Salir de la decadencia en la que se está exige un plan de largo plazo y ese no es posible sin un consenso político, económico y social

Sin hoja de ruta, igual se hace camino. ¿La continuidad de esa estrategia depende del éxito o fracaso del Plan Cristina?

El gobierno del presidente Alberto Fernández y su vice, Cristina Fernández de Kirchner,  debió administrar el suceso imprevisto del COVID-19 encorsetado a la cuarentena sucesiva en el tiempo y expandida en el espacio. Un corsé que fiscalmente es y será asfixiante. No deja recursos libres (EFE)
El gobierno del presidente Alberto Fernández y su vice, Cristina Fernández de Kirchner, debió administrar el suceso imprevisto del COVID-19 encorsetado a la cuarentena sucesiva en el tiempo y expandida en el espacio. Un corsé que fiscalmente es y será asfixiante. No deja recursos libres (EFE)

Una de las tareas del Presidente es proveer al plan de Cristina Fernández de Kirchner. Y además atender las cuentas externas heredadas, la deuda con los privados hoy exitosamente resuelta; y la deuda con el FMI que absorberá todo este año y un trimestre del próximo. En ese marco, -no sería demasiado diferente sin pandemia- debió administrar el suceso imprevisto del COVID-19 encorsetado a la cuarentena sucesiva en el tiempo y expandida en el espacio. Un corsé que fiscalmente es y será asfixiante. No deja recursos libres.

Es comprensible que en esas cuatro presiones (Plan Cristina, Default, FMI, pandemia) la energía se agote. Y se aspire a cargar los pulmones luego de un nuevo acto electoral que reafirme que Alberto Fernández es “el elegido” por el Frente y el electorado.

Por ahora, en estos diez meses, lo confirmado es que Alberto Fernández fue elegido por Cristina, pero “el Frente” no le ha delegado la decisión y el poder: las contradicciones de gabinete lo evidencian. Desde un principio la lucha por el control de la energía ha neutralizado la capacidad de decisión política en esa área esencial. Que no sea el candidato de todos lo mutila. En esas condiciones, es comprensible, que haya elegido el “plan llegar” y ahí es donde se está. ¿Podría haber sido de otra manera? Lo que no cabe duda es que salir de la decadencia en la que se está obviamente exige un plan de largo plazo y ese no es posible sin un consenso político, económico y social. ¿Ese compatible con el Plan Cristina? ¿El plan llegar lo permite?

Es comprensible, que haya elegido el “plan llegar” y ahí es donde se está

Si hay doble conforme electoral, las de medio término, ¿se podrá esperar el Plan de Alberto? Y si eso no ocurre, si pierde, ¿se podrá imaginar la búsqueda del que será el imprescindible acuerdo? El tiempo pasa.

Primer paso cumplido

El cruce del tormentoso río de la realidad obligó a construir el puente de la salida del default. Se construyó exitosamente. Pero desgraciadamente no se verificó el necesario despeje de la bruma para cosechar sus beneficios.

¿Qué falló? Se extendió la pandemia y con eso la cuarentena. Y ahora hay que construir es el puente de cruce del FMI. Temblaron los pilares y las reservas del Banco Central se filtraron por agujeros no cerrados y por desprolijidades sorprendentes de la política amateur. La bruma no tiene como causa sólo la pandemia. El tejido de mensajes contradictorios del pasado que vuelven, sumado a los mensajes contradictorios del presente y lo que es peor los mensajes contradictorios del futuro, tejen una maraña difícil de desentrañar. No poder desentrañar es la bruma.

Los puentes que esperan ser cruzados

Algunos ejemplos del presente. Uno. Mientras se mostraban los planos del puente del Presupuesto 2021 se montó un puentecito fiscal de emergencia llamado “impuesto a los ricos”.

Mientras duren estos debates fiscales, esperan para cruzar a un mejor estadio el 40%/45% de la población en la pobreza y una legión que se suma cada día mientras la pandemia no deja de castigar. Como dice el Papa Francisco "estamos en una sociedad que transforma la pobreza en exclusión, en los “desperdicios” de la obra de Z. Baumann. Esto es la consecuencia de la negación que desde hace décadas excluye a gran parte de la sociedad de participar de la distribución primaria creando valor y los va sosteniendo con el reparto fiscal, con su mil caras, que -en definitiva- les va cancelando el valor de ser personas de hace décadas. Y lo que es peor, se consideran gobiernos progresistas y sensibles, y lo celebran. Gobernar es crear trabajo ¿o no? La antropología del pueblo tihuanacota nos lo enseña.

Hay una negación desde hace décadas que excluye a gran parte de la sociedad de participar de la distribución primaria creando valor y los va sosteniendo con el reparto fiscal, con su mil caras

Próximos a esa población sufriente, gran parte de los sectores medios espera algún puente sólido que garantice el cruce antes que la tormenta que sienten se avecina los arrase. En agosto, según Isonomía, el 55% de las personas imaginaban un futuro igual o peor que el presente.

Mientras se espera la buena nueva, los funcionarios realizan declaraciones que luego contradicen con sus decisiones. No hay que juzgar las declaraciones sino las decisiones. Pero las declaraciones son “semillas”. Y es difícil que alguien vuelva a confiar en quien entrega una semilla falsa.

El ministro Martín Guzmán anunció que enviaría un plan por escrito. Nunca llegó. Su ausencia produjo una economía mucho más intranquila. Las decisiones sin plan previo son “por sorpresa”. Sembradas en un estado inicial de desconcierto, generan incertidumbre y desconfianza que obliga a dudar que las decisiones tomadas sean la cartelería que señala por dónde y a dónde se va. Siembran dudas, y quien transita por ese camino tiene una alta probabilidad de tropezar.

En política económica lo más importante son las consecuencias, entendiendo -por cierto- que a largo plazo “todos estaremos muertos”. Las consecuencias importantes son “las próximas”, no necesariamente las inmediatas. El horizonte es una percepción de pocos kilómetros, pero es la única que podemos tener en cuenta. Más lejos es el reino del deseo.

La falta de un horizonte

Toda política económica debe dibujar un horizonte, despejar la niebla que impide verlo. La de Alberto Fernández no lo ha logrado. Por eso los “éxitos” se agotan rápido. Y menos si los éxitos achican la mirada: una armaduría de motos chinas es mejor que nada, pero una cosa es el horizonte de “la macro”, la coyuntura; y otra el “estructural”, la política económica del desarrollo. Entre ambas hay tensiones y espacios de cooperación.

Los países llamados desarrollados -alto nivel de ingreso por habitante, estructura productiva diversificada, prestaciones públicas financiables con la tributación, etc.– tienen un enorme “espacio estructural” para administrar sus políticas de coyuntura
Los países llamados desarrollados -alto nivel de ingreso por habitante, estructura productiva diversificada, prestaciones públicas financiables con la tributación, etc.– tienen un enorme “espacio estructural” para administrar sus políticas de coyuntura

Los países llamados desarrollados -alto nivel de ingreso por habitante, estructura productiva diversificada, prestaciones públicas financiables con la tributación, etc.– tienen un enorme “espacio estructural” para administrar sus políticas de coyuntura. Las estructuras consolidadas hablan de fuertes consensos sociales básicos, como en muchas de las democracias occidentales. Tienen problemas de administración de la coyuntura, pero en un escenario institucional consolidado.

Los países subdesarrollados, más aún los pocos decadentes como la Argentina -declinante nivel de ingreso por habitante, pésimamente distribuido social y geográficamente, estructura productiva especializada y definida como primarizante en términos de exportación; y con una demanda de prestaciones públicas urgente e infinanciable con la tributación- le niegan “espacio estructural” a la administración de la coyuntura.

A la vez revelan el disenso, la falta de concordia, como consecuencia de la enorme distancia en las condiciones sociales y económicas a las que se aspira, fenómeno que amplía la grieta política.

Un ejemplo es la que crearon el dueto Heller-Kirchner impone los activos productivos solamente si son de titularidad argentina. Una discriminación que afecta -dada la igualdad de retorno- a los nacionales y a favor de los extranjeros. Pero además de esa estúpida inequidad reduce la base tributaria. Si el objetivo es “recaudatorio” es una estupidez porque obliga -dado el objetivo de una cierta recaudación -a aumentar las tasas tributarias a los nacionales al excluir a las empresas extranjeras. Un ejemplo de no analizar las consecuencias.

El dueto Heller-Kirchner impone los activos productivos solamente si son de titularidad argentina. Una discriminación que afecta -dada la igualdad de retorno- a los nacionales y a favor de los extranjeros. Pero además de esa estúpida inequidad reduce la base tributaria

Otro, el Banco Central y la AFIP han puesto en marcha un mecanismo tributario sobre el dólar ahorro, el cual al permitir descontar del Impuesto a las Ganancias y sobre los Bienes Personales, lo que se tribute en la compra de hasta USD 200 por mes, discrimina contra las personas que no tributan, porque deberán esperar hasta el inicio del año próximo para poder tramitar el recupero de ese anticipo.

Pero, además, entre las medidas propuestas por el BCRA, está reducir los giros de las empresas para el pago de deudas. O lo que es lo mismo, se salió de la cesación de pagos del Estado Nacional y se ingresa en el default obligado de las empresas con deuda con proveedores y entidades del resto del mundo, y afectó la calificación crediticia de todas las compañías argentinas por las evaluadoras de riesgo corporativo.

¿Hay plan? CFK tiene uno y lo está cumpliendo y Alberto Fernández tiene el “plan llegar” y trata de cumplirlo, pero cambiando según la urgencia, que siempre es tarde.

Y mientras tanto, si no se encara el desarrollo de las fuerzas productivas, el monstruo social de la exclusión librado a su suerte, puede bloquear cualquier camino. El Plan llegar, de tan poco ambicioso, se puede convertir en una quimera.

El autor fue subsecretario de Economía del ministro José Ber Gelbard y uno de los que redactó ese plan, además de escritor, autor del libro “Economía y política en el tercer gobierno de Perón”, y profesor en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA

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