Francisco dice que todos podemos hablar con Dios

Los salmos son inspiración divina en el Rey David y otros, para enseñar a cada hombre y a cada mujer cómo alabarle, darle gracias, suplicarle, cómo invocarle en la alegría y en el dolor

Pope Francis waves during his weekly general audience in the Paul VI hall at the Vatican on October 14, 2020. (Photo by Alberto PIZZOLI / AFP)
Pope Francis waves during his weekly general audience in the Paul VI hall at the Vatican on October 14, 2020. (Photo by Alberto PIZZOLI / AFP)

“Los Salmos, experiencia del diálogo con Dios”

En la audiencia del último miércoles, 14 de octubre, el Papa Francisco nos dice que todos “podemos hablar con Dios”; que “en la Biblia encontramos oraciones de distinto tipo… (y) …también un libro compuesto sólo de oraciones, libro que se ha convertido en patria, lugar de entrenamiento y casa de innumerables orantes” -sigue diciendo Francisco, y agrega: "Se trata del Libro de los Salmos. Forma parte de los libros sapienciales, porque comunica el saber en el cual encontramos todos los sentimientos humanos: las alegrías, los dolores, las dudas, las esperanzas, las amarguras que colorean nuestra vida…” A lo que agregamos nosotros: nuestros fracasos, nuestro no ser pudiendo haber sido, preámbulo del sentido que no obstante tiene la existencia humana.

“Leyendo y releyendo los salmos -prosigue el Papa en su mensaje- nosotros aprendemos el lenguaje de la oración. Dios Padre, de hecho, con su Espíritu los ha inspirado en el corazón del rey David y de otros, para enseñar a cada hombre y a cada mujer cómo alabarle, darle gracias, suplicarle, cómo invocarle en la alegría y en el dolor, cómo contar las maravillas de sus obras y de su Ley. En síntesis, los salmos son la palabra de Dios que nosotros humanos usamos para hablar con Él”.

“Nosotros” dice el Papa -es decir desde nuestro ser con el otro -descubrimos -en la oración -nuestra finitud y al mismo tiempo nuestra trascendencia y fundamento.

Recordemos que el Libro de los Salmos se origina en los cantos y las imploraciones del pueblo israelita -a veces en forma individual, a veces grupal -compuestos a lo largo de siglos para dialogar con su Dios.

“Escucha, Señor, mi justa demanda,

atiende a mi clamor;

presta oído a mi plegaria,

porque en mis labios no hay falsedad.

Tú me harás justicia,

porque tus ojos ven lo que es recto”

(del Salmo 17).

El ser humano es “tierra que anda”

El padre Carlos M. Otero comentando las invocaciones de los salmos los relaciona con la sabiduría popular y universal que nos llega en los versos de Atahualpa Yupanqui quien pone el acento en la relación del hombre y la naturaleza. Al extremo que, recogiendo la sentencia quechua, describe al hombre como “tierra que anda”. Y, como el Rey David, en sus cantares dialoga con esas tres relaciones fundamentales re-ligadas. Y dice Otero a ese respecto que “estamos llamados a rastrear sus huellas (del Señor) en la Naturaleza y a intentar descubrir su Nombre en el rostro de los hermanos.” y nos propone “prestar atención a esos verdaderos signos y testimonios que acerca de Él ellos puedan darnos”. Sin que “esto nos exima (sino al contrario, agregamos) de emprender nosotros mismos ese camino personal que pone de manera decisiva nuestro pequeño yo ante el inconmensurable Tú de Dios…” (Caminos de la noche, p. 187, Ed. Lumen).

Dijo el Papa: los Salmos brotan de la vida, de la existencia

En los Salmos -precisó Francisco el miércoles -"escuchamos las voces de orantes de carne y hueso, cuya vida, como la de todos, está plagada de problemas, de fatigas, de incertidumbres. El salmista no responde de forma radical a este sufrimiento: sabe que pertenece a la vida. Sin embargo, en los salmos el sufrimiento se transforma en pregunta: “¿Hasta cuándo?” Como cuando hoy nos preguntamos hasta cuándo la pandemia, o hasta cuándo los argentinos viviremos enfrentados?

“Cada dolor reclama una liberación, cada lágrima pide un consuelo, cada herida espera una curación, cada calumnia una sentencia absolutoria.”

“Planteando continuamente preguntas de este tipo, los salmos nos enseñan a no volvernos adictos al dolor, y nos recuerdan que la vida no es salvada si no es sanada. La existencia del hombre es un soplo, su historia es fugaz, pero el orante sabe que es valioso a los ojos de Dios, por eso tiene sentido gritar”.

La oración, en sí misma, es camino de salvación, dijo Francisco

Es por ello, que la oración de Los Salmos, subrayó el Santo Padre, es el testimonio de este grito: un grito múltiple, porque en la vida el dolor asume mil formas, y toma el nombre de enfermedad, odio, guerra, persecución, desconfianza… Hasta el “escándalo” supremo, el de la muerte. La oración, ya en sí misma, es camino de salvación e inicio de salvación… si todas las puertas humanas estuvieran cerradas, la puerta de Dios está abierta. Si incluso todo el mundo hubiera emitido un veredicto de condena, en Dios hay salvación".

“El Señor escucha”: a veces en la oración basta saber esto. No siempre los problemas se resuelven. Quien reza no es un iluso: sabe que muchas cuestiones de la vida de aquí abajo se quedan sin resolver, sin salida; el sufrimiento nos acompañará y, superada la batalla, habrá otras que nos esperan. Pero, si somos escuchados, todo se vuelve más soportable. “Lo peor que puede suceder – concluyó el Papa – es sufrir en el abandono, sin ser recordados. De esto nos salva la oración. Porque puede suceder, y también a menudo, que no entendamos los diseños de Dios. Pero nuestros gritos no se estancan aquí abajo: suben hasta Él, que tiene corazón de Padre, y que llora Él mismo por cada hijo e hija que sufre y muere …” .

El hombre y la mujer en busca de Dios

Y por eso el ser humano desde siempre busca y vive con ese sentimiento universal que afirma Atahualpa de “el creer en Dios o el andarlo buscando” según cita el Padre C. Otero (op. cit. pag. 199) quien también nos recuerda estos versos:

“Yo me quedo muy tranquilo.

¿Para qué me he de apurar…?

Si el que lo busca por fuera

a Dios no lo va a encontrar.”

“Mi corazón es un pozo

y allí me pongo a rezar

cosas que los dos sabemos,

y que ignoran los demás.”

…………………………

“Dios me entiende, y yo lo entiendo.

Nos hablamos…sin hablar.”

(A.Yupanqui, “Dios me entiende”)

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