Cómo frenar la fuga hacia el dólar

Sin un mensaje contundente a la sociedad de que se abandona el modelo populista, “la paz cambiaria” no será alcanzada

REUTERS/Enrique Marcarián
REUTERS/Enrique Marcarián

En el plano económico la Argentina está jaqueada por dos grandes dificultades. Una, que requiere soluciones de urgencia y con implicancias inmediatas: la fuga del peso hacia el dólar. La otra, también fundamental aunque sus consecuencias impacten en el mediano plazo: el bajo nivel actual de inversión, cuya tasa ronda el 9% y no cubre el deterioro del stock de capital de la sociedad argentina. En consecuencia, se degrada la estructura pública y privada, rutas, edificios, infraestructura de servicios, fábricas….

Se mencionan muchas causas para estos males: desde el elevado nivel de emisión monetaria para paliar los efectos de la pandemia hasta la falta de unidad o coordinación de los distintos centros de decisión económica, pasando por la inexistencia de un plan de estabilización macroeconómica o la ausencia de un rumbo.

Todas estas razones pueden tener su cuota de validez, pero a diferencia de lo que muchos sostienen -que no hay rumbo- considero que sí, hay un rumbo, y de dirección clara. Lo que sucede es que, para frenar la huida del peso es necesario tomar un rumbo opuesto al que se ha venido transitando. Ello implica dejar sin efecto de manera inmediata los proyectos de reforma de la Justicia, del impuesto a la riqueza y de considerar servicios públicos a las prestaciones de telefonía, televisión por cable y sucedáneos, y presentar un programa fiscal, de emisión monetaria y cambiaria acorde a las circunstancias.

Si estos cambios se produjeran, la sociedad se percataría de que el gobierno abandonó el camino que conduce a Venezuela y que no habría más razones para huir desesperadamente del país o para tratar de preservar a cualquier costo los activos que se quiere evitar que queden prisioneros y sean carcomidos por un modelo populista.

Un viraje de esta naturaleza, con los actuales niveles de la divisa comercial y aun con los desequilibrios acumulados en estos meses de pandemia y cuarentena -a condición que se encamine a subsanarlos-, debería ser suficiente para estabilizar transitoriamente la moneda argentina. Pero sin un mensaje contundente a la sociedad de ese tenor, “la paz cambiaria” no debería ser nunca alcanzada, como tampoco sucedió en Venezuela (y sin suponer que Argentina pueda llegar al grado de deterioro de ese país). Han logrado asustar a la sociedad en todos los niveles, y para erradicar ese miedo se requiere un esfuerzo magno en la dirección opuesta. Sucede que en otras épocas, las iniciativas que tomó el gobierno, como Vicentín, impuestos, justicia, etcétera, hubieran provocado desazón en sectores del establishment, pero hoy está a la vista de todos el modelo venezolano y el testimonio de las decenas de miles de venezolanos que se refugiaron en nuestro país buscando un trabajo para sobrellevar una vida digna, muchos de los cuales, por haber visto esta película están planeando abandonar la Argentina.

Hoy gran parte de la sociedad -incluida la clase media- está alertada acerca de lo que puede venir y corre a protegerse en el dólar.

De nada servirán en este contexto los parches o las distintas parafernalias que puedan montarse (unidad de los sectores políticos, apoyos empresarios) mientras el telón de fondo sea el que han logrado instaurar con todas esas medidas y políticas de corte populista.

Ahora bien, aunque éste sería el primer paso para frenar la hemorragia cambiaria, la primera y más urgente de las dificultades de hoy, no sería suficiente para estimular y elevar la alicaída tasa de inversión del 9%. Aunque no sea suficiente para crecer, la tasa de inversión de equilibrio -para sostener el mantenimiento de los bienes de una sociedad- suele estar entre el 14 y el 15%. Para crecer a los niveles que necesita la Argentina para ir reduciendo estos lacerantes niveles de pobreza, es necesario que la inversión crezca muy por encima de esos guarismos, para lo cual se requerirían ajustes severos en la estructura impositiva del país, como, por citar un solo punto, la eliminación del IVA a la compra de bienes de capital orientados a la inversión, amén de otras reformas y estímulos.

La crisis se ha venido expandiendo a pasos acelerados y el gobierno apuesta a que no afecte a su clientela natural, los sectores más pobres de la sociedad, a fin de seguir contando con su fidelidad electoral. Al otorgar paliativos que agravan el cuadro fiscal, se pretende apagar el fuego con gasolina, siendo que el impacto más severo de una crisis descontrolada lo padecen siempre los sectores de menos recursos.

Ojalá que quienes conducen nuestros destinos tengan la lucidez de interpretar correctamente la realidad y actuar en consonancia.

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