Los tres mensajes

Hay conceptos que, según el Rabino Daniel Hartman, resumen el mensaje central de la Torá

Torá
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La vida nos regala instantes de alegría. Momentos en los que el corazón se siente más ancho y el alma en plenitud. Tiempos breves pero únicos en los que la sonrisa en el rostro es genuina y no para la foto. A veces ocurren cada tanto y otras tantas estamos tan ocupados en cosas tan urgentes y poco relevantes, que se nos escapan. También fijamos días de fiesta y celebración para alegrarnos por etapas de pasaje, o recuerdos importantes de algún ayer común. Y de no estar determinados por el calendario intentamos planificar o generar esos momentos de alegría, si es que no se nos presentan como una sorpresa inesperada.

La Torá fija una larga lista de fiestas que evocan diferentes historias y proponen múltiples rituales, encuentros familiares o comunitarios y comidas típicas, para regalarnos instantes de alegría. Sin embargo, hay una de ellas poco conocida, que vivimos este último fin de semana, llamada Shemini Atzeret que sale de toda lógica. Shemini Atzeret no solo no recuerda ningún acontecimiento, sino que carece de todo tipo de ritual. No hay comidas especiales, ni símbolos que la identifiquen, ni reuniones familiares agendadas. Nada. Como si nos propusieran estar alegres por algo, sólo por el hecho de alegrarnos. La alegría no como consecuencia de algo que nos pasa en la vida, sino como causa y motor para vivir.

En la tradición judía, en cada día Shabat se lee una porción de la Torá (llamada “Parashá”, que ha sido la guía de temáticas para esta columna), por lo que en el ciclo de un año se completa la lectura de todo el Pentateuco, el Libro Sagrado. Hace algo más de 1000 años, los sabios fijaron que Shemini Atzeret fuera el día en que se finalizara con el Ciclo Anual de Lectura de la Torá y se reiniciara el mismo día su lectura. Este día fue denominado también como “Simjat Torá”, la “Alegría de la Torá” (sólo que en la diáspora, por otras cuestiones, se festeja al día siguiente). Ese día se sacan los Rollos de la Torá del Arca y se baila con y abrazados a ellos, envueltos en un sentimiento de profunda celebración y música.

Shemini Atzeret – Simjat Torá, llama a hacer de la alegría una causa y de la Torá un fin, para un nuevo comienzo. En este espíritu de cierre del ciclo de estudio de los textos bíblicos, que como dije anteriormente fueron los trabajados en esta nota de cada domingo, quisiera hacer propios los tres conceptos que según el Rabino Daniel Hartman resumen el mensaje central de la Torá. Cabe agregar desde lo personal, que el hecho de que estos tres mensajes sean la base del Libro Sagrado me llena de alegría.

El primero es el de Hilel, el gran Sabio del primer Siglo, quien resumió la Torá entera en la siguiente declaración: “Lo que no te gusta que te hagan, no hagas a los demás. Eso es todo lo que dice la Torá. El resto es comentario. Ahora ve y estudia” (Tratado de Shabat 31a). El primer punto es saber que la esencia de la Torá es la de vivir una vida ética. Que la fe, los rituales, las costumbres y tradiciones son parte del carácter del ser judío, pero que nuestro compromiso con todo ello se basa en saber que no tienen autoridad alguna para contradecir o socavar lo que se requiere para una vida moral. Si acaso alguna de sus leyes estuviera en contraposición con lo que entendemos como una conducta ética, dejarían de ser Torá.

El segundo es la declaración rabínica: “Éstas y éstas son palabras del Dios viviente” (Tratado de Eruvin 13b). Implica reconocer que las palabras de la Torá carecen de una verdad única, o de una sola interpretación que se asuma como monolítica. Que la palabra divina expresada en la Torá no solo tiene diversas posibilidades interpretativas, sino que en sí mismas representan múltiples significados. El Libro de Ley Judía más conocido y famoso data del Siglo XVI y se lo conoce como Shuljan Aruj, que significa “La Mesa Servida”. La Torá no se asemeja a un solo plato con el mismo sabor para satisfacer la necesidad de cada comensal. Sino a una mesa con abundantes sabores, bandejas y colores de múltiples ideas, diversas prácticas y variadas concepciones para diferentes almas y búsquedas espirituales. El texto desde los milenios habla en mi idioma, y hace sonreír a la vez a otros en su propio lenguaje, siendo todos la Voz del Dios viviente.

El tercer concepto es el que abrazan los sabios del Talmud al citar al mismo Moisés: “La Torá no está en los cielos” (Tratado Bava Metzia 59b). La Torá pudo haber sido originada en los cielos, pero ya no está allí. No fue entregada apenas para ser leída y seguida, sino para ser reinterpretada y desarrollada. No es eterna por el hecho de que su autoría sea divina, sino por ser una fuente continua para renovadas ideas, búsquedas y sentidos. Inspiración de todos aquellos que descubren en su mensaje, una visión para la construcción de un modelo de sociedad y un ejemplo de ser humano.

Amigos queridos. Amigos todos.

La alegría aparece en esos instantes de espíritu en los que nos sorprende el tiempo, o en los que decidimos celebrar la existencia. Pero también puede ser una forma de vivir la elección de cada día. Alegrarnos por algo es hermoso, pero alegrarnos para algo es una decisión. El desafío espiritual del momento, quizá sea hacer de cada decisión un sociedad más ética, un mundo más inclusivo y plural, y una búsqueda constante de desarrollo del espíritu.

El autor es rabino de la Comunidad Amijai, y Presidente de la Asamblea Rabínica Latinoamericana del Movimiento Masorti.


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