Por qué la compra de dólares se constituyó en refugio para la supervivencia

Los argentinos han desarrollado habilidades, costumbres y vicios producto de las experiencias “exitosas” de un pasado que vuelve cíclicamente. El dinero es una de las herramientas para facilitar y proyectar su vida

Probablemente para los millennials sea difícil imaginar que hace apenas 20 años un peso equivalía a un dólar y quizás menos crean cuando les cuenten que esa paridad se dio durante 10 años (Reuters)
Probablemente para los millennials sea difícil imaginar que hace apenas 20 años un peso equivalía a un dólar y quizás menos crean cuando les cuenten que esa paridad se dio durante 10 años (Reuters)

El dinero, además de servir como común denominador de los bienes y servicios que se ofrecen en la economía, hace de batería que acumula energía cuando se postergan consumos, de eso se trata el ahorro. Baterías que guardan energía para utilizarse en un momento futuro, que en ocasiones, pueden servir para que otros interesados las usen para generar más energía, compartiendo parte de esa nueva generación con quien ofreció la propia y así sucesivamente. Ese ciclo se llama inversión.

Es decir que alguien que invierte en definitiva apuesta a que el esfuerzo, producto de su presente postergación, le permita adquirir más bienes y servicios en el futuro. Pero si existe una batería que carece de la posibilidad de acumular energía en el tiempo, habría que consumirla rápidamente, pues cuanto más se tarda en aplicarla menos se tiene. La experiencia, consejera del instinto de supervivencia, indicaría que no es conveniente guardar para mañana lo que se puede consumir hoy, pues la pérdida permanente de ese poder de compra hace que cada día que pasa menos se podrá adquirir.

Esta situación produce algunos fenómenos. Principalmente que quien no encuentra una forma mejor de proteger su capacidad de compra a futuro no lo postergue, en consecuencia lo gaste, desalentando al ahorro. Para el caso de quienes decidan seguir postergando consumos, la alternativa que les queda es buscar “otras baterías o medios de acumulación de energía” que les permitan conservar y si es posible aumentar, como consecuencia del esfuerzo que representa diferir sus compras.

El mundo desarrollado ha entendido estas circunstancias y gran parte de sus instituciones, leyes y regulaciones se orientan en este sentido, brindar al ahorrista las condiciones ideales para que asigne sus consumos postergados al desarrollo de las actividades económicas con la expectativa de mejorar su poder adquisitivo futuro.

Cuando se habla de condiciones ideales existe una que prevalece por sobre todas que es la confianza. Sin confianza no hay inversión, ni ahorro y en ocasiones tampoco hay dinero

Cuando se habla de condiciones ideales existe una que prevalece por sobre todas que es la confianza. Sin confianza no hay inversión, ni ahorro y en ocasiones tampoco hay dinero.

De más estaría recordar la pérdida de poder adquisitivo que ha sufrido el peso argentino durante los últimos 70 años, poniendo en evidencia la falta de una política de estado sostenible y sostenida en el tiempo.

Todos los caminos conducen al dólar

Parafraseando al refrán romano que refería a que toda la red de caminos del imperio conducían a su capital Roma, en la Argentina la historia, el modelo fiscal, los instrumentos para el ahorro y la política monetaria conducen al dólar.

Probablemente para los millennials sea difícil imaginar que hace apenas 20 años un peso equivalía a un dólar y quizás menos crean cuando les cuenten que esa paridad se dio durante 10 años. ¿Cómo explicar que la moneda nacional valga menos de un céntimo de lo que valía, sin haber pasado por catástrofes climáticas, bélicas o guerras civiles?. Aquí algunas de las explicaciones:

El sistema tributario protege al ahorrista en dólares y castiga al que guarda pesos. Por ejemplo, si una persona invierte sus ahorros en pesos en un plazo fijo, difícilmente pueda mantener el poder adquisitivo de su dinero en el tiempo, pues desde hace bastante tiempo las tasas de interés ofrecidas son reales negativas, es decir menores a la inflación, que es la manera en la que se miden las variaciones de los precios en las cosas que se pueden comprar. Si además se considera que los intereses a plazo fijo se encuentran alcanzados por el Impuesto a las Ganancias la pérdida real del poder de compra es mayor. Ahorrar en pesos tiene una doble carga impositiva; Ganancias y la inflación.

Si una persona invierte sus ahorros en pesos en un plazo fijo, difícilmente pueda mantener el poder adquisitivo de su dinero en el tiempo, pues desde hace bastante tiempo las tasas de interés ofrecidas son reales negativas

Si se imagina un ahorrista que está dispuesto a correr más riesgo invirtiendo su dinero en préstamos a empresas o personas físicas a tasas de interés mayores a las que ofrece una entidad bancaria. En ese caso el Impuesto a las Ganancias es del 35% para personas físicas y 30% para empresas, es decir que para, solamente conservar las posibilidades de compra del ahorro, un inversor debería colocar como mínimo su dinero a una tasa de interés al menos un 40% mayor a la tasa de inflación, si esta fuera del 40%, el préstamo debería ser al menos a una tasa del 56% anual. Pocos negocios permiten afrontar estos costos financieros, con lo cual el riesgo de incobrabilidad es importante, pero al sistema tributario esto no le importa.

Si un deudor dejara de pagar su deuda, el acreedor debería computar los intereses no percibidos como resultado positivo y pagar el Impuesto a la Ganancia que no tuvo. Solo frente a una acción legal podría cambiar de categoría el crédito y luego de haber transcurrido un ejercicio desde el incumplimiento, mientras tanto deberá agregar a su pérdida el pago del impuesto a una ganancia que no tuvo y quizás nunca tenga. Y todo esto, solo para poder mantener el poder adquisitivo de sus pesos ahorrados.

En cambio, si un ahorrista adquiere dólares y simplemente los guarda en una caja, algo que sería un sacrilegio para la economía de cualquier país, pues esa energía acumulada en forma de dinero sale del sistema productivo, la revalorización que tenga esa moneda no está alcanzada por ningún impuesto, pues el resultado por tenencia en personas físicas no está alcanzado por Ganancias.

El mercado argentino ofrece pocas alternativas de inversión, entre ellas están, los títulos públicos, nacionales y provinciales, acciones de empresas que cotizan en la Bolsa de Comercio (Reuters)
El mercado argentino ofrece pocas alternativas de inversión, entre ellas están, los títulos públicos, nacionales y provinciales, acciones de empresas que cotizan en la Bolsa de Comercio (Reuters)

Acceso al mercado de capitales. El mercado argentino ofrece pocas alternativas de inversión, entre ellas están, los títulos públicos, nacionales y provinciales, acciones de empresas que cotizan en la Bolsa de Comercio y préstamos o bonos de empresas que también cotizan en el mercado de valores. Todo ese menú es de difícil acceso para la mayoría de los ahorristas de menores importes y los costos fijos por transacción limitan la posibilidad de obtener una renta digna, pues la volatilidad y la inmadurez del mercado excluye a la gente común, preservando este ámbito a especuladores y avezados inversores. Algunos expertos en el mercado local han concluido que “para salir con una pequeña fortuna de la Bolsa es necesario haber entrado con una gran fortuna”.

Ni hablar de los títulos públicos. Argentina se ha dado el lujo de incumplir los pagos de todo tipo de deuda, incluso la emitida en moneda nacional. Si, en esos pesos que se emiten diariamente para afrontar el déficit fiscal primario pero no para honrar los compromisos con los ahorristas, al menos en moneda local.

La Argentina se ha dado el lujo de incumplir los pagos de todo tipo de deuda, incluso la emitida en moneda nacional

Las experiencias de inversores de todo el mundo con respecto a la deuda externa soberana han sido pésimas. En nueve oportunidades Argentina incumplido sus compromisos de pago y refinanció la deuda generando grandes pérdidas a los inversores que suscribieron títulos a la par con el objetivo de conservarlos a largo plazo. En cambio, fue caldo de cultivo para especuladores y fondos de distress, como se denominan a los que apuestan a corto plazo comprando deuda en momentos de incertidumbre a muy bajo precio.

Finanzas internacionales. El mundo ofrece infinidad de instrumentos financieros para atraer a inversores de todos lados para que dejen su energía en sus localidades. Las justicias de los países protegen al inversor y al ahorro, entendiendo que ambos son los promotores del crecimiento y el desarrollo de personas, empresas y naciones.

En el mundo desarrollado existe una orquesta sinfónica de instrumentos financieros esperando a los inversores para seducir con sus colocaciones, en cambio en Argentina se los espera sentados, ofreciendo simplemente charango y bombo.

El mundo ofrece infinidad de instrumentos financieros para atraer a inversores de todos lados para que dejen su energía en sus localidades. Las justicias de los países protegen al inversor y al ahorro (Reuters)
El mundo ofrece infinidad de instrumentos financieros para atraer a inversores de todos lados para que dejen su energía en sus localidades. Las justicias de los países protegen al inversor y al ahorro (Reuters)

Si a los pésimos antecedentes que existen en la memoria de los argentinos con respecto a la pérdida de valor de sus pesos, se agrega una política fiscal que no promueve el ahorro en pesos, y la ausencia de propuestas de colocación de pesos en el mercado local, sin dudas el dólar es el camino, ya no por voluntad o deseo sino por necesidad.

Esto no sirve ni servirá para el país. Son muy pocos los que pueden atesorar dólares y en consecuencia muchos los que quedan al desamparo de los pesos decadentes.

Consecuencias de una moneda débil

Por otro lado, los controles de precios, de cambios y el desdoblamiento cambiario lejos de resolver el embudo hacia el dólar lo potencia, generando oportunidades extremadamente rentables a quienes puedan arbitrar entre un mercado y el otro. Estas políticas alientan el atesoramiento y desalienta la liquidación de divisas. Quienes tengan dólares para vender prefieren endeudarse en pesos y dejar la moneda dura en reserva. Por el contrario, quienes tienen posiciones en pesos buscan salir rápidamente.

El problema no está en el dólar, sino en el peso. La debilidad del peso es la debilidad de la Nación. El peso es una parte de la soberanía.

El autor es director en Fundación Iberoamericana de Telemedicina. Esta es una síntesis de la columna publicada en el blog Fin.Gurú

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