Por qué hay empresarios y científicos que eligen irse de la Argentina

Tenemos entonces que generar las condiciones para que quienes estén pensando en emigrar opten por quedarse en su país

Aeropuerto internacional de Ezeiza (Gustavo Gavotti)
Aeropuerto internacional de Ezeiza (Gustavo Gavotti)

En las últimas semanas nos enteramos sobre la posible partida de algunas empresas extranjeras de la Argentina. Más grave aún, sin embargo, resulta la pérdida de capital humano que estamos sufriendo debido a los empresarios e investigadores (y argentinos en general) que están abandonando el país. ¿Qué implicancias tiene esto para nuestro futuro?

Comencemos por el daño causado a nuestro aparato productivo. Cuando los empresarios parten, debido a la incertidumbre y la falta de oportunidades, no solo se llevan consigo su capital económico sino también sus ganas y capacidad para crear nuevos emprendimientos o expandir los ya existentes. En definitiva, con su partida perdemos capacidad productiva y trabajos de calidad. Es por este motivo que en los últimos años países como Francia, España e Italia han implementado incentivos no sólo para evitar que sus empresarios emigren sino también para atraer emprendedores de otras naciones. Es más, Italia también ofrece incentivos para atraer investigadores.

Y de hecho retener a nuestros mejores científicos y académicos es otro de los desafíos que enfrentamos. Se calcula que en los últimos cinco años los investigadores del Conicet perdieron cerca de 50% de sus ingresos, que actualmente son los más bajos de los últimos 20 años. Y este es sólo un ejemplo de la falta de oportunidades que nuestra sociedad le ofrece a los investigadores jóvenes, algunos de los cuales ya dejaron la Argentina y hoy trabajan en centros de investigación del extranjero.

Sería sin embargo un error analizar las realidades del mundo empresario y científico por separado. Si bien puede costarnos encontrar una relación entre estos, esta relación existe y es cada vez más importante. Efectivamente, a empresarios y científicos les corresponde la tarea de aplicar el conocimiento científico a nuestro sistema productivo mediante la tecnología. Con el avance de la economía digital, son ellos los que podrán crear más y mejores empleos.

Los argentinos ya hemos visto cómo funciona este proceso. Gracias al trabajo conjunto de nuestros productores con el INTA, durante los 90 el campo argentino adoptó una serie de innovaciones, como es el caso de la siembra directa, que impulsó las exportaciones argentinas de soja y otros cultivos a niveles nunca vistos. El resultado fue mayor crecimiento económico y una mejora en la calidad de vida de millones de argentinos.

Pero además de los obvios motivos económicos, también existen razones políticas por los cuales necesitamos contar con empresarios e investigadores capaces de incorporar nuevas tecnologías. En una conversación que tuvimos unos días atrás Thomas Gomart, director del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), me mencionó los esfuerzos que los líderes europeos está haciendo para mantener la autonomía tecnológica de sus naciones. Según Gomart, si esto no ocurre Europa enfrenta la posibilidad de convertirse en un escenario más del enfrentamiento entre China y Estados Unidos. Pero este debate no sólo se da en Europa, sino en gran parte del mundo. Muchos países por ejemplo se enfrentan a la necesidad de optar entre el sistema de comunicación 5G que promueve Washington y el que ofrece Beijing, siendo esta una decisión que tendrá importantes consecuencias no sólo desde el punto de vista económico sino también de seguridad.

Por otra parte, Gomart señala que lucha contra el calentamiento global presenta otro tipo de retos y oportunidades, como es la necesidad de proteger el medio ambiente sin por ello perder productividad. Es aquí en donde se entrecruzan las agendas de la economía verde y la digital, ofreciendo grandes oportunidades para los países y las empresas que se adapten rápidamente al nuevo contexto.

En nuestro caso el desafío es aún mayor, porque la Argentina tiene una tasa de inversión en ciencia y tecnología relativamente baja, no sólo respecto a los países desarrollados sino también a vecinos como Brasil. Se vuelve por lo tanto indispensable establecer una nueva estrategia. ¿Pero cómo podremos empezar a navegar estos mares si no contamos con algunos de nuestros mejores empresarios y científicos porque dejaron el país?

En las últimas décadas no sólo el capital se ha vuelto móvil, también lo ha hecho el talento. Tenemos entonces que generar las condiciones para que empresarios e investigadores (y cualquier argentino que este pensando en emigrar) opten por quedarse en su país. Pero esto sólo ocurrirá si encuentran una sociedad que valora su trabajo y les ofrece reglas de juego claras y estables. Eventualmente la Argentina terminará superando la crisis que atraviesa, pero cuando eso ocurra para muchos de los que emigren ya será demasiado tarde. Al inicio mantendrán lazos con algunas instituciones argentinas, pero con el paso del tiempo terminarán dedicándole todas sus energías y talento a sus naciones adoptivas. El momento para actuar es por lo tanto ahora.

El autor es secretario general del CARI y global fellow del Wilson Center