAE que significa “cobarde y canalla”.

¿Y del otro lado? La incapacidad de silencio de Mauricio Macri, la insólita disposición a poner la culpa de su fracaso en la cabeza de sus colaboradores; la incapacidad manifiesta de asumir la responsabilidad indiscutible de su ineptitud para el cargo es lo que llevó a la difícil situación que heredó este gobierno. Pero no es menos cierto que la gestión del PRO recibió, en términos sociales, una pobreza de más de 30% de la población, reservas negativas de libre disponibilidad en el Banco Central, un déficit fiscal abultado, un importante atraso cambiario y una economía en recesión. No sólo no resolvió los problemas heredados, sino que les agregó una colosal deuda externa exigible en el corto plazo que antes no había. Todo se agravó.

No es menos cierto que esta gestión, antes de la pandemia, nada había dicho y hecho como para abrir un horizonte, por escaso que fuera, y que la cuarentena terminó por estrecharlo de manera, ayer no más, inimaginable.

Esta gestión, antes de la pandemia, nada había dicho y hecho como para abrir un horizonte, por escaso que fuera, y que la cuarentena terminó por estrecharlo de manera, ayer no más

Repito lo que dijo Beliz: “No hay opción estratégica en un país polarizado por el odio”. Está señalando que “hay que soplar con ideas de altura, esa tormenta del viento del Paraíso, que nos arrastra hacia el futuro”, como dice Walter Benjamín.

Ahora, sólo falta a desarmar las palabras de odio, para construir consenso que no es otra cosa que sentir en común, convocar. Lo más importante es tener el coraje de convocar: hoy es el acto más valiente que se puede imaginar.

El autor fue subsecretario de Economía del ministro José Ber Gelbard y uno de los que redactó ese plan, además de escritor, autor del libro “Economía y política en el tercer gobierno de Perón”, y profesor en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA

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