Asesinos de empresas

Ya no solo se aleja la posibilidad de que empresas extranjeras piensen en venir a nuestro país, también se incrementa el riesgo de que muchas cierren o decidan mover sus operaciones a países vecinos donde el ecosistema de negocios parece más favorable

En Argentina, 98 de cada 100 empresas son micro, pequeñas y medianas
En Argentina, 98 de cada 100 empresas son micro, pequeñas y medianas

A la hora de dar discusión o plantear problemas es muy importante hacerlo con datos objetivos y de fuentes creíbles; si es posible, oficiales. Esta columna plantea una durísima realidad del ecosistema empresario que, de no superarse, puede complicar aún más lo difícil de la situación actual.

Partiré desde una pregunta básica y fundamental: ¿existe un país posible sin empresas privadas? Si la respuesta es “no” tengo una mala noticia: en argentina cada vez tenemos menos.

Según datos oficiales del ministerio de la producción y la AFIP, en 2007 existían 566.321 empresas empleadoras (contratan más de una persona). El pico de empresas se alcanzó en 2013 con 613.587 y desde ahí empezó una profunda caída y déficit entre creación y cierre. La última información difundida, por el entonces ministerio de Producción, es de 2018 con 609.393. AFIP difundió un dato hace unas semanas donde refería la cantidad de empresas empleadoras y el número era de aproximadamente 524.000. O sea, casi 80 mil menos que en 2018. Solo en 2020 se estima una caída de 30 mil empresas producto de la cuarentena.

Argentina tiene hoy, en promedio 1 empresa pyme cada 2.700 habitantes. En Chile esa cifra ronda las 150; y en Brasil, más de 300

Otro dato difícil de digerir es el que se refiera a empresas exportadoras. Según el ministerio de la Producción, en 2018, (último dato oficial) había un total de 9.509 empresas exportadoras. Ese número es un récord pero por lo bajo ya que es inferior a las 9.600 de 1994 (fecha en la que comienza el análisis). Argentina supo llegar a 15.075 empresas en 2006 para empezar una pendiente negativa sin descanso. El dato en 2020 podría ser aún peor.

Argentina se transformó en los últimos años en una suerte de asesino serial de empresas. No tan es difícil imaginar el por qué. Algunas causas:

- Presión tributaria de las más altas del mundo.

- Extremada burocracia que genera sobre costos para poder cumplir con todos los requerimientos estatales.

- Leyes laborales que incrementan los costos y generan muchas pérdidas por accionar de gremios.

- Mercado interno deteriorado y poca apertura para ingresar en mercados internacionales.

- Poco acceso al crédito para realizar inversiones y capital de trabajo.

- Imposibilidad de construir escenarios de mediano y largo plazo.

Hoy es mucho más fácil emprender en cualquier lugar del mundo que en el país. Los que tienen el gen emprendedor prefieren desarrollarlo en ambientes más amigables y donde la proyección es más estable

Lo peor de todo es que lejos estamos de tocar fondo. Las nuevas medidas no hacen más que alejarnos de la posibilidad de revertir esta tendencia. El Gobierno prioriza acciones que incrementan el gasto y desalientan la inversión.

Ya no solo se aleja la posibilidad de que empresas extranjeras piensen en venir a nuestro país, también se incrementa el riesgo de que muchas cierren o decidan mover sus operaciones a países vecinos donde el ecosistema de negocios parece más favorable.

Por otro lado, se está destruyendo el gen emprendedor que era uno de los orgullos argentinos. Argentina tiene hoy, en promedio 1 empresa pyme cada 2.700 habitantes. En Chile esa cifra ronda las 150; y en Brasil, más de 300. Nos volvimos sumamente hostiles para que emprendedores decidan apostar por un desarrollo propio.

Hoy es mucho más fácil emprender en cualquier lugar del mundo que en el país. Los que tienen ese gen prefieren desarrollarlo en ambientes más amigables y donde la proyección es más estable.

Si Argentina no emprende una verdadera revolución emprendedora será muy difícil que podamos salir del círculo vicioso de endeudamiento, emisión, subsidios e inestabilidad cambiaria.

Los gobiernos dicen querer ayudar a los más chicos y desprotegidos, pero a la hora de definir temas importantes sólo llaman a los grandes y dejan a los chicos a la buena de dios

El principal problema es ideológico. Muchos de los políticos que deciden el futuro de la nación tienen la idea de que la empresa privada siempre puede sobrevivir, que son intereses inescrupulosos y que no es necesario apoyarlos. Algo que claramente va en contra de la mayoría de los países que lograron crecer en los últimos años. Muchos de ellos vecinos a los que duplicábamos o triplicábamos en PBI hace no tantos años. Ahora nos igualan o superan.

Los gobiernos dicen querer ayudar a los más chicos y desprotegidos, siempre criticando a los grandes grupos económicos, pero a la hora de definir temas importantes para todos solo llaman a los grandes y dejan a los chicos a la buena de dios.

Para los que creen que las grandes empresas son las que importan, vale la pena recordar que en Argentina, 98 de cada 100 empresas son micro, pequeñas y medianas, y que de ese total el 85% tienen menos de 20 empleados. Somos un país de pequeñas empresas, basta de mentiras. Necesitamos que los lideres dejen de hablar mal del empresario o a lo sumo les pongan nombre y apellido a lo que consideran el problema.

Las cámaras empresarias se han vuelto grupos de autoayuda sin aportes concretos para mejorar el entramado empresarial.

Sin una verdadera revolución emprendedora será muy difícil que podamos salir del circulo vicioso de endeudamiento, emisión, subsidios e inestabilidad cambiaria

Los gremios ven al empresario como un recurso para financiar sus estructuras corruptas e ineficientes, utilizando extorsiones que esconden bajo la excusa de ayudar a los trabajadores.

La AFIP asume un papel de policía, sin entender que deberían ayudar a potenciar las empresas, ayudando a las que pagan sus impuestos y atacando la informalidad. Parecen hacer todo lo contrario.

Un país sin empresas es un país sin recursos y con empleos de baja calidad. No fomentar la empresa es como matar a todas las gallinas, pero seguir pretendiendo desayunos con huevos revueltos.

Como decía el Chapulín Colorado, “¿Y ahora quien podrá ayudarnos?”. Claramente ni el Estado ni las instituciones lo van a hacer. Deberemos seguir apostando a héroes anónimos que aún en los peores de los ambientes deciden invertir y mantener sus negocios, en muchos casos vendiendo o hipotecando lo poco que tienen.

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