El imprescindible diálogo por la educación en Latinoamérica

En este mes de la educación que celebramos en Argentina, vale la pena reflexionar sobre los principales desafíos que enfrenta la educación latinoamericana en tiempos de Covid-19

Imagen de archivo, una madre y su hija llegan a un colegio, el pasado 2 de marzo del 2020, durante el inicio de un nuevo ciclo escolar. EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo
Imagen de archivo, una madre y su hija llegan a un colegio, el pasado 2 de marzo del 2020, durante el inicio de un nuevo ciclo escolar. EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo

La transformación educativa, el regreso a las aulas y la equidad educativa son algunos de los temas sobre los que se debe actuar en la región.

El principal problema enfrentado desde el inicio de la pandemia, y el consecuente cierre de las escuelas, fue la baja conectividad para asegurar la continuidad educativa de los niños, niñas y jóvenes. En ese sentido, los ministros participantes del “Segundo Encuentro de Ministros de Educación de Latinoamérica”, que organizamos desde REDUCA junto al BID y al Ministerio de Educación de Ecuador, y del que participaron funcionarios de Argentina, Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay, remarcaron que el acceso debe ser entendido como un derecho, tanto de las escuelas como de los estudiantes y sus familias, y por ello los gobiernos comenzaron a abordarla como una política de Estado. Debe sumarse indefectiblemente, el acceso igualitario a dispositivos tecnológicos y la enseñanza para su uso y aprovechamiento, que permita seriamente evaluar la implementación de una pedagogía mixta en la que se combine estrategias presenciales y a distancia. Para eso, es indispensable una planificación y un marco normativo acorde, que permita transformar una educación remota en educación digital de calidad, pero sin dejar de reconocer a la escuela como un espacio físico imprescindible para enseñar y aprender.

Es de vital trascendencia, hoy visibilizado más que nunca, el vínculo entre el docente y el estudiante, su comunicación afectiva, y el reconocimiento a la tarea educativa como de alta complejidad y, por ende, la importancia de una buena remuneración y de una buena capacitación en prácticas pedagógicas innovadoras que, permita a todo docente, un desarrollo profesional satisfactorio.

Esto último pone de plano también la enorme necesidad de fortalecer alianzas entre los distintos actores de la comunidad educativa; entre el sector privado, la sociedad civil y el Estado. En síntesis, resulta urgente reconocer la corresponsabilidad para poder superar esta crisis y reformularla en una oportunidad de transformación, que la educación viene solicitando hace tiempo.

Ahora bien, el principal y más complejo desafío es dar respuesta a la pregunta que atraviesa todos los temas y que refleja una deuda de hace mucho tiempo: ¿cómo reducir las brechas de la educación en Latinoamérica, profundizadas a partir de la pandemia? Hay coincidencia más que nunca que debe recuperarse la inversión pública en educación y reforzarla en el regreso a las aulas, sumar recursos aprovechando los aprendizajes que llegaron para quedarse, fortalecer el aspecto socioemocional de la comunidad educativa, mantener la interacción continua con las familias, y fundamentalmente, generar estrategias personalizadas para recuperar a los casi 1,2 millones de niñas, niños y jóvenes que, según el BID, abandonaron sus estudios.

De estas acciones, y el compromiso en su cumplimiento, dependerá el futuro de nuestros países, porque hoy más que nunca la desigualdad regional se aborda con verdadera justicia educativa.

La autora es directora ejecutiva del “Proyecto Educar 2050”.


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